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sobre Villacid de Campos
Pequeña localidad con torreón medieval; destaca por su iglesia y la arquitectura de adobe
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En el corazón de Tierra de Campos, donde el horizonte se estira sin prisas y el viento mueve las mieses como si fueran olas, se encuentra Villacid de Campos. Este pequeño municipio vallisoletano de apenas 80 y pico habitantes conserva bastante bien la esencia de la Castilla de interior: casas bajas, calles tranquilas y esa sensación de que aquí las cosas se hacen despacio porque no hay mucha necesidad de correr.
Situado a unos 774 metros de altitud, Villacid de Campos no es un lugar que salga en folletos ni que se haya preparado para recibir turistas. Aquí no hay grandes monumentos ni rutas señalizadas por todas partes, pero sí un pueblo real, de los que aún huelen a leña en invierno y a rastrojo en verano, donde el tiempo se marca más por las labores del campo que por el reloj.
La localidad forma parte de ese extenso territorio cerealista que caracteriza Tierra de Campos, una comarca que durante siglos fue el granero de España y que hoy mantiene paisajes de una belleza sobria y contemplativa, sobre todo durante la época de la siega, cuando los campos dorados se convierten en un tablero inmenso de tonos ocres y amarillos.
Qué ver en Villacid de Campos
El patrimonio de Villacid de Campos responde a la sencillez típica de los núcleos rurales terracampinos. La iglesia parroquial preside el conjunto urbano, como corresponde a la tradición castellana, y es el edificio al que inevitablemente acabas llegando si das una vuelta por el casco. Su construcción refleja las características del arte popular religioso de la zona; no es una gran joya monumental, pero sí la referencia del pueblo y el lugar donde se concentra la vida comunitaria cuando toca.
Un paseo corto por sus calles permite apreciar la arquitectura tradicional de tierra, con construcciones de adobe y tapial que muestran las técnicas constructivas ancestrales de Tierra de Campos. Algunas están bien conservadas, otras piden a gritos un arreglo, y muchas se caen poco a poco. Las que aún se mantienen en pie son un recordatorio práctico de cómo se construía con lo que había a mano: muros gruesos que aíslan del frío invernal y del calor estival. Conviene pasear con calma y mirar hacia arriba: aleros, chimeneas, remates… ahí se nota la mano de quien las levantó.
Los palomares son otro elemento distintivo del paisaje rural en la zona. Estas construcciones, que antaño servían para la cría de palomas como fuente de proteínas y abono, salpican los campos circundantes y constituyen un patrimonio etnográfico cada vez más frágil. Muchos están derruidos o medio en pie, así que conviene mirarlos con respeto, no acercarse demasiado a los más deteriorados y, desde luego, no entrar.
El verdadero atractivo de Villacid está en su entorno agrícola: campos abiertos que cambian de color según la estación, cielos limpios la mayor parte del año y una calma que cuesta encontrar en otros sitios. Las noches despejadas permiten ver bien las estrellas, siempre que el viento y el frío respeten. Si vienes de ciudad, el silencio por la noche llama la atención.
Qué hacer
Villacid de Campos es un destino de ritmo lento, pensado más para pasear y mirar que para encadenar actividades. Quien viene aquí suele buscar silencio, horizontes anchos y poco más. En una hora se ve el pueblo sin prisa; el resto del tiempo lo marcan los caminos y el cielo.
Los aficionados al senderismo y al cicloturismo tranquilo pueden aprovechar los caminos agrícolas que rodean el municipio. Son pistas anchas, pensadas para tractores, sin grandes desniveles pero muy expuestas al sol y al viento, así que conviene elegir bien la hora y llevar agua. El Camino de Santiago, en alguna de sus variantes que atraviesan Tierra de Campos, discurre relativamente cerca, lo que permite enlazar con esta ruta si se planifica con antelación y se asume que los paisajes serán parecidos: llanura, cereal y cielo.
La observación de aves esteparias es otra actividad interesante en la zona. Tierra de Campos alberga especies como avutardas, sisones y aguiluchos cenizos, especialmente visibles en primavera y verano. Para disfrutarla de verdad, es recomendable llevar prismáticos y mantenerse siempre en los caminos, sin entrar en los cultivos y evitando molestar en época de cría.
En cuanto a la gastronomía, aunque el pueblo no cuenta con restaurantes, la comarca es conocida por su lechazo asado, sus palomas, las sopas de ajo y los productos derivados del cerdo. Hay que desplazarse a localidades cercanas más grandes para sentarse a comer, así que conviene venir merendado o con algo en la mochila si se pretende pasar unas horas. En pueblos así, que haya o no bar abierto depende mucho del día y de la temporada.
La fotografía de paisaje resulta especialmente agradecida al atardecer, cuando la luz rasante ilumina los campos creando juegos de sombras y colores muy marcados. No hace falta ser experto: basta con tener paciencia y esperar a que el sol baje. Ojo con el viento: es habitual y puede hacer que la sensación térmica caiga de golpe, incluso en días soleados.
Fiestas y tradiciones
Como muchos pueblos pequeños de Castilla y León, Villacid de Campos mantiene sus celebraciones patronales, que suelen tener lugar durante el verano, cuando los emigrantes regresan y el pueblo se llena un poco más de lo habitual. Son fiestas sencillas, de misa, procesión, baile y reunión en la plaza, más pensadas para los del pueblo que para el forastero, pero si coincides esos días te encontrarás un ambiente más animado y más coches de lo normal aparcados en las cunetas.
La celebración tradicional más arraigada en toda Tierra de Campos es la fiesta de la trilla, que algunas localidades de la comarca recuperan en julio o agosto como muestra del patrimonio agrícola local, aunque no se celebre específicamente en Villacid.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Valladolid capital, Villacid de Campos se encuentra a unos 70 kilómetros por la A-62 en dirección Palencia y posteriormente carreteras comarcales. El trayecto dura aproximadamente una hora. Es prácticamente imprescindible disponer de vehículo propio, ya que las conexiones de transporte público son muy limitadas o inexistentes según el día [VERIFICAR].
Consejos básicos:
Villacid es un lugar pequeño, sin servicios pensados para el turista. La opción más lógica es alojarse en los pueblos cercanos más grandes, como Medina de Rioseco, y acercarse a Villacid a pasar unas horas. Lleva provisiones si planeas quedarte un rato largo y no des por hecho que habrá bares abiertos. Respeta las propiedades privadas, no entres en fincas sin permiso y deja las cancelas como las encuentres. Y ten en cuenta que en invierno anochece pronto y las temperaturas bajan rápido: planifica la vuelta al coche con algo de margen.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Aparca en la zona de la iglesia y da un paseo tranquilo por el casco urbano; en media hora lo habrás recorrido sin prisas.
- Acércate caminando por alguno de los caminos que salen del pueblo para asomarte al paisaje de Tierra de Campos (veinte minutos de ida y vuelta bastan para notar el cambio de escala).
- Si el día está despejado, alarga un poco la visita hasta la caída del sol: aquí el atardecer es media visita.
Si tienes el día entero
Villacid, por tamaño, no da para un día completo por sí solo. Lo más sensato es combinarlo con otros pueblos de Tierra de Campos o con alguna ruta en coche por la comarca. Puedes usar el pueblo como punto de parada para caminar un rato entre campos, hacer fotos y entender mejor lo que significa vivir en esta llanura sin necesidad de ir con el reloj en la mano.
Lo que no te cuentan
- El pueblo es muy pequeño y se ve rápido. Si esperas una “ruta monumental”, te vas a ir con la sensación de que falta algo.
- Las fotos de campos dorados y cielos infinitos son reales, pero dependen mucho de la época: en invierno manda el barro y los tonos pardos, y en verano el sol cae a plomo.
- Es más una parada tranquila dentro de un recorrido por Tierra de Campos que un destino al que dedicar varios días. Aquí el plan es sencillo: llegar, pasear, mirar y seguir ruta cuando te apetezca.