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sobre Alcazarén
Población de gran tradición mudéjar situada en la Tierra de Pinares; destaca por sus ábsides románico-mudéjares y su entorno forestal
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Alcazarén es como ese pueblo al que llegas por casualidad porque alguien te dijo: “tira hacia los pinares y ya verás”. No tiene grandes reclamos ni una postal famosa que todo el mundo comparta, pero cuando bajas del coche y das dos vueltas por la plaza empiezas a notar algo. El olor a resina, el silencio entre semana, y ese ritmo lento que tienen muchos pueblos de Tierra de Pinares, donde parece que todo funciona a otra velocidad.
El madrugón del peregrino (y del que se ha perdido)
Paso la noche en el albergue municipal, una casa bastante nueva que todavía huele un poco a pintura y a desayuno temprano. A las seis y media ya hay movimiento. Un peregrino con bastones se mueve por el pasillo como si estuviera preparando una expedición al Himalaya. Es normal: por aquí pasa el Camino de Madrid que va hacia Santiago.
Cuando salen los caminantes, el pueblo todavía está medio dormido. Yo aprovecho para caminar un rato junto al Eresma. Hay un paseo sencillo a las afueras que sigue el río entre pinares; no es largo y en menos de una hora vuelves al casco urbano. Justo a tiempo para cuando abren los bares de la plaza, donde a primera hora se juntan los vecinos. El desayuno aquí puede ser café… o algo con más cuerpo. Nadie se sorprende demasiado si alguien arranca la mañana con vino y un pincho.
Tres calles, dos iglesias y ritmo de pueblo pequeño
Alcazarén se recorre rápido. De esos sitios donde en veinte minutos ya sabes orientarte sin mirar el móvil.
La iglesia de Santiago es probablemente el edificio que más llama la atención. Tiene ese aire de románico mudéjar que aparece bastante por esta zona de Valladolid: ladrillo, arcos y una mezcla de estilos que parece improvisada pero que funciona. Muy cerca está la iglesia de San Pedro, cuya torre domina el perfil del pueblo.
La plaza ha cambiado con los años —como casi todas— y ahora tiene más piedra y menos irregularidades. Aun así sigue siendo el punto donde pasa casi todo: conversaciones largas, gente que se para a mitad de calle y ese pequeño tráfico de vecinos que van y vienen haciendo recados.
Historias que aparecen cuando preguntas
Alcazarén tiene ese tipo de historia que no encuentras en un panel informativo, sino hablando con la gente.
Una de las más repetidas tiene que ver con el bandolero Luis Candelas. Según cuentan aquí, fue detenido en el pueblo en el siglo XIX mientras trataba de escapar hacia el norte. La escena se recuerda todavía en una casa del casco urbano donde hay una placa que lo menciona.
Otra figura ligada al pueblo es el escritor José Jiménez Lozano, premio Cervantes. Vivió muchos años aquí, bastante apartado del ruido literario. En el pueblo lo recuerdan con naturalidad, como a un vecino más que escribía mucho.
Cuando llega el otoño
Si preguntas cuándo tiene más ambiente Alcazarén, muchos te dirán que en otoño. Por esas fechas suele celebrarse una feria dedicada a Luis Candelas que mezcla mercado, actividades y bastante ambiente en la plaza.
Pero incluso sin feria, el otoño aquí tiene algo especial. Los pinares cambian de color, huele a madera quemada en algunas chimeneas y el campo alrededor del pueblo se vuelve más tranquilo todavía.
Y sí, el lechazo aparece en muchas conversaciones cuando se habla de comer por la zona. Estamos en Castilla y eso se nota.
Un paseo sencillo entre pinares y cruces de piedra
A las afueras del pueblo hay una pequeña ruta circular que pasa por varias cruces de piedra antiguas. Son los restos de un antiguo Vía Crucis que unía la ermita del Cristo del Humilladero con la iglesia del pueblo.
El recorrido es fácil y bastante llano. Caminas entre pinares, algo de dehesa y campos abiertos. No es un sendero espectacular ni pretende serlo; más bien es el tipo de paseo que haces después de comer para despejarte un poco.
Lo mejor es el silencio. Si no pasa ningún coche cerca, lo único que se oye es el viento en los pinos y, con suerte, algún ave grande planeando por encima.
Lo que no vas a encontrar (y tampoco pasa nada)
Alcazarén tiene poco más de seiscientos habitantes. Eso significa que aquí no hay tiendas de recuerdos ni calles pensadas para el turismo rápido.
El pueblo funciona con su propia lógica: vecinos que se paran a charlar en la acera, gente que se sienta en la plaza cuando baja el sol y cobertura de móvil que aparece y desaparece según el lugar.
¿Merece la pena acercarse? Yo diría que sí, pero sabiendo a lo que vienes. Esto no es un sitio para llenar el día de actividades. Es más bien de parar un rato, caminar entre pinares y entender cómo es la vida en esta parte de Valladolid.
Mi consejo de amigo: pasa unas horas tranquilas, da una vuelta por el río y siéntate un rato en la plaza sin mirar el reloj. Alcazarén funciona mejor así, sin prisa. Y a veces eso es justo lo que apetece.