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sobre Villarmentero de Campos
Diminuta localidad del Camino de Santiago; destaca por su iglesia mudéjar y la leyenda de las reliquias de San Martín.
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Hay pueblos que funcionan como cuando apagas el móvil sin darte cuenta y pasan diez minutos sin notificaciones. Al principio te parece raro. Luego te das cuenta de que el silencio tampoco está tan mal. Algo así ocurre en Villarmentero de Campos.
Aquí te despiertas y, en lugar de ver edificios o rotondas, ves cereal hasta donde alcanza la vista. Trigo, cebada, el viento moviendo todo como si fuera agua. El pueblo apenas ronda la veintena larga de habitantes y el movimiento es el justo. Pero si te gustan esos sitios donde el paisaje manda y nadie tiene prisa, tiene su gracia.
Un pueblo pequeño en mitad de Tierra de Campos
Villarmentero de Campos está en la llanura de Tierra de Campos, en la provincia de Palencia. Si has conducido alguna vez por esta comarca ya sabes el tipo de terreno: rectas largas, campos abiertos y pueblos que aparecen de repente tras varios kilómetros de nada.
El casco urbano es pequeño y bastante sencillo. Casas de adobe, tapial, tejados de teja roja y corrales cerrados. Es la arquitectura típica de esta zona, pensada más para el clima y el trabajo del campo que para hacer fotos.
También se nota el paso del tiempo. Algunas casas siguen habitadas, otras están cerradas desde hace años. En Tierra de Campos esto pasa bastante: el pueblo se encoge, pero lo que queda mantiene la forma de siempre.
La iglesia de San Andrés, el centro del pueblo
El edificio más reconocible es la iglesia de San Andrés. No es una iglesia monumental ni una de esas que ves desde kilómetros de distancia, pero aquí cumple justo el papel que han tenido siempre las parroquias de pueblo.
La torre sobresale por encima de los tejados y marca el centro del casco urbano. Alrededor salen varias calles cortas donde todavía se ven fachadas de barro, portones grandes de madera y patios interiores que en su día estaban llenos de vida.
Es el típico sitio donde te imaginas a los vecinos charlando a la puerta en verano mientras cae la tarde.
Pasear por los caminos que rodean el pueblo
Una de las cosas que más se agradecen en Villarmentero de Campos es lo rápido que pasas del pueblo al campo abierto. Sales por una calle cualquiera y en dos minutos ya estás en un camino de tierra.
Alrededor hay pistas agrícolas que se usan para trabajar las parcelas pero que también sirven para caminar sin complicaciones. Son caminos llanos, anchos y con el horizonte completamente abierto.
Y aquí pasa algo curioso: el cielo parece más grande. No hay montañas, ni edificios, ni nada que cierre la vista. Solo la línea del horizonte y algún palomar aislado rompiendo el paisaje.
Si vienes al atardecer lo entenderás rápido.
Palomares y paisaje de cereal
En los alrededores todavía se ven algunos palomares, esas construcciones circulares o cuadradas tan típicas de Tierra de Campos. Muchos están medio derruidos, otros aguantan como pueden, pero forman parte del paisaje desde hace siglos.
Cuando el cereal está verde en primavera todo el campo cambia de color y el contraste con las casas de barro del pueblo es bastante fotogénico. En verano, en cambio, llega ese tono dorado seco tan característico de la meseta.
No hay miradores señalizados ni nada parecido. Pero basta con alejarse un poco por cualquier camino para tener buenas vistas del pueblo y de la llanura.
Un sitio al que venir sin prisa
Conviene decirlo claro: en Villarmentero de Campos no hay monumentos espectaculares ni un listado de cosas que hacer durante horas.
Es más bien una parada tranquila dentro de la comarca. Dar una vuelta por el pueblo, acercarte a la iglesia, caminar un rato por los caminos y sentarte un momento a mirar el paisaje.
Si te interesa comer o pasar más tiempo por la zona, lo habitual es moverse a pueblos cercanos, donde sí hay más servicios.
Aquí la gracia está en otra cosa: en ver cómo es un pueblo muy pequeño de Tierra de Campos sin filtros ni escenografía turística. Casas de barro, campos abiertos y ese silencio que, cuando llevas un rato, empieza a resultar bastante agradable.