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sobre Gomezserracín
En la comarca del Carracillo; importante producción hortícola y entorno de pinares
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Hay pueblos que parecen sacados de una postal y otros que funcionan más bien como un taller abierto. Gómezserracín es de los segundos. En este rincón de la Tierra de Pinares, en Segovia, el monte no es un decorado: es parte del trabajo y de la conversación diaria. El olor a resina, sobre todo en días de calor, aparece antes que cualquier cartel de bienvenida.
Con unos 600 y pico vecinos, el ritmo aquí es el de un sitio pequeño de verdad. De esos donde a media mañana se oye más maquinaria agrícola que tráfico. Las casas son bajas, muchas de adobe reforzado con ladrillo o piedra, y no faltan los portones grandes de madera que recuerdan que durante mucho tiempo los corrales y los aperos formaban parte de la vivienda igual que la cocina.
No hay grandes monumentos ni museos. Gómezserracín juega otra liga: la de los pueblos donde entiendes rápido de qué vive el lugar. Y aquí, durante generaciones, se ha vivido del pinar.
Pasear por el pueblo
La iglesia de Nuestra Señora del Rosario ocupa buena parte del protagonismo en la plaza. Es un edificio sencillo, muy en la línea de muchos pueblos de la zona: funcional, sin demasiados adornos, pero con ese papel de punto de encuentro que en los pueblos sigue teniendo la iglesia.
Si caminas por la calle Mayor y te metes por calles como Santa Ana, vas viendo esa arquitectura de trabajo: viviendas compactas, patios interiores y alguna nave agrícola mezclada con casas más antiguas. No es un casco histórico de los que te obligan a ir mirando hacia arriba todo el rato. Aquí el interés está más en fijarse en los detalles cotidianos: un carro viejo guardado bajo un cobertizo, montones de leña apilada o los portones enormes que antes dejaban pasar animales y carros.
En realidad, el pueblo se recorre rápido. En una hora tranquila lo tienes bastante visto. Pero Gómezserracín no se entiende solo con el casco urbano; el pinar empieza prácticamente al salir de las últimas casas.
El pinar: el verdadero paisaje
Si algo define esta zona de la Tierra de Pinares son los pinares de pino resinero. Kilómetros y kilómetros de árboles rectos, con esas cicatrices en la corteza que dejan las antiguas labores de resinación.
Durante mucho tiempo, sacar resina fue uno de los motores económicos del pueblo. Hoy la actividad es menor que hace décadas, aunque todavía quedan zonas donde se trabaja o se recuerdan bien las técnicas. Si paseas por los caminos forestales verás esas marcas en los troncos que parecen pequeñas escaleras grabadas en la madera.
El terreno es muy llano, así que caminar o ir en bici resulta bastante cómodo. No hay grandes miradores ni rutas espectaculares de montaña. Es más bien ese tipo de paseo en el que avanzas entre pinos altos, suelo arenoso y silencio, roto a ratos por algún pájaro o por el viento moviendo las copas.
A primera hora del día no es raro ver corzos cruzando algún claro, y también hay bastante jabalí, aunque esos suelen dejarse notar más por las huellas que por la presencia.
Setas y temporada de otoño
Cuando llegan las lluvias de otoño, mucha gente de la zona sale al pinar con cesta. Los níscalos suelen aparecer en buen número algunos años, siempre ligados a cómo venga la temporada.
Eso sí, si no conoces bien las especies, conviene ir con alguien que sepa o informarse antes. En los pueblos de la comarca hay bastante cultura micológica y también respeto por el monte, así que no es raro escuchar a vecinos explicar dónde mirar… y también dónde es mejor no tocar nada.
Qué comer por aquí
En esta parte de Segovia manda el cordero lechal asado. Es uno de esos platos que forman parte de la vida familiar y de las celebraciones desde hace generaciones. Tradicionalmente se preparaba en hornos de leña, algo que todavía se mantiene en algunas ocasiones señaladas.
También son comunes las verduras de temporada de la huerta: judías verdes, guisantes o productos de la matanza en invierno. Cocina de campo, sin demasiados rodeos.
Excursiones cerca
Gómezserracín puede servir como parada tranquila mientras recorres la Tierra de Pinares. A poca distancia hay pueblos con más movimiento y patrimonio, como Cantalejo o Cuéllar, donde aparecen castillos, iglesias mudéjares y bastante más ambiente.
Mucha gente combina ambas cosas: un rato de paseo por el pinar y luego acercarse a alguno de esos núcleos más grandes para completar el día.
Fiestas y vida del pueblo
El calendario festivo sigue muy ligado a las tradiciones locales. Las celebraciones en torno a San Gregorio, a comienzos de marzo, suelen ser una de las fechas marcadas para los vecinos. También se mantienen procesiones en Semana Santa y algunas romerías en los alrededores cuando llega el buen tiempo.
No es un lugar que intente llamar la atención del viajero. Y quizá ahí está la gracia. Gómezserracín funciona como esos sitios donde todo gira alrededor del monte, el trabajo y la vida diaria. Si te acercas con esa idea, lo entiendes rápido. Y el olor a pino se te queda un buen rato.