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sobre Cogeces de Íscar
Pequeña localidad bañada por el río Cega; destaca por su iglesia gótica y el entorno natural de ribera y pinares
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En el corazón de la Tierra de Pinares vallisoletana, donde los bosques de pino resinero dibujan el horizonte y el aire huele a resina y a cereal, se encuentra Cogeces de Íscar. Esta pequeña aldea de apenas 140 y pocos habitantes se alza a 736 metros de altitud, conservando esa autenticidad que solo los pueblos que han resistido el paso del tiempo sin perder su esencia pueden tener. Aquí el silencio no es ausencia, sino presencia de una vida rural que late con ritmo pausado.
Cogeces de Íscar forma parte de ese mosaico de localidades castellanas a las que no se va “a hacer cosas” todo el rato, sino más bien a bajar revoluciones. Sus calles tranquilas, sus construcciones tradicionales de adobe y ladrillo, y su entorno natural dominado por pinares encajan con quien busca un turismo de interior sin artificios ni colas. Es el típico sitio donde si preguntas por alguien, todavía te contestan con un “está en la era” o “ha bajado a la finca”.
La comarca de Tierra de Pinares, que debe su nombre a las extensas masas forestales que la caracterizan, encuentra en Cogeces un ejemplo claro de la Castilla rural y profunda. Un territorio donde la agricultura cerealista convive con los aprovechamientos forestales, y donde cada rincón cuenta historias de generaciones que han sabido adaptarse al medio sin dominarlo… y también de otras que se han tenido que marchar a la ciudad.
¿Qué ver en Cogeces de Íscar?
El patrimonio de Cogeces de Íscar responde a la arquitectura popular castellana, con sus construcciones tradicionales que reflejan siglos de adaptación al clima extremo de la meseta. El casco urbano conserva viviendas de adobe y tapial, con esas fachadas ocres y tejados de teja árabe que tanto caracterizan a los pueblos de la Tierra de Pinares. El trazado es sencillo: en un rato te lo has andado entero, y eso también tiene su punto, porque enseguida identificas las cuatro calles donde se mueve de verdad la vida del pueblo.
La iglesia parroquial es el principal referente arquitectónico del municipio, como sucede en la mayoría de localidades castellanas. Más allá de su función religiosa, ha sido durante siglos el centro neurálgico de la vida comunitaria: allí se comenta, se queda, se mira la hora… y se nota cuando es día de fiesta porque el pueblo cambia de ritmo y hay más movimiento alrededor del templo que en cualquier otro sitio.
El verdadero tesoro de Cogeces es su entorno natural. Los pinares que rodean la localidad forman parte de un ecosistema muy característico en Castilla y León, donde el pino resinero ha sido durante décadas fuente de trabajo y paisaje distintivo. Pasear entre estos bosques, especialmente al atardecer cuando la luz dorada del sol se filtra entre las copas, ayuda a entender por qué aquí se habla tanto de “monte” como de “campo”.
Los campos de cereal que se extienden junto al pueblo muestran ese cambio de colores tan reconocible: el verde intenso en primavera, el dorado en verano y los tonos ocres en otoño. Es una belleza austera, sin fuegos artificiales, que suele gustar a quien ya viene avisado de lo que es la meseta y no espera praderas alpinas ni cascadas.
Qué hacer
Cogeces de Íscar funciona bien como base tranquila para pasear y respirar pinar. Es un destino sencillo para el senderismo suave y las rutas de naturaleza. Los caminos forestales entre pinares permiten recorridos de diferente longitud, adecuados para caminar sin prisas y fijarse en la flora y fauna de la Tierra de Pinares. Aquí es posible observar especies típicas del monte mediterráneo y aves forestales si se tiene algo de paciencia y se madruga un poco.
La micología tiene especial relevancia en otoño, cuando los pinares se llenan de aficionados a la recolección de setas y hongos. Boletus, níscalos y otras especies micológicas son el objetivo de muchos vecinos y visitantes cuando llegan las lluvias otoñales. Eso sí: conviene ir con licencia, con conocimiento o acompañado de alguien de la zona, y respetar siempre las normas del monte. No es un “supermercado de setas”: algunos años la cosecha es buena y otros, no tanto.
Para los aficionados al cicloturismo, las carreteras secundarias y caminos de la comarca permiten rutas tranquilas con poco tráfico, buenas para rodar a ritmo relajado disfrutando del paisaje castellano sin agobios. No esperes grandes puertos ni desniveles exagerados: aquí la dureza viene más por el viento o el calor que por las cuestas.
La gastronomía local se basa en los productos de la tierra: lechazo asado, embutidos tradicionales, legumbres y, por supuesto, el pan elaborado en horno de leña. En un pueblo tan pequeño no hay una gran oferta diaria para comer fuera, pero la cocina castellana se mantiene muy viva en las celebraciones, fiestas y reuniones familiares. Si tienes pensado quedarte a comer, conviene llevarlo previsto o preguntar con antelación, porque improvisar aquí un domingo a última hora no siempre funciona.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en verano, momento en el que el pueblo recupera vida con el regreso de antiguos vecinos y visitantes. Estas celebraciones, muy en la línea de los pueblos castellanos, mantienen verbenas, juegos tradicionales y comidas comunitarias donde se mezcla todo el mundo: los que viven todo el año y los que solo vuelven unos días.
La Semana Santa, aunque de forma modesta dado el tamaño de la localidad, conserva algunas de las procesiones y actos tradicionales que forman parte del calendario religioso castellano. No es una Semana Santa de grandes pasos ni de multitudes; tiene más que ver con la manera en que un pueblo pequeño marca el paso del año.
En otoño, coincidiendo con la época de recolección, suele haber jornadas vinculadas a la micología y a los productos del pinar, buenos momentos para entender cómo se ha vivido tradicionalmente del monte en estos pueblos de la Tierra de Pinares. [VERIFICAR]
Información práctica
Cogeces de Íscar se encuentra a unos 40 kilómetros al noroeste de Valladolid capital. El acceso se realiza tomando la carretera que comunica con Íscar y desviándose posteriormente por las carreteras comarcales de la zona. Lo más práctico es viajar en vehículo propio, ya que las conexiones de transporte público son muy limitadas o inexistentes en determinados días y horarios. [VERIFICAR]
Se recomienda llevar calzado cómodo para caminar, ropa adecuada para el clima continental (frío de verdad en invierno, calor seco en verano) y prismáticos si se desea observar aves. La comarca carece de grandes infraestructuras turísticas, por lo que es aconsejable planificar el alojamiento en localidades cercanas de mayor tamaño como Íscar o Olmedo.
Cogeces de Íscar encaja bien en un plan de turismo lento y consciente, donde el “lujo” son el silencio, los pinares y la sensación de pueblo que se mantiene en pie frente al olvido.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el casco urbano, rodeando la iglesia y las calles principales.
- Subir hacia las afueras para asomarte al paisaje de pinares y cereal; en un paseo corto ya notas el cambio de ambiente.
- Sentarte un rato en la plaza o junto a la iglesia y ver el ir y venir del pueblo, que también forma parte del viaje.
Si tienes el día entero
- Combinar la visita a Cogeces de Íscar con algún otro pueblo cercano de la Tierra de Pinares (Íscar, Pedrajas, Olmedo…), reservando la mañana para callejear y dar un paseo por el pinar.
- Hacer una ruta circular sencilla por los caminos agrícolas y forestales, comiendo de picnic a la sombra de los pinos.
- Rematar la jornada con una vuelta al atardecer por los campos de cereal, cuando baja el calor y el paisaje cambia de tono.
Lo que no te cuentan
Cogeces de Íscar es pequeño y se ve rápido. Si vas con la idea de pasar aquí varios días sin salir del término municipal, te vas a quedar corto. Funciona mejor como parada dentro de una ruta por la comarca o como base tranquila para dormir y moverte por los alrededores.
Las fotos del pinar pueden llevar a pensar en un gran destino de turismo activo. La realidad es más modesta: hay monte, hay caminos y hay calma, pero no esperes centros de interpretación, carteles por todas partes ni una red de senderos marcada al detalle. Aquí hay que venir con mapa (o GPS), algo de previsión… y ganas de campo de verdad.