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sobre Villerías de Campos
Pequeño pueblo terracampino; destaca por su ermita del Cristo de la Salud y la arquitectura de adobe.
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El viento llega primero. En Villerías de Campos se oye antes de verse: pasa rozando los tejados, mueve los nidos de cigüeña de la torre y levanta un poco de polvo en la calle principal. A media mañana casi no hay nadie fuera. Alguna puerta entreabierta, un coche aparcado junto a una pared de adobe, y el horizonte plano de Tierra de Campos rodeándolo todo.
Villerías de Campos, en la provincia de Palencia, tiene poco más de setenta vecinos censados. El pueblo vive a la escala tranquila de esta parte de Castilla: campañas agrícolas, invierno largo y veranos en los que regresan quienes tienen aquí la casa familiar. No hay carteles que indiquen rutas ni un circuito preparado para visitantes. Lo que se ve es lo que hay.
El núcleo del pueblo
El caserío se agrupa alrededor de la iglesia. Calles cortas, algunas con el suelo irregular, y fachadas donde se mezclan el adobe antiguo, el ladrillo y reformas más recientes. Muchas casas conservan portones grandes que daban paso a corrales o a pequeños almacenes agrícolas.
Al caminar despacio se aprecian detalles sencillos: rejas viejas, macetas apoyadas en el alféizar, el olor a leña en invierno. No es un pueblo pensado para pasearlo con prisa. En diez minutos se recorre entero, pero lo interesante está en quedarse un rato más.
Conviene venir con tiempo y sin esperar servicios abiertos. Aquí no hay tiendas ni bares funcionando de manera constante.
La iglesia y las cigüeñas
La torre de la iglesia parroquial es lo primero que sobresale cuando uno llega por la carretera. Está construida en ladrillo y piedra clara, un tipo de obra bastante común en la zona. Probablemente sea de época moderna, aunque el edificio ha tenido arreglos con los años.
Los nidos de cigüeña ocupan buena parte de la parte alta. En primavera y principios de verano el ruido de los pollos se oye desde la plaza. El interior no siempre está abierto. A veces algún vecino guarda la llave, pero no conviene contar con encontrarla disponible.
El paisaje de Tierra de Campos
El entorno de Villerías de Campos es el de la Tierra de Campos más abierta. Parcelas grandes de trigo y cebada que cambian de color según el mes. Verde intenso en primavera. Dorado fuerte cuando llega la siega. Después queda el suelo rastrojado y un dibujo de líneas que se pierde en la distancia.
No hay apenas árboles. Algún álamo cerca de una acequia, poco más. El cielo pesa mucho aquí, sobre todo en invierno, cuando las nubes bajas dejan una luz gris que aplana todo el paisaje.
Con algo de paciencia pueden verse aves esteparias. La avutarda o el sisón aparecen a veces entre los cultivos, aunque desde el coche suelen pasar desapercibidos si no se está atento.
Caminos entre pueblos
Varias pistas agrícolas salen del pueblo en todas direcciones. Son caminos anchos, de tierra compacta, que conectan con localidades cercanas como Villaherreros o Paredes de Nava.
A pie o en bicicleta se recorren sin dificultad porque apenas hay desnivel. Lo que marca la diferencia es el viento. Algunos días sopla de frente durante kilómetros y convierte un paseo sencillo en algo más lento de lo esperado.
En verano es mejor evitarlos en las horas centrales. No hay sombra casi nunca.
Comer y organizar la visita
En el propio Villerías de Campos no es fácil encontrar dónde comer o comprar algo. Lo más práctico suele ser acercarse a pueblos algo mayores de los alrededores, donde todavía funcionan bares y pequeños comercios.
También conviene llevar agua si se va a caminar por los caminos. Las distancias engañan. Todo parece cerca hasta que uno empieza a andar.
Fiestas y momentos del año
En verano el pueblo cambia un poco. Las fiestas patronales suelen celebrarse a mediados de agosto y durante unos días la plaza vuelve a llenarse de gente que llega desde otras ciudades.
Hay procesión, reuniones en torno a las peñas y comidas largas que se alargan hasta la noche. El resto del año la vida vuelve a su ritmo habitual: pocos coches, calles tranquilas y el sonido constante del viento atravesando los campos.
Villerías de Campos no gira alrededor de monumentos ni de rutas señalizadas. Es, más bien, un pequeño punto en medio de la llanura donde todavía se entiende cómo funciona esta comarca cuando se apagan los focos y solo queda el trabajo del campo y el paso lento de las estaciones.