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sobre Cantalejo
Capital de la Tierra de Pinares famosa por su jerga 'la gacería'; rodeada de lagunas y naturaleza
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Las primeras luces del día se filtran entre los pinos y el pueblo aún huele a resina de la víspera. En la plaza Mayor, los bancos de piedra suelen amanecer húmedos y algún gato se estira bajo el quiosco de música. Cantalejo despierta sin prisa, con ese silencio suave de los pueblos rodeados de pinar donde el tiempo parece moverse al ritmo de las estaciones.
El olor a pino y el eco de los trilleros
Caminar por Cantalejo es caminar sobre historia compactada. Muchas calles todavía conservan el rastro de cuando aquí se fabricaban trillos que luego viajaban por media Castilla. El oficio marcó durante décadas la vida del pueblo, hasta el punto de que los cantalejanos desarrollaron una jerga propia, la gacería, para entenderse entre ellos cuando salían a vender o a negociar fuera.
En uno de los pequeños espacios dedicados a esa memoria —mezcla de taller, colección y recuerdos de posguerra— se ven trillos de madera oscura, herramientas gastadas y objetos cotidianos de otra época: latas, cartillas de racionamiento, utensilios que hoy parecen casi arqueología doméstica. Cuando alguien del pueblo te explica cómo funcionaba todo aquello, la historia deja de ser una palabra grande y se vuelve algo muy concreto: manos llenas de astillas, carros saliendo al amanecer y semanas enteras de viaje.
La iglesia de San Andrés domina el perfil de Cantalejo desde hace siglos. Su torre se ve desde lejos, incluso antes de entrar al pueblo por las carreteras que atraviesan los pinares. Dentro, la luz entra tamizada y el aire tiene ese olor a cera y madera antigua que comparten muchas iglesias castellanas. A mediodía, cuando fuera aprieta el sol en verano, el interior se queda fresco y en silencio.
Cuando el campo se llena de gente
En agosto el ritmo cambia. Los encierros por el campo forman parte de las fiestas y sacan a medio pueblo —y a bastante gente de fuera— hacia los caminos de tierra que rodean Cantalejo. Los toros recorren trayectos entre pinares y terrenos abiertos mientras la gente busca sitio donde mirar: detrás de una encina, subidos a un talud, apoyados en una tapia.
El polvo queda suspendido en el aire durante un buen rato, teñido de esa luz amarilla de las tardes de verano en la Tierra de Pinares. Después todo se relaja: conversaciones largas, algo dulce que aparece en las mesas esos días y el ruido de los coches regresando despacio hacia el pueblo.
Si te acercas en esas fechas conviene madrugar o moverse con paciencia. Hay mucha más gente de lo habitual y aparcar cerca del centro puede llevar un rato.
Las lagunas entre pinares
A pocos minutos en coche del casco urbano aparece otro paisaje: el de las lagunas de Carrilagunas. Son humedales estacionales que cambian mucho según el año. Tras inviernos lluviosos el agua cubre buena parte del terreno y atrae aves; en épocas más secas se convierten en praderas abiertas donde el viento mueve la hierba baja.
Los senderos que rodean la zona atraviesan pinares claros y pequeños claros de arena. Es terreno tranquilo para caminar sin prisa, sobre todo a primera hora de la mañana o al final de la tarde, cuando el sonido dominante vuelve a ser el de los pájaros y el crujido de las piñas bajo las botas.
Otoño en los pinares
Cuando llega octubre el pueblo cambia otra vez. Los pinares alrededor de Cantalejo empiezan a llenarse de gente con cestas de mimbre y navaja en el bolsillo. En años buenos aparecen boletus, níscalos y otras setas que crecen entre la hojarasca húmeda.
Es un momento muy distinto al del verano. Las chimeneas empiezan a encenderse, el aire huele a leña y el movimiento vuelve a concentrarse en las calles del centro y en la plaza. Los visitantes siguen llegando, pero el ambiente es más pausado.
Cuándo ir: el otoño suele ser el momento más tranquilo y el pinar está especialmente bonito. En verano hay mucho ambiente por las fiestas.
Qué tener en cuenta: en agosto el pueblo recibe bastante gente y aparcar cerca de la plaza puede complicarse. Si buscas silencio en el campo, mejor salir temprano o acercarte entre semana.