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sobre Pedraja de Portillo
Localidad conocida por su encierro taurino y su iglesia; situada en la comarca de Pinares
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El turismo en La Pedraja de Portillo se entiende mejor si se mira primero el territorio. El municipio se sitúa en la Tierra de Pinares, una franja amplia del sur de la provincia de Valladolid donde el paisaje alterna masas de pino resinero con campos de cereal. Con algo más de mil habitantes y a unos 717 metros de altitud, la localidad mantiene una relación muy directa con ese entorno: el pinar ha sido durante generaciones una fuente de trabajo, igual que las tierras de cultivo que rodean el casco urbano.
El nombre de Pedraja suele relacionarse con la naturaleza pedregosa del terreno en algunos puntos de la zona. El añadido “de Portillo” señala la cercanía histórica con esa villa, que durante siglos tuvo un peso administrativo y defensivo en el área. El pueblo creció ligado a esa red de pequeñas localidades agrícolas que estructuran la comarca.
El trazado urbano responde bastante bien a ese origen. Las calles desembocan en la plaza, que sigue siendo el centro de la vida cotidiana. La arquitectura es la habitual en buena parte del interior de Valladolid: muros de ladrillo, adobe en las construcciones más antiguas y reformas más recientes que conviven con ellas sin demasiado orden. No es un casco histórico monumental, pero sí permite entender cómo se han organizado estos pueblos agrícolas.
La iglesia y el tejido del pueblo
La iglesia parroquial ocupa una posición visible dentro del núcleo urbano. Está construida principalmente en ladrillo, un material muy presente en la arquitectura tradicional de la provincia. Su aspecto es sobrio, acorde con muchos templos rurales de la Meseta, levantados más con una función práctica que con voluntad ornamental.
Más allá del edificio en sí, su presencia ayuda a leer el pueblo. Como en muchas localidades castellanas, la iglesia marca uno de los puntos de referencia del trazado urbano y durante siglos concentró buena parte de la vida comunitaria: celebraciones religiosas, reuniones y momentos clave del calendario local.
Los pinares de la comarca
Alrededor del pueblo se extienden los pinares que dan nombre a toda la comarca. Son masas forestales bastante homogéneas, atravesadas por caminos rectos que en muchos casos se abrieron para el aprovechamiento de la resina o para el acceso a parcelas forestales.
Durante buena parte del siglo XX, la resina fue una actividad importante en estos montes. Todavía es posible ver en algunos troncos las marcas de antiguas extracciones. Hoy el pinar se usa sobre todo para pasear, recorrer en bicicleta o simplemente caminar sin grandes desniveles, algo característico de esta parte de la provincia.
En otoño es frecuente la recogida de setas en los pinares cercanos. En muchas zonas de Castilla y León esta actividad está regulada, por lo que conviene informarse antes de salir al monte.
Un pueblo de estructura cerealista
La Pedraja de Portillo responde bastante bien al modelo de pueblo cerealista de la Meseta: un núcleo compacto rodeado por tierras de cultivo y, en este caso, por extensiones de pinar. Algunas casas conservan bodegas excavadas en el subsuelo, una solución tradicional para mantener estable la temperatura del vino y de otros alimentos.
Aunque la viticultura ya no tiene el peso que tuvo en otras épocas, estas bodegas siguen formando parte del paisaje doméstico del pueblo.
Cuándo ir y cómo recorrerlo
El casco urbano se recorre sin dificultad en un paseo tranquilo. La parte más interesante del entorno está en los caminos que salen hacia el pinar, donde el terreno es prácticamente llano.
Primavera y otoño suelen ser las épocas más agradables para caminar por la zona, cuando las temperaturas son más suaves y el pinar se utiliza más por los propios vecinos. A partir de ahí, lo más sensato es tomarse el pueblo con calma y entenderlo como lo que es: una localidad pequeña de la Tierra de Pinares, muy vinculada a su paisaje y a las actividades tradicionales de la comarca.