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sobre Fuentesaúco de Fuentidueña
Destaca por su iglesia románica y la producción de achicoria en el pasado
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En el corazón de la Tierra de Pinares segoviana, a 892 metros de altitud, se encuentra Fuentesaúco de Fuentidueña, una pequeña aldea donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo. Con algo más de doscientos habitantes, este rincón de Castilla y León representa bien la esencia del medio rural castellano, donde las casas de piedra y adobe se funden con el paisaje de pinares y campos de labor que se extienden hasta donde alcanza la vista.
El nombre del municipio evoca su origen: "fuente saúco" hace referencia a las fuentes naturales rodeadas de saúcos que abundaban en la zona, mientras que "de Fuentidueña" señala su histórica vinculación con la antigua Comunidad de Villa y Tierra de Fuentidueña. Llegar hasta aquí es adentrarse en una Castilla silenciosa y contemplativa, donde la arquitectura tradicional y el entorno natural configuran un paisaje de valor más cotidiano que monumental.
Este pequeño núcleo rural no está pensado para un turismo de grandes planes. Aquí no encontrarás monumentos espectaculares ni una lista interminable de visitas guiadas. Lo que hay es tranquilidad, casas de siempre, campos y pinar. Y con eso hay que venir mentalizado.
¿Qué ver en Fuentesaúco de Fuentidueña?
El principal atractivo de Fuentesaúco de Fuentidueña está en su conjunto arquitectónico tradicional. Las casas de piedra y adobe, con sus característicos zaguanes y corrales, conforman un tejido urbano que refleja siglos de adaptación al medio. Pasear por sus calles es como recorrer un pequeño muestrario de arquitectura popular castellana, donde cada vivienda habla de trabajo agrícola y vida sencilla. No esperes un casco antiguo “de postal”, sino un pueblo vivo, con arreglos, tapias nuevas y construcciones más modernas mezcladas.
La iglesia parroquial preside el núcleo urbano, sobria y sin grandes alardes, pero bien integrada en el paisaje del pueblo. Aunque de dimensiones modestas, conserva elementos de interés que se aprecian mejor con una visita tranquila. Suele estar cerrada fuera de misa, así que si quieres verla por dentro tendrás que cuadrar horarios o preguntar a algún vecino [VERIFICAR].
Los lavaderos tradicionales, recientemente restaurados, son otro testimonio de la vida cotidiana de antaño y se han convertido en un punto de interés etnográfico. No esperes un gran conjunto monumental: es un rincón sencillo, pero ayuda a entender cómo se organizaba la vida comunitaria. Merece la pena acercarse un momento y fijarse en los detalles: las piedras gastadas, los desagües, el entorno.
El entorno natural es uno de los puntos fuertes. La Tierra de Pinares rodea el municipio con extensos bosques de pino resinero y piñonero que permiten paseos largos, sombra en verano y buenos ratos de silencio. En primavera y otoño, el paisaje gana mucho: los campos de cereal cambian de color y el pinar aparece como manchas oscuras que rompen la llanura. En invierno la estampa es más áspera, pero también más auténtica.
Las fuentes naturales que dieron nombre al pueblo siguen siendo lugares interesantes para acercarse andando. Algunas conservan sus construcciones tradicionales de piedra, pequeños refugios frescos en los meses estivales. Son rincones humildes, más de merendero rural que de fotografía espectacular, y en época seca alguna puede llevar poco caudal [VERIFICAR].
Qué hacer
El senderismo es la actividad más lógica en Fuentesaúco de Fuentidueña. Los caminos rurales y vías pecuarias que atraviesan el término municipal permiten diseñar rutas sencillas entre pinares y tierras de cultivo. No hay una red señalizada al detalle, así que conviene venir con mapa, GPS o una ruta pensada de antemano, y no fiarse solo de “tirar por el camino más ancho” porque muchos se parecen. La Cañada Real Soriana Oriental pasa cerca del municipio y se puede aprovechar algún tramo para caminar por una de las históricas vías de trashumancia castellanas.
La micología cobra especial relevancia en otoño, cuando los pinares se llenan de setas. Los níscalos suelen ser abundantes tras las primeras lluvias, lo que atrae a aficionados a la recolección (siempre con los permisos necesarios, respetando cupos y con conocimiento, porque también salen especies tóxicas). En fines de semana buenos de setas la afluencia puede sorprender para lo pequeño que es el pueblo, y los accesos a los caminos se llenan rápido.
La observación de aves tiene sentido aquí por la mezcla de hábitats: pinares, cultivos y pastizales. Es relativamente fácil ver rapaces como milanos y ratoneros, además de pequeñas aves forestales y de medio agrícola. No es un “spot” ornitológico famoso, pero para quien tenga paciencia y prismáticos, el entorno responde. Es más de ir tranquilo, pasear y estar atento que de plantarse en un mirador concreto.
Para los interesados en la gastronomía tradicional, la zona es conocida por los piñones, el cordero lechal y los embutidos caseros. En las localidades cercanas de mayor tamaño encontrarás asadores y restaurantes de cocina castellana. En Fuentesaúco en sí conviene venir comido o con la compra hecha, porque la oferta es limitada y los horarios pueden ser muy de pueblo.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto, con los elementos habituales de las celebraciones rurales castellanas: misa, procesión, verbena popular y comidas compartidas. Estos días, el pueblo cambia de ritmo con la llegada de emigrantes y familiares, y es cuando más vida hay en la calle. Si vienes buscando ambiente, es el momento.
La matanza del cerdo es una tradición que algunas familias mantienen en invierno, ya de forma más puntual que antes. A finales de enero o principios de febrero, esta actividad formaba parte del calendario rural clásico y todavía se conserva en algunas casas como costumbre familiar. Hoy ya no es un evento “abierto”, sino algo más doméstico.
Las celebraciones religiosas del calendario litúrgico, como la Semana Santa o el Corpus, se viven con la sencillez propia de las pequeñas comunidades, sin grandes despliegues pero con participación vecinal.
Información práctica
Cómo llegar
Desde Segovia (a unos 65 kilómetros), se accede por la N-110 en dirección a Aranda de Duero, desviándose en las proximidades de Fuentidueña por carreteras locales. El trayecto suele rondar la hora de coche, según tráfico y paradas.
Desde Valladolid, la distancia es similar, tomando la CL-602 y posteriormente carreteras provinciales. A partir de aquí, toca encadenar tramos de secundaria, así que mejor no venir con prisas y tener en cuenta que casi todo son carreteras de un carril por sentido.
No hay transporte público regular, por lo que es imprescindible vehículo propio.
Cuándo visitar Fuentesaúco de Fuentidueña
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son los momentos más agradables para pasear y hacer rutas, con temperaturas suaves y el paisaje en buen momento. El verano puede ser caluroso en las horas centrales, aunque las noches refrescan por la altitud y el pinar ayuda algo. El invierno es frío, con heladas frecuentes y días cortos: para una visita rápida y pasear un rato, bien; para rutas largas, hay que prepararse con ropa y luz.
Si lo que se busca es ambiente de pueblo lleno, hay que apuntar a agosto, coincidiendo con fiestas y regreso de gente que vive fuera. El resto del año el pueblo está tranquilo, a veces muy tranquilo: entre semana en invierno puedes no cruzarte casi con nadie.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo por el casco urbano, sin prisa, fijándote en casas, corrales y detalles constructivos.
- Acercarte a la iglesia y a los lavaderos.
- Estirar un poco las piernas por algún camino cercano al pueblo, sin montar una ruta seria.
Si tienes el día entero
- Combinar la visita con otros pueblos de la zona de Fuentidueña o con algún tramo de la Cañada Real.
- Hacer una ruta circular sencilla por el pinar (mirando antes el trazado, porque no está señalizado).
- Parar a comer en alguna localidad cercana con más servicios y rematar la tarde con un paseo tranquilo por Fuentesaúco.
Lo que no te cuentan
Fuentesaúco de Fuentidueña se ve rápido. El casco urbano se recorre en menos de una hora a paso normal. Tiene más sentido como parada dentro de una ruta por la zona de Fuentidueña o la Tierra de Pinares que como destino único para varios días, salvo que vengas buscando precisamente silencio y poco más.
Las fotos de pinares y campos pueden dar sensación de gran variedad paisajística; en realidad, el entorno es bastante homogéneo: pino, cereal y caminos. A quien le gusta este tipo de paisaje abierto, repetitivo y calmado, le encaja; quien busque montañas, gargantas o grandes miradores se va a quedar corto.
En días de lluvia o viento fuerte, el pinar pierde parte de su atractivo y los caminos se embarran. Si el tiempo viene malo, es un lugar más para dar una vuelta corta y seguir ruta que para pasar aquí toda la jornada.