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sobre Aguilafuente
Villa histórica donde se imprimió el primer libro de España; cuenta con restos romanos y un importante legado cultural
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El turismo en Aguilafuente suele empezar por entender dónde está. El pueblo se encuentra en la Tierra de Pinares segoviana, a algo menos de media hora en coche de la ciudad de Segovia. El paisaje que lo rodea —pinares extensos sobre terreno arenoso y campos de cultivo— explica buena parte de su historia. Durante siglos la economía local giró en torno al monte: madera, resina y aprovechamientos agrícolas modestos.
Hoy viven aquí algo más de quinientas personas. El casco urbano no ha cambiado demasiado en las últimas décadas y conserva una estructura bastante clara alrededor de la plaza y de la iglesia parroquial. No es un lugar que se haya transformado para el visitante; sigue funcionando, sobre todo, como pueblo.
El propio nombre de Aguilafuente suele relacionarse con la presencia de manantiales y cursos de agua en una zona donde el pinar domina el paisaje. El asentamiento es antiguo. En los alrededores han aparecido restos romanos y, ya en época medieval, el lugar formó parte del territorio repoblado tras la consolidación de la frontera al sur del Duero.
La iglesia y el centro del pueblo
La iglesia de San Juan Bautista marca el perfil del centro urbano. El edificio actual es el resultado de varias fases constructivas, con reformas importantes en época moderna. La torre, visible desde buena parte del pueblo, sirve de referencia al recorrer las calles cercanas.
A pocos pasos se abre la plaza principal, que sigue funcionando como espacio de encuentro cotidiano. Alrededor aparecen casas de distintas épocas: algunas combinan adobe, ladrillo y piedra, materiales habituales en esta zona de la campiña segoviana. En varias fachadas se ven escudos de piedra que recuerdan la presencia de familias con cierta posición durante los siglos de la Edad Moderna.
El trazado de las calles es sencillo y se recorre sin dificultad. No hay grandes monumentos, pero sí detalles de arquitectura popular que ayudan a entender cómo se construía aquí: muros gruesos, patios interiores y dependencias ligadas al trabajo agrícola.
Huellas romanas en los alrededores
En el término municipal se localizaron restos de una villa romana con mosaicos, hallazgo que confirmó la ocupación de la zona en época imperial. Parte de esos materiales se estudian y se explican hoy en un pequeño espacio interpretativo dedicado a la arqueología local.
No es un yacimiento monumental, pero sí ayuda a situar el territorio dentro de las rutas agrícolas que abastecían a los núcleos urbanos romanos de la meseta. La presencia de agua y de tierras cultivables hacía viable ese tipo de explotaciones rurales.
Pinares, resina y caminos
Los pinares que rodean Aguilafuente forman parte del paisaje característico de esta comarca. Durante buena parte del siglo XX la extracción de resina fue una actividad habitual. Si uno se fija en algunos troncos todavía pueden verse las cicatrices de las antiguas picas, las incisiones por donde se recogía la resina.
Entre los pinares salen caminos agrícolas y pistas forestales que comunican con pueblos cercanos de la Tierra de Pinares. Son trayectos llanos, sin grandes desniveles, que se usan tanto para caminar como para recorrerlos en bicicleta. En verano conviene tener en cuenta la sombra irregular de estas pistas y la escasez de agua fuera del casco urbano.
Cocina ligada al campo y al monte
La cocina local responde a lo que da el entorno. El cordero asado forma parte de la tradición gastronómica de la provincia y también aparece en las mesas de la zona, sobre todo en celebraciones o reuniones familiares.
En otoño el monte aporta setas —níscalos o setas de cardo, entre otras— que suelen prepararse de forma sencilla. Las legumbres y los guisos contundentes siguen teniendo presencia en la cocina doméstica, igual que los productos derivados de la matanza del cerdo, una práctica que todavía se mantiene en algunas casas cuando llega el frío.
Fiestas y vida local
El calendario festivo gira en torno a San Juan Bautista, patrón del pueblo, cuya celebración se sitúa a finales de junio. En esas fechas se mezclan los actos religiosos con verbenas, encuentros vecinales y actividades organizadas por asociaciones locales.
Durante el verano, especialmente en agosto, el pueblo se llena más de lo habitual con el regreso de familias que mantienen aquí sus raíces. Es el momento en que la plaza y las calles vuelven a tener el movimiento que durante el invierno se reparte entre menos gente.
Orientarse y recorrer el pueblo
Aguilafuente se recorre andando sin problema. El casco urbano es pequeño y en una hora se puede caminar por sus calles principales y acercarse a los alrededores.
Si se quiere entender mejor el lugar, merece la pena salir un poco hacia los pinares que rodean el municipio. Ahí es donde se percibe con claridad la relación histórica entre el pueblo y el monte que lo ha sostenido durante generaciones.