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sobre Fuente el Olmo de Íscar
En el límite con Valladolid; zona de pinares y producción de piñones
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En plena Tierra de Pinares segoviana, donde el pino resinero manda en el horizonte y el silencio es casi continuo, se encuentra Fuente el Olmo de Íscar. Esta pequeña aldea de apenas 51 habitantes es uno de esos núcleos rurales donde el día se organiza todavía alrededor del campo y de cuatro calles bien contadas, y donde cualquier coche forastero se nota al minuto.
Situada a unos 779 metros de altitud, Fuente el Olmo de Íscar no sale en los folletos ni en las listas de “pueblos bonitos”, y quizá por eso se entiende mejor lo que es la Castilla rural de verdad. Casas de adobe y ladrillo, calles tranquilas, poco tráfico y un entorno que es más de trabajo (pinares, tierras de cultivo) que de postal. Aquí el paisaje se mira distinto si sabes que de estos pinos han vivido muchas familias.
La aldea forma parte del municipio de Íscar y su vida diaria está muy ligada a él: para compras, servicios o comer fuera, lo normal es acercarse a Íscar u otras localidades de la zona. El propio vecindario te lo dirá rápido: “aquí ya no queda casi nada, todo está en Íscar”.
¿Qué ver en Fuente el Olmo de Íscar?
El interés de Fuente el Olmo de Íscar está en el conjunto, no en un monumento concreto. El caserío, modesto pero coherente, mantiene bastante bien la arquitectura tradicional castellana: adobe, tapial, ladrillo visto, algunas fachadas encaladas y corrales que recuerdan su pasado (y presente) agrícola y ganadero. Un paseo corto, a ritmo tranquilo, basta para hacerse una idea del pueblo entero.
La iglesia parroquial, sencilla y sin grandes alardes, preside el núcleo urbano como en tantos pueblos de la meseta. Más que por su valor artístico, funciona como referencia espacial y social: delante de la iglesia suele ser uno de los pocos puntos con algo de vida los días de fiesta o en verano, cuando vuelve gente al pueblo y se alarga la charla apoyados en cualquier ventana o banco.
El verdadero valor de Fuente el Olmo está alrededor: los pinares que lo rodean forman parte de la extensa Tierra de Pinares, con pino piñonero y resinero y pistas rectas que se pierden en el monte. El paisaje es sobrio, casi repetitivo, pero cuando llevas un rato caminando, el olor a resina, la sombra de los pinos y el silencio (solo roto por algún tractor o un par de pájaros) dicen más que muchas fotos.
Qué hacer
Fuente el Olmo de Íscar encaja bien si lo que te apetece es caminar sin prisas o pedalear por pistas anchas, sin grandes desniveles y sin gente alrededor. Desde el mismo pueblo salen caminos entre pinares y parcelas de cultivo en los que se puede enlazar paseos de una hora o varias, según las ganas. Son rutas fáciles de seguir, pero conviene llevar mapa o GPS: los caminos se parecen mucho entre sí, las referencias son pocas y es fácil desorientarse si no conoces la zona o si hay niebla o cielo muy cerrado.
También es buen lugar para fijarse en aves de entorno agrícola y forestal: rapaces sobrevolando los campos, algún milano siguiendo el arado, pájaros pequeños moviéndose entre los pinos. No es un “paraíso ornitológico” al uso, pero si te gusta ir atento, verás movimiento y te harás una idea de la vida que se esconde en un paisaje que, a primera vista, parece quieto.
En lo cultural, Fuente el Olmo funciona más como base tranquila o parada dentro de una ruta: el castillo de Íscar, las villas históricas de la zona o incluso Cuéllar quedan a tiro de coche y se pueden combinar en el mismo día. El pueblo pone la calma; los alrededores, las visitas más “formales”.
La gastronomía local gira en torno a lo que manda la provincia: asados de lechazo o cochinillo, legumbres, embutidos, y los piñones que salen de estos mismos pinares. En la aldea no hay bares ni restaurantes, así que aquí toca ir previsto o asumir que vas a comer en Íscar o en otros pueblos cercanos. Un bocadillo en el pinar, con algo de sombra, suele resolver bien el mediodía.
Fiestas y tradiciones
Como en muchas aldeas de la meseta, el momento fuerte del año llega en verano, normalmente en agosto, con las fiestas patronales [VERIFICAR fechas concretas]. Es cuando el pueblo duplica o triplica su población unos días y se organizan misa, procesión, alguna comida popular y baile por la noche. El programa es sencillo, pero se nota que es la excusa para el reencuentro de quienes se fueron hace tiempo.
Si pasas por allí esos días, es fácil acabar charlando con algún vecino o viendo cómo se organiza todo casi en familia: aquí no hay grandes escenarios ni orquestas interminables, pero sí la sensación de pueblo pequeño donde todo el mundo se conoce y cualquiera ayuda a montar o recoger.
Información práctica
Fuente el Olmo de Íscar se encuentra a unos 40 kilómetros de Segovia capital. Lo habitual es llegar en coche, combinando carretera nacional y tramo final por carretera local, normalmente pasando por Íscar o su entorno. Desde Valladolid la distancia es similar; en ambos casos, el transporte público es muy limitado, así que conviene no contar con él salvo que revises horarios muy concretos [VERIFICAR].
No hay servicios turísticos como tal en la aldea: ni alojamientos ni restaurantes. Para dormir o comer tendrás que buscar en Íscar, Cuéllar o en otros pueblos de la comarca. Si tu plan es pasar el día caminando por los pinares, llevar agua y algo de comida no es mala idea, sobre todo fuera del verano, cuando hay menos cosas abiertas en los alrededores entre semana. En días de calor, calcula bien el tiempo de ruta: la sombra del pinar ayuda, pero las rectas se hacen largas.
La primavera suele ser el momento más agradecido para pasear: campos verdes, temperaturas suaves y más horas de luz. El otoño tiene su punto, con el pinar más vivo y el campo ya en tonos ocres. En verano puede apretar el calor durante el día, pero refresca por la noche; el invierno es frío y a veces ventoso, con una sensación de paisaje más desnudo. Si hace mal tiempo, el pueblo se queda en poco más de un paseo corto y alguna vuelta en coche por los alrededores.
Si solo tienes 1–2 horas
- Entrar al pueblo, aparcar sin molestar (piensa que cualquier portal puede ser una cochera y que hay pocas plazas “muertas”).
- Dar un paseo tranquilo por las pocas calles del casco, acercarte a la iglesia y seguir caminando hacia las afueras para asomarte a los pinares.
- Volver por un camino distinto, cerrando un pequeño círculo. En ese tiempo te haces una idea bastante real de lo que es Fuente el Olmo, sin necesidad de correr.
Errores típicos
- Pensar que hay “mucho que ver”: el pueblo es pequeño y se recorre rápido. Es más una parada tranquila dentro de una jornada por la comarca que un destino al que dedicar varios días.
- Confiar en encontrar bares o tiendas abiertos en el propio pueblo: lo normal es que tengas que desplazarte a Íscar u otra localidad cercana.
- Subestimar lo monótono del pinar si no te gusta caminar: si no disfrutas de senderos largos y rectos entre pinos, la visita se te puede hacer corta y repetitiva.
- Ir sin agua ni gorra en días de calor: el bosque da sombra, pero las pistas son largas y no hay fuentes en cada cruce.
Lo que no te cuentan
Fuente el Olmo de Íscar se ve en poco tiempo y el interés está más en el ambiente rural y el monte cercano que en grandes monumentos. Las fotos de pinares al atardecer pueden engañar un poco: el paisaje es sencillo, repetitivo y muy silencioso. Aquí no hay casco histórico restaurado ni calles llenas de terrazas; lo que hay es vida de pueblo muy pequeña, puertas medio abiertas en verano y algún perro que ladra al notar movimiento.
Si buscas un pueblo monumental, aquí no lo vas a encontrar; si lo que quieres es parar el ritmo, oír tus propios pasos sobre la tierra y cruzarte con dos coches en toda la tarde, entonces este rincón de la Tierra de Pinares encaja bastante bien.