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sobre Aldeamayor de San Martín
Municipio en crecimiento constante cercano a Valladolid; combina zonas residenciales modernas con un casco antiguo tradicional y extensos pinares
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El turismo en Aldeamayor de San Martín suele empezar igual: coche por la VA‑201, pinos a ambos lados y pocas señales que indiquen algo especial. Aparcar no suele ser problema. En la plaza mayor y en las calles cercanas normalmente hay sitio, salvo algún fin de semana con eventos locales.
Llegas y lo primero que ves son pinos. Muchos pinos. El pueblo aparece de golpe, en mitad del pinar vallisoletano. Aquí viven algo más de seis mil personas repartidas entre el casco principal y varias urbanizaciones alrededor.
El pueblo que no existía hasta que el rey firmó
La historia local suele contar que el 19 de mayo de 1776 Carlos III firmó el documento que convirtió varias aldeas dispersas en una sola villa. Aldeamayor nació de esa unión. Hoy esa fecha se recuerda con una feria que normalmente se organiza en mayo, en el fin de semana más cercano. Hay puestos, música tradicional y bastante ambiente de pueblo.
La iglesia de San Martín Obispo es el edificio más claro del casco antiguo. Mezcla partes góticas con añadidos posteriores. Nada raro en esta zona: obras que empiezan en un siglo y terminan en otro.
La capilla de Santa Catalina, del siglo XV, guarda un retablo renacentista y una imagen de la Virgen que tradicionalmente sale en romería el 13 de mayo hacia la ermita de Compasco. Son unos cinco kilómetros por el pinar. Si coincide tu visita, verás a bastante gente caminando el mismo camino.
Donde los pinos mandan
El Salgüeros de Aldeamayor está dentro de la Red Natura 2000. Dicho de forma simple: pinar protegido y senderos señalizados. No esperes miradores ni grandes panorámicas. Aquí se viene a caminar entre pinos.
La ruta conocida como “Donde los pinos sueñan” suele empezar en la ermita de Compasco. Es un recorrido fácil, casi siempre en sombra. Lo que hay es silencio, olor a resina y el suelo cubierto de agujas de pino.
Si vas en coche, mucha gente aparca cerca de la ermita. Allí está el pino Carranza —también llamado pino de la Tía Hilaria—, un ejemplar viejo que se ha quedado como referencia del lugar. Hay una mesa de piedra cerca, útil si llevas algo para comer. En el pinar no hay servicios ni bares.
El campo de golf de la dehesa
En las afueras hay un campo de golf dentro de la dehesa. Se construyó hace años pensando en atraer jugadores de fuera, sobre todo de Valladolid y Madrid.
Los fines de semana suele tener movimiento. Entre semana el ambiente es más tranquilo. Si no juegas al golf, no tiene mucho sentido acercarse solo a curiosear; el acceso está bastante controlado y no siempre dejan pasar a quien no va a jugar.
Comer y horarios tranquilos
La cocina del pueblo es la de esta parte de Valladolid: lechazo asado, platos contundentes y poca experimentación. Conviene preguntar antes de sentarse porque el precio del lechazo cambia según la temporada.
Los bares y restaurantes funcionan con horarios bastante marcados. A media tarde muchos cierran un rato y el pueblo se queda tranquilo.
La oficina de turismo abre en verano y en algunos periodos concretos. El resto del año lo más práctico es preguntar en el ayuntamiento o a cualquier vecino. En pueblos así la información suele circular mejor por conversación que por folleto.
Consejo de pueblo
Si puedes elegir, ven en otoño. El pinar cambia de olor después de las primeras lluvias y hay menos gente por los senderos.
Aparca en el centro, da una vuelta corta, entra en la iglesia si está abierta y luego acércate al pinar. Aldeamayor se entiende mejor caminando un rato entre pinos que mirando el mapa del pueblo. No hace falta mucho más.