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sobre Miño de Medinaceli
Pueblo situado bajo un roquedo con museo paleontológico cercano
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En el corazón de la Tierra de Medinaceli, a 1.161 metros de altitud, se encuentra Miño de Medinaceli, una pequeña aldea serrana que conserva bastante bien la esencia de la Castilla más seca y alta. Con apenas 70 y pico habitantes censados, este núcleo rural soriano es uno de esos pueblos que siguen ahí, sin hacer ruido, con sus tradiciones, su arquitectura de piedra y adobe, y un entorno donde lo que manda es el silencio… y el viento.
El municipio se asienta en un paisaje de parameras y valles surcados por pequeños arroyos, donde el verde de los prados contrasta con el ocre de los campos de cereal. Miño de Medinaceli no suele salir en las guías turísticas convencionales, y precisamente por eso funciona como ejemplo claro de lo que mucha gente llama “Soria profunda”: poca gente, poco tráfico, mucho campo alrededor y una vida muy marcada por las estaciones.
Visitar Miño de Medinaceli es entrar en un ritmo pausado, donde el tiempo parece haberse detenido en otra época. Sus calles, sus corrales tradicionales y la forma en que se vive el pueblo hoy, con muchos vecinos ya mayores y casas de gente que viene solo en verano, dan una idea bastante real de cómo resisten estos sitios.
Qué ver en Miño de Medinaceli
El patrimonio de Miño de Medinaceli se basa sobre todo en su arquitectura popular serrana, con construcciones tradicionales de mampostería, adobe y entramados de madera que ejemplifican la forma de construir de antes, pensada para el frío y el trabajo en el campo. Pasear por sus calles permite ver casas centenarias con portadas de piedra, balconadas de madera y corralones que hablan de un pasado agrícola y ganadero todavía presente, aunque cada vez con menos actividad. No hay grandes monumentos ni plazas monumentales; aquí el interés está más en el conjunto que en una foto concreta.
La iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista, es el edificio más relevante del pueblo. Este templo, de origen medieval con posteriores reformas, conserva una estructura sobria y robusta típica de las construcciones religiosas de la comarca. Su torre se alza como referencia visual del núcleo urbano y guarda en su interior retablos y elementos litúrgicos que, sin ser espectaculares, sí cuentan la historia religiosa de la zona.
El entorno natural de Miño de Medinaceli es uno de sus puntos fuertes. La altitud y la ubicación en plena sierra soriana proporcionan paisajes amplios, de esos en los que ves cielo por todas partes. La primavera, con los prados llenos de flores silvestres, y el otoño, con los tonos ocres y dorados, son los momentos más agradecidos. Buena parte del año el paisaje es seco, ventoso y muy abierto, típico de paramera. Los alrededores del pueblo animan a paseos tranquilos por caminos rurales desde donde se obtienen buenas panorámicas de la comarca de Medinaceli.
Qué hacer
El senderismo es la actividad lógica en Miño de Medinaceli. Diversos caminos y senderos tradicionales parten del pueblo adentrándose en el paisaje serrano, permitiendo descubrir fuentes, majadas abandonadas y rincones donde la naturaleza se mantiene bastante intacta. No esperes rutas señalizadas con paneles y balizas en cada cruce: aquí aún se camina “a la antigua”, tirando de pista, intuición y mapa. Las rutas son de dificultad baja o media, pero conviene no confiarse con el sol en verano ni con el frío en invierno.
La observación de aves rapaces tiene sentido aquí, ya que la zona es territorio de buitres, águilas y otras especies que aprovechan las corrientes térmicas sobre las parameras. Los aficionados a la fotografía encontrarán en los atardeceres serranos y en la arquitectura popular motivos más que suficientes, sobre todo si les interesa documentar pueblos pequeños y paisajes abiertos.
La gastronomía local, aunque modesta, refleja la tradición culinaria soriana: asados de cordero lechal, migas del pastor, productos de la matanza casera y legumbres de la tierra. No esperes una gran variedad de servicios en el propio pueblo: lo razonable es organizar las comidas y cenas en Medinaceli, a escasos kilómetros, donde hay más opciones y se puede probar la cocina tradicional de la comarca. En Miño de Medinaceli conviene llegar ya comido o con algo en la mochila.
La micología cobra protagonismo en otoño, cuando tras las primeras lluvias los campos se llenan de setas. Los aficionados a esta actividad deben conocer bien las especies comestibles y respetar la normativa local de recolección.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales de Miño de Medinaceli se celebran en honor a San Juan Bautista, hacia finales de junio, coincidiendo con el día del santo. La población es reducida y eso se nota en la escala de los festejos, pero se mantiene el esquema clásico de los pueblos sorianos: misa solemne, procesión, comida popular y baile que reúne a vecinos y a quienes vuelven al pueblo en esas fechas.
En agosto, como en muchos municipios serranos, se organizan actividades estivales que aprovechan el retorno temporal de población durante las vacaciones. Son días de reencuentro y de recuperar vida en las calles, aunque sea por poco tiempo.
Las tradiciones ganaderas y agrícolas, aunque en declive, siguen marcando el calendario local, especialmente las relacionadas con el ciclo del cereal y la memoria de la trashumancia, todavía muy presente en el relato de la gente mayor.
Información práctica
Para llegar a Miño de Medinaceli desde Soria capital hay que recorrer aproximadamente 75 kilómetros por la N-122 en dirección sur hasta Medinaceli, y desde allí tomar la carretera local que conduce al pueblo. El trayecto dura alrededor de una hora y permite hacerse una idea del paisaje soriano de esta zona. Desde Madrid, por la A-2 hasta Medinaceli y después la carretera local, son unos 160 kilómetros.
La mejor época para visitar Miño de Medinaceli es la primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre), cuando las temperaturas son más suaves y el paisaje está menos castigado por el frío o el calor. El verano, aunque más concurrido por la gente que vuelve al pueblo, tiene días largos que se agradecen para caminar. El invierno puede ser riguroso por la altitud, con frecuentes heladas y nevadas ocasionales; si vas en esa época, cuenta con carreteras con hielo y días muy cortos.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar, ropa de abrigo incluso en verano (las noches serranas refrescan más de lo que parece) y provisiones básicas. La aldea carece de servicios comerciales, por lo que conviene planificar la visita desde Medinaceli, que cuenta con mayor infraestructura. Tampoco está de más llevar agua suficiente si sales a caminar, porque una vez que dejas el casco urbano no hay fuentes en cada camino.
Si solo tienes unas horas
- Paseo tranquilo por el casco, fijándote en las casas tradicionales y en la iglesia.
- Subir a los alrededores del pueblo por cualquiera de las pistas para tener una vista general de la paramera.
- Acercarte después a Medinaceli para completar el día con más servicios y algo de ambiente.
Errores típicos
- Llegar pensando que hay bares, tiendas o mucha vida en la plaza: es un pueblo muy pequeño y tranquilo, mejor asumirlo antes de ir.
- Ir en pleno invierno sin mirar parte meteorológico ni estado de las carreteras: la altura se nota y las heladas son serias.
- Confiarse con el sol en verano: no hay muchas sombras en los caminos y el viento engaña; crema, gorra y agua no son opcionales.
Lo que no te cuentan
Miño de Medinaceli es pequeño y se ve rápido. Si vas “a hacer cosas” te quedarás corto; si vas con la idea de pasar un rato de campo y silencio, encaja mejor.
Las fotos en días muy verdes o nevados pueden dar una imagen más amable de lo que es el día a día: buena parte del año el paisaje es seco y ventoso, muy de secano.
Tiene más sentido como parada dentro de una ruta por la Tierra de Medinaceli que como destino único para varios días, salvo que busques expresamente tranquilidad y caminatas sin complicación. Aquí el valor está en el ritmo lento, no en una lista larga de visitas.