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sobre Laguna de Duero
Segunda localidad más poblada de la provincia; destaca por su lago natural y su cercanía a la capital con todos los servicios
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A apenas diez kilómetros de Valladolid, Laguna de Duero se extiende en plena comarca de Tierra de Pinares como una localidad que mezcla pasado agrícola y presente residencial. Con más de 22.000 habitantes y situada a 704 metros de altitud, debe su nombre a una antigua laguna que existió en sus inmediaciones hasta el siglo XVIII, cuando fue desecada para ganar terreno de cultivo. Hoy, entre pinares y alguna viña dispersa, Laguna conserva un patrimonio cultural modesto pero digno de una parada tranquila, y una personalidad marcada por su cercanía a la capital.
Aunque muchos la tienen en la cabeza como ciudad dormitorio de Valladolid, Laguna de Duero guarda rincones que piden algo más que cruzarla en coche. Su proximidad a la capital la convierte en una buena base práctica para moverse por la provincia, pero también en un lugar con vida propia, parques, historia reciente y una gastronomía muy vallisoletana. Quien se acerque encontrará un municipio funcional, con todos los servicios y un ambiente de pueblo grande, más pensado para vivir que para el turismo masivo.
Rodeada por los característicos pinares de la comarca, Laguna de Duero permite un contacto directo con la naturaleza castellana, ese paisaje de horizontes amplios, cielos inmensos y pinar continuo que perfuma el aire con resina. Más que una “escapada rural” al uso, es una parada cómoda en una ruta por el entorno de Valladolid o por el corazón de Castilla y León.
¿Qué ver en Laguna de Duero?
El patrimonio histórico de Laguna de Duero, aunque modesto, resulta interesante para el visitante curioso. La Iglesia de Santa María de la Asunción preside el casco urbano con su arquitectura que combina elementos de diferentes épocas. Este templo, con orígenes medievales pero reformado en siglos posteriores, conserva retablos de interés y constituye el principal monumento religioso de la villa.
Otro punto de referencia es la Ermita de Nuestra Señora del Villar, situada en las afueras, un templo de factura sencilla pero con gran valor devocional para los laguneros. Los paseos por el entorno de esta ermita permiten disfrutar de las vistas sobre los campos y pinares circundantes y entender mejor el vínculo del pueblo con su entorno agrícola.
El Parque de las Salinas es uno de los espacios verdes más emblemáticos de la localidad. Este pulmón verde ofrece zonas de paseo, áreas infantiles y lagos artificiales que recuerdan, en cierto modo, a aquella antigua laguna que dio nombre al municipio. Es el parque al que se va a diario a pasear, correr o simplemente sentarse al fresco en verano; no es un gran jardín histórico, sino un parque muy de uso cotidiano.
Conviene dedicar un rato al casco urbano, donde se alternan edificaciones modernas con algunas casas tradicionales castellanas que conservan el sabor de la villa de antaño. La Plaza Mayor y sus alrededores concentran la vida social y comercial del municipio, especialmente en días laborables por la mañana y a la hora del vermú.
Qué hacer
Laguna de Duero es punto de partida habitual para rutas de senderismo por los pinares de la comarca de Tierra de Pinares. Existen varios caminos y sendas que permiten adentrarse en estos bosques de pino resinero, característicos de esta zona de Valladolid. Las rutas en bicicleta son también muy populares entre los vecinos y visitantes, con caminos rurales relativamente llanos y cómodos.
Para los amantes del enoturismo, la proximidad a la denominación de origen Rueda (a unos 30 kilómetros) facilita organizar visitas a bodegas donde probar los vinos blancos elaborados con uva verdejo. Desde Laguna es sencillo plantear una jornada de catas y paseos entre viñedos combinándola con Valladolid u otros pueblos de la zona.
La gastronomía local sigue la línea castellana: en los establecimientos del municipio se pueden probar platos como lechazo asado, sopas castellanas, chuletillas y productos de la huerta del Duero. Los fines de semana, muchos vallisoletanos se acercan hasta aquí para comer en ambiente familiar, así que conviene reservar o ir con algo de margen.
Los mercados y ferias que se celebran periódicamente en la villa son otra actividad interesante, donde encontrar productos locales y artesanía de la zona. No son grandes eventos turísticos, sino citas más bien comarcales, con un ambiente muy de pueblo.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Laguna de Duero se concentra especialmente en septiembre, cuando se celebran las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora del Villar. Durante varios días, la villa se llena de actividad con verbenas, actuaciones musicales, concursos populares y, por supuesto, procesiones religiosas. Es un buen momento para ver el pueblo con más vida en la calle y entender su carácter festivo, sabiendo que también implica ruido hasta tarde en las zonas más céntricas.
En primavera, durante las celebraciones de la Semana Santa, se organizan procesiones que recorren las principales calles del municipio, manteniendo viva la tradición religiosa tan arraigada en tierras castellanas.
También tienen relevancia las celebraciones de San Isidro Labrador en mayo, con bendiciones de campos y actividades relacionadas con el mundo rural, aunque con menos intensidad que en localidades más pequeñas, donde el peso del campo sigue siendo mayor.
Cuándo visitar Laguna de Duero
Laguna puede visitarse durante todo el año, aunque la primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los momentos más agradables para caminar y disfrutar del entorno natural. En verano las temperaturas pueden ser altas, típicas del clima continental de la meseta castellana: madrugar o salir a última hora de la tarde ayuda a llevarlo mejor.
En invierno, los días son fríos y cortos, pero si la idea es combinar Laguna de Duero con Valladolid u otras localidades cercanas, no es mala época para centrarse más en visitas culturales y dejar los paseos largos por el pinar para otras estaciones.
Si te interesan las fiestas patronales, habrá más ambiente y actividades en septiembre, pero también más ruido nocturno y menos tranquilidad en las zonas céntricas.
Errores típicos al visitar Laguna de Duero
- Esperar un casco histórico monumental: Laguna de Duero es un pueblo grande y muy residencial. Tiene algunos elementos patrimoniales, pero no es una villa medieval ni un conjunto histórico como tal.
- Calcular mal los tiempos con Valladolid: está muy cerca, pero entre tráfico, semáforos y aparcamiento, el trayecto puede alargarse más de lo que marca el mapa. Si vas y vuelves en el día varias veces, tenlo en cuenta.
- Subestimar el calor y la falta de sombra fuera del pinar: en verano, las horas centrales del día se hacen pesadas para caminar por zonas abiertas. El pinar se lleva mejor, pero aun así conviene llevar agua y gorra.
Lo que no te cuentan
Laguna de Duero se ve rápido si solo te centras en “lo turístico”: en unas pocas horas has paseado por el centro, entrado en la iglesia, te has acercado a la ermita y has dado una vuelta por el Parque de las Salinas. Lo que engancha, si repites, no es un gran monumento sino el ritmo de pueblo grande, los paseos por el pinar y el uso cotidiano de sus parques y servicios.
Más que destino para varios días, funciona bien como base para moverte por Valladolid y alrededores, o como parada tranquila en una ruta por la provincia. Si lo que buscas es un casco histórico de postal, te quedarás corto; si asumes que estás en una localidad contemporánea, con historia pero muy vivida, la visita encaja mejor.