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sobre Pedraja de Portillo
Localidad conocida por su encierro taurino y su iglesia; situada en la comarca de Pinares
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En el corazón de la Tierra de Pinares vallisoletana, donde los pinares se mezclan con las tierras de cereal y algún regato discreto, Pedraja de Portillo es uno de esos pueblos que siguen viviendo de cara al campo y al monte, sin grandes alardes ni decorado para la foto. Con sus 1.175 habitantes y situada a 717 metros de altitud, esta localidad mantiene un ritmo tranquilo y muy de diario, donde el día gira alrededor de la plaza, las faenas agrícolas y los paseos por el pinar.
El nombre de Pedraja evoca esas tierras pedregosas características de la zona, mientras que su apellido "de Portillo" recuerda la histórica vinculación con esta villa cercana. Pasear por sus calles es recorrer la memoria de Castilla, donde las casas tradicionales de ladrillo y adobe conviven con construcciones más recientes, testigos del paso del tiempo en una comarca que ha sabido mantener vivas sus tradiciones, aunque adaptadas a la vida actual y a una población que ya no vive solo del campo.
La ubicación de Pedraja de Portillo, en plena Tierra de Pinares, la convierte en un buen punto de partida para explorar esta comarca singular, caracterizada por sus extensos bosques de pino resinero y un paisaje llano que se extiende hasta el horizonte. Aquí, el silencio se rompe poco más que por los tractores, el canto de los pájaros y el susurro del viento entre las copas de los árboles.
¿Qué ver en Pedraja de Portillo?
El patrimonio de Pedraja de Portillo refleja la sencillez y funcionalidad de la arquitectura castellana tradicional. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano, como es habitual en los pueblos de la zona, y actúa como principal referente arquitectónico de la localidad. Su estructura de ladrillo, material omnipresente en estas tierras, recuerda el estilo mudéjar que caracteriza gran parte del patrimonio religioso vallisoletano, aunque aquí sin grandes florituras.
El entorno natural es uno de los puntos fuertes de la localidad. Los pinares que rodean el municipio forman parte de esos extensos bosques que dan nombre a la comarca y que antaño fueron fuente de riqueza gracias a la industria resinera. Pasear por estos bosques permite descubrir un ecosistema donde el pino piñonero y el resinero crean paisajes muy agradecidos para caminar, especialmente al atardecer cuando la luz dorada se filtra entre las copas y el olor a resina se hace más intenso.
El casco urbano mantiene esa estructura típica de los pueblos cerealistas castellanos, con calles que convergen hacia la plaza principal, espacio de encuentro y vida social. Las construcciones tradicionales, algunas con bodegas subterráneas excavadas en la tierra, hablan de una cultura vinícola que ha formado parte de la identidad de estas tierras, aunque hoy la vida diaria se apoye más en el pinar y el cultivo de cereal que en la viña.
¿Qué hacer?
La Tierra de Pinares es terreno cómodo para el senderismo y las rutas en bicicleta. Los caminos que atraviesan los pinares y conectan las distintas localidades de la comarca permiten disfrutar de jornadas al aire libre, respirando el característico aroma a resina que impregna el ambiente. No hay grandes desniveles, pero sí muchas pistas rectas, de esas que se hacen largas si aprieta el sol; por eso estas rutas se disfrutan más en primavera y otoño, cuando las temperaturas son más suaves y el polvo del camino no se levanta tanto.
Para los aficionados a la micología, los meses de otoño convierten la zona en un buen lugar para la búsqueda de setas. Los pinares albergan diversas especies que atraen a numerosos aficionados, aunque siempre es recomendable contar con conocimientos apropiados o la compañía de gente que conozca bien el monte. Conviene informarse antes sobre permisos y normativas vigentes, porque la recogida suele estar regulada y no es cuestión de fiarlo todo al “yo pensaba que…”.
La gastronomía local merece una atención especial. Los asados de lechazo y cordero, preparados en horno de leña, condensan la cocina castellana más clásica. Los productos de la tierra, como las legumbres y las verduras de las huertas locales, forman parte de una cocina tradicional directa y contundente. Los embutidos artesanales y el pan elaborado según recetas tradicionales completan una oferta gastronómica que está pensada más para llenar mesas familiares de domingo que para lucir en redes sociales.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Pedraja de Portillo mantiene vivas las tradiciones castellanas. Las fiestas patronales, que se celebran durante el verano, concentran varios días de actividades donde los vecinos y visitantes comparten momentos de convivencia, con verbenas, actos religiosos y eventos deportivos que reúnen a toda la comunidad y devuelven a casa a quienes viven fuera.
En septiembre, como en muchos pueblos de la zona, se celebran fiestas que coinciden con el final de las faenas agrícolas, un momento tradicional de celebración tras el trabajo de la cosecha. Son días para ver el pueblo con más movimiento del habitual, con las peñas en la calle y las plazas llenas hasta altas horas.
Las tradiciones culinarias vinculadas al ciclo anual, como la matanza del cerdo en invierno, siguen formando parte de la vida rural, manteniendo costumbres que conectan con el pasado agrícola de la comarca, aunque hoy se organicen de forma más puntual y menos doméstica que hace décadas, y muchas familias hayan pasado de la matanza en casa a formatos más organizados.
Cuándo visitar Pedraja de Portillo
La primavera y el otoño son las estaciones más agradecidas, con temperaturas suaves para caminar por el pinar y pasear por el pueblo sin achicharrarse ni helarse. El otoño añade el atractivo de los colores cambiantes del paisaje, la temporada micológica y un ambiente más recogido en el pueblo, con menos trajín de coches pero más vida en los bares.
El verano puede ser caluroso, y a ciertas horas del día el campo se hace pesado si no hay sombra, pero coincide con muchas de las fiestas, cuando hay más ambiente y más actividades. En invierno, los días son fríos y cortos; el pinar sigue teniendo su gracia, pero conviene venir bien abrigado y asumir que la vida se concentra más puertas adentro y en las horas centrales del día.
Si llueve o hace mal tiempo, el paseo por el casco urbano y las visitas más tranquilas (iglesia, bodegas si tienes ocasión) ganan terreno frente a las rutas largas por el monte, que con barro y agua pierden atractivo y pueden acabar siendo más un resbaladero que un paseo cómodo.
Lo que no te cuentan
Pedraja de Portillo es un pueblo pequeño y muy vivido hacia adentro: en una mañana tranquila te haces una buena idea del casco urbano. El tiempo extra compensa si lo quieres dedicar a caminar o pedalear por el pinar o a conocer otros pueblos cercanos y montar una ruta por toda la Tierra de Pinares.
Las fotos de los pinares pueden engañar un poco: el paisaje es bonito, pero es llano y repetitivo. Si buscas montañas, barrancos o grandes miradores, no es tu sitio; si lo que quieres es caminar en horizontal, sin cuestas, con ese horizonte casi infinito típico de Castilla, entonces encaja mejor.
Como ocurre en muchos pueblos de la zona, no hay una oferta turística pensada al detalle: no esperes oficinas de turismo abiertas a todas horas ni visitas guiadas diarias. Aquí toca improvisar un poco, preguntar en los bares, en la tienda o a quien pilles en la plaza. Suele funcionar y, de paso, te llevas información más real que la de cualquier folleto.
Errores típicos al visitar Pedraja de Portillo
- Venir en pleno verano a mediodía y pretender hacer una ruta larga por el pinar: con el sol alto y sin apenas sombra continua, el camino se hace eterno. Mejor primeras horas de la mañana o última de la tarde.
- Esperar monumentos "de foto": Pedraja es un pueblo de vida cotidiana, de arquitectura humilde y funcional. Si vienes buscando grandes iglesias o castillos, te quedarás corto.
- Calcular mal los tiempos: el pueblo se ve rápido, pero las pistas entre pinares engañan; son rectas, largas y todas se parecen. Antes de lanzarte a caminar “un rato”, mira bien el mapa y marca un recorrido razonable.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Valladolid, la capital provincial situada a unos 40 kilómetros, se accede a Pedraja de Portillo por la carretera CL‑601 en dirección a Segovia, tomando el desvío señalizado hacia el municipio. En coche el trayecto es sencillo y rápido; el transporte público existe, pero las frecuencias pueden ser limitadas según el día de la semana, así que conviene comprobar horarios antes de confiar en el autobús.