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sobre Camporredondo
Localidad rodeada de pinares y tierras de cultivo; ideal para el turismo de naturaleza y descanso en el medio rural
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A primera hora, cuando el sol todavía entra bajo entre los pinos, el aire de Camporredondo huele a resina y a tierra fría. Las agujas secas crujen bajo los pies y, si no pasa ningún coche, lo único que se oye es el viento moviendo las copas altas del pinar. El turismo en Camporredondo empieza casi siempre así: con silencio, con caminos de arena clara y con la sensación de estar en uno de esos pueblos pequeños de la Tierra de Pinares donde el ritmo sigue marcado por el campo.
Camporredondo, en la provincia de Valladolid, apenas supera el centenar de vecinos durante buena parte del año. Las casas son bajas, muchas de ladrillo y adobe, con patios interiores que todavía guardan corrales o antiguas bodegas. Las calles no siguen un trazado demasiado ordenado: se abren, se estrechan, vuelven a salir al campo casi sin darse cuenta.
Aquí el paisaje manda. Alrededor del pueblo se extienden pinares largos y bastante uniformes, de esos que perfuman el aire en verano y dejan el suelo cubierto de piñas y agujas secas en otoño. Durante décadas la resina y la agricultura marcaron la vida local, y aún quedan señales de ese trabajo en los pinares cercanos.
Qué ver en Camporredondo
La iglesia parroquial de la Asunción sobresale sobre los tejados cuando uno se acerca por los caminos agrícolas. No es un edificio grande, pero su torre sirve de referencia entre los campos abiertos que rodean el pueblo. Los muros muestran distintas etapas de construcción y arreglo, algo habitual en iglesias rurales que han ido adaptándose con los años.
Pasear por el núcleo es más una cuestión de fijarse en detalles que de seguir una ruta concreta. Portones de madera ancha que todavía conservan las marcas del uso, fachadas donde el adobe asoma bajo capas de revoco, pequeños patios donde se amontona la leña para el invierno.
En los bordes del pueblo empiezan enseguida los caminos de tierra que se internan en el pinar. Son pistas amplias, usadas durante mucho tiempo para el trabajo forestal. Entre los troncos rectos de los pinos se abren claros donde aparecen parcelas de cereal. Al amanecer o al final de la tarde no es raro ver movimiento entre los árboles: algún zorro cruzando rápido o el golpeteo seco de un pico picapinos en la corteza.
Caminar entre pinares de la Tierra de Pinares
El entorno de Camporredondo se presta a caminar sin demasiada planificación. Los caminos son llanos y fáciles de seguir, y muchos conectan con otros pueblos de la comarca atravesando largas franjas de pinar.
En verano conviene salir temprano. La sombra de los árboles ayuda, pero el calor aprieta en las horas centrales del día. En cambio, a última hora de la tarde la luz se vuelve más suave y el olor a resina se nota más, sobre todo después de varios días de calor.
Quien tenga interés por las aves suele traer prismáticos. En los pinares se mueven carboneros, herrerillos y picos, y en los campos abiertos a veces se ven aves esteparias si se guarda distancia y se camina con calma.
Un pueblo ligado al pinar
Durante mucho tiempo, buena parte de la economía local dependió del pinar. La recogida de resina fue un trabajo habitual en esta zona de Castilla durante décadas, y todavía hay vecinos que recuerdan bien cómo se sangraban los árboles y cómo olían los recipientes llenos de miera al final de la jornada.
La agricultura también sigue presente en los alrededores, sobre todo con parcelas de cereal que cambian de color según la estación: verde intenso en primavera, amarillo seco cuando llega el verano.
Fiestas y vida del pueblo
Las fiestas patronales suelen celebrarse en agosto, cuando regresan muchos vecinos que pasan el resto del año fuera. El ambiente cambia bastante esos días: más gente en la calle, música por la noche y encuentros que se repiten cada verano.
Fuera de esas fechas, Camporredondo vuelve a su ritmo habitual. Algún tractor pasando despacio, conversaciones breves en la calle y el pinar rodeándolo todo. Quien llegue buscando movimiento constante probablemente se equivoque de sitio. Aquí lo que hay es espacio, aire limpio y tiempo para caminar sin prisa entre los árboles.