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sobre Calabazas de Fuentidueña
Pequeña aldea con encanto rural; destaca por su tranquilidad y la iglesia parroquial
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En el corazón de la Tierra de Pinares segoviana, donde el verdor de los pinares se funde con el dorado de los campos de cereal, se encuentra Calabazas de Fuentidueña, una pequeña aldea que resiste al paso del tiempo con la dignidad de los pueblos que saben custodiar su esencia. Con apenas 25 habitantes y situada a unos 900 metros de altitud, esta localidad es uno de esos rincones de la llamada España vaciada donde el silencio pesa más que el tráfico y cualquier ruido se reconoce al momento.
El nombre del municipio ya despierta curiosidad y sonrisas, aunque su origen no tiene nada que ver con la hortaliza. Calabazas de Fuentidueña forma parte de ese entramado de pequeñas poblaciones que jalonan la comarca segoviana, un territorio que durante siglos vivió del aprovechamiento forestal y agrícola. Hoy, su interés está en lo que aquí sigue siendo normal y en la ciudad ya es raro: calma, trato cercano y campo a la puerta de casa, sin florituras.
Visitar Calabazas es asomarse a una Castilla muy básica y muy real, esa que todavía conserva el sabor de lo tradicional sin artificio ni postureo turístico. Es un lugar para quienes buscan escapadas tranquilas, paseos sin prisas y ver cómo era —y es— la vida en los pequeños núcleos rurales castellanos, sin programas de actividades ni grandes reclamos.
Qué ver en Calabazas de Fuentidueña
El patrimonio de Calabazas de Fuentidueña es, como corresponde a una aldea de su tamaño, modesto pero significativo para quien tenga curiosidad por el mundo rural. La iglesia parroquial es el principal elemento arquitectónico de interés, un templo de arquitectura popular que ha servido durante generaciones como punto de encuentro de la comunidad. Su estructura sencilla y su aire rural merecen una parada tranquila, más para entender el lugar que para buscar grandes detalles artísticos.
El verdadero tesoro de Calabazas es, sin embargo, su entorno natural. Enclavada en plena Tierra de Pinares, la localidad está rodeada de extensos bosques de pino resinero y piñonero que durante siglos fueron una importante fuente de recursos. Pasear entre estos pinares resulta especialmente agradable en otoño, cuando el sotobosque se tiñe de ocres y el aire fresco de la meseta invita a caminar sin prisa. En verano, la sombra del pinar se agradece a mediodía.
El paisaje agrícola también tiene su interés: los campos de cereal que rodean el pueblo crean un mosaico cromático que cambia con las estaciones, del verde intenso de primavera al amarillo brillante del verano. La arquitectura popular, con construcciones tradicionales de adobe y tapial, completa esta estampa de la Castilla profunda. El paseo por el caserío se hace rápido: unas pocas calles, corrales, casas bajas y poco más, todo muy a escala humana.
Qué hacer
El senderismo —más bien paseos largos que montañismo— es la actividad lógica en Calabazas de Fuentidueña. Los caminos y senderos que parten del pueblo permiten adentrarse en los pinares circundantes, adecuados para rutas tanto de corta como de media distancia. Son recorridos sencillos, sin grandes desniveles, que se pueden improvisar siguiendo las pistas forestales y los caminos agrícolas. Aquí no hay grandes carteles ni rutas señalizadas tipo parque temático: conviene llevar mapa o GPS si te alejas mucho.
Para los aficionados al cicloturismo, las carreteras secundarias que conectan Calabazas con otras localidades de la comarca permiten rodar con bastante tranquilidad, con escaso tráfico y paisajes agradables. La orografía suave de la zona hace que estas rutas sean accesibles para distintos niveles de preparación física, siempre que se tenga claro que aquí no hay servicios a mano: conviene llevar agua y algo de comida.
La observación de aves es otra actividad interesante en la zona, especialmente en los pinares donde habitan especies forestales típicas del ecosistema mediterráneo continental. Rapaces, páridos y otras aves forestales pueden avistarse con relativa facilidad durante los paseos matinales, si se camina en silencio y sin prisas. Más que un “spot” concreto, es una suma de pequeños momentos.
La gastronomía local, aunque modesta, refleja los sabores tradicionales de la cocina castellana: asados de cordero lechal, embutidos artesanos y platos de cuchara elaborados con legumbres de la tierra. Aunque en el propio municipio no encontrarás establecimientos, las localidades cercanas mantienen viva esta tradición culinaria, así que lo habitual es comer o comprar allí y venir a Calabazas a pasear o a dormir.
Fiestas y tradiciones
Como muchos pueblos pequeños de Castilla y León, Calabazas de Fuentidueña celebra sus fiestas patronales durante el verano, generalmente en agosto, cuando los hijos del pueblo que emigraron regresan para el periodo estival. Estas celebraciones, de escala muy reducida, mantienen el espíritu de las fiestas tradicionales castellanas, con misa, procesión y convivencia vecinal, pensadas para los del pueblo; si llegas de fuera, encajarás mejor si te limitas a observar y te adaptas al ritmo.
Las festividades religiosas del calendario litúrgico también se conmemoran, adaptadas a las posibilidades de una comunidad tan pequeña. Son momentos tranquilos, sin grandes programas, pero que permiten al visitante ver cómo se organizan todavía los pueblos cuando suenan las campanas y cada uno sabe lo que le toca hacer.
Cuándo visitar Calabazas de Fuentidueña
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son buenas épocas para disfrutar del entorno natural con temperaturas agradables y colores más agradecidos en el campo. El verano puede ser caluroso a mediodía, aunque las noches son frescas por la altitud y la cercanía del pinar. El invierno es frío, típicamente castellano, con posibilidad de heladas y días cortos: si vienes entonces, piensa más en paseos breves que en grandes rutas y trae ropa de abrigo de verdad, no “por si acaso”.
En días de lluvia o viento fuerte la zona pierde parte de su atractivo, porque casi todo lo que tiene sentido hacer aquí es al aire libre. En esos casos, conviene combinar la visita con otros pueblos cercanos o con alguna parada más urbana, planificando el día con margen por si las carreteras comarcales se hacen lentas.
Lo que no te cuentan
Calabazas de Fuentidueña es muy pequeño y se recorre en poco rato. El pueblo, por sí solo, no da para un fin de semana entero salvo que vengas expresamente a leer, pasear y descansar sin más agenda. Funciona mejor como parada dentro de una ruta por la Tierra de Pinares que como destino aislado.
Las fotos de los pinares y los campos pueden llevar a pensar en grandes panorámicas o miradores espectaculares. Aquí lo que hay es llano, caminos, silencio y un ritmo lento. Si buscas animación, bares y tiendas, es fácil que te decepcione; si lo que quieres es precisamente lo contrario, encaja bastante bien. También conviene saber que de noche hay muy poca iluminación: para algunos es un problema, para otros es la gracia, por el cielo estrellado.
Errores típicos al visitar Calabazas de Fuentidueña
- Esperar “mucho que ver” en el propio pueblo: el caserío se recorre en menos de media hora. La gracia está en los alrededores, no en ir callejeando.
- No traer provisiones: no hay tiendas ni bares estables, y tampoco gasolinera al lado. Agua, algo de comida y depósito de combustible resuelto antes de llegar.
- Confiarse con los horarios: al ser un sitio tan pequeño, es fácil querer alargar la ruta a pie o en bici más de la cuenta. Calcula bien la vuelta, sobre todo en invierno, porque anochece pronto y no hay farolas en los caminos.
- Subestimar el frío o el calor: la meseta es extrema. En verano, sol fuerte y poca sombra fuera del pinar; en invierno, heladas serias. Ropa, gorra y crema según toque.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Segovia capital, situada a unos 50 kilómetros, se accede a Calabazas de Fuentidueña tomando la N-110 en dirección Soria y después desviándose por carreteras locales. El trayecto en coche ronda los 45 minutos, según el tráfico y el estado de las vías. Es prácticamente imprescindible disponer de vehículo propio, ya que no existe transporte público regular hasta el pueblo.
Consejos prácticos: Dado el reducido tamaño del municipio, no esperes encontrar servicios turísticos en el propio pueblo. No hay tiendas ni bares estables, así que conviene llegar con el depósito de combustible resuelto y algo de comida y agua, sobre todo si vas a caminar. En verano, madruga para las rutas y deja las horas centrales para la sombra del pinar o la siesta; en invierno, aprovecha bien las horas de luz. Es un lugar fácil de combinar con otras visitas por la Tierra de Pinares.