Artículo completo
sobre Laguna de Duero
Segunda localidad más poblada de la provincia; destaca por su lago natural y su cercanía a la capital con todos los servicios
Ocultar artículo Leer artículo completo
El olor a resina aparece antes que las primeras casas. Es el pinar que rodea Laguna de Duero, una franja de bosque que forma parte de la Tierra de Pinares vallisoletana. El nombre del municipio recuerda algo que ya no está: durante siglos hubo aquí una laguna amplia, hoy desaparecida tras distintos procesos de drenaje y transformación agrícola que fueron ganando terreno para cultivo en la vega cercana al Duero. El resultado actual es un pueblo grande, muy ligado a Valladolid, donde el pinar, el regadío y algunos lugares históricos ayudan a entender cómo se ha ido formando el territorio.
El antiguo convento de El Abrojo
A unos pocos kilómetros del casco urbano, entre campos de cultivo y pinares, se encuentran las ruinas del antiguo convento de El Abrojo. El origen del conjunto se remonta al siglo XV, cuando los franciscanos establecieron aquí una casa que con el tiempo acabaría relacionada con la corte castellana. La zona era terreno de caza y retiro, y distintos monarcas pasaron temporadas en estos pinares.
Hoy lo que queda son restos de muros de ladrillo y partes del conjunto conventual, lo suficiente para hacerse una idea del tamaño que tuvo. El lugar está ligeramente elevado sobre la llanura y mira hacia la vega del Duero, una posición tranquila que explica bien por qué se eligió este enclave.
La tradición franciscana del lugar suele recordar también a San Pedro Regalado, muy vinculado a esta casa religiosa antes de fundar otros conventos en Castilla. Aunque el edificio está arruinado, el paraje mantiene cierta carga histórica y se entiende mejor si se piensa en estos pinares como antiguos cotos de retiro y de caza de la monarquía.
La ermita del Villar y el cerro que domina la llanura
Al sur del pueblo se levanta el cerro del Villar, una pequeña elevación desde la que se abre la vista hacia Valladolid y hacia el mosaico de pinares que caracteriza esta comarca. En la cima está la ermita del Villar, levantada entre los siglos XVI y XVII según suele indicarse en la documentación local.
Dentro se guarda la imagen de la Virgen del Villar, muy vinculada a la identidad del municipio. La talla se considera medieval y mantiene una fuerte tradición devocional. Durante buena parte del año permanece cubierta con mantos, y solo en determinadas celebraciones se muestra completa antes de bajar en procesión hasta la iglesia parroquial del pueblo.
La leyenda más repetida cuenta que la imagen apareció en una cueva del propio cerro y que, cuando intentaron trasladarla al pueblo, volvía a aparecer en el mismo lugar. Como en tantas historias de santuarios rurales, la solución fue levantar allí mismo la ermita. Detrás del altar todavía se señala la pequeña cavidad asociada a ese relato.
La subida al cerro no es larga, pero sí continua. Arriba suele soplar viento y la panorámica ayuda a entender la geografía de esta parte de la provincia: llanura agrícola, manchas de pinar y, más al fondo, la línea del valle del Duero.
Cocina castellana con producto de la zona
En Laguna de Duero la mesa sigue muy ligada a la tradición castellana. El lechazo asado en horno de leña aparece con frecuencia en las cartas, acompañado de sopa castellana o de platos de cuchara contundentes cuando llega el frío.
Los judiones guisados, las carnes de caza menor y preparaciones sencillas como el conejo al ajillo tienen sentido en un territorio donde el campo y el pinar han marcado durante siglos la dieta local. Los piñones, abundantes en la comarca, aparecen tanto en platos salados como en dulces.
Para beber, lo habitual es recurrir a vinos de las denominaciones cercanas, especialmente Rueda o Cigales, muy presentes en toda la provincia de Valladolid.
Caminos entre pinares y acequias
Buena parte del carácter de Laguna de Duero se entiende mejor caminando por sus alrededores. Hay varios senderos sencillos que conectan el pueblo con los pinares cercanos y con las infraestructuras hidráulicas que transformaron esta zona a finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Uno de los recorridos habituales sigue el trazado de acequias y canales de riego que todavía alimentan huertas y parcelas agrícolas. Son paseos cortos, llanos, donde aparecen pinares jóvenes y campos de cultivo.
Otro camino muy utilizado acompaña al Canal del Duero, la infraestructura que lleva agua hacia Valladolid desde finales del siglo XIX. A lo largo del recorrido todavía se ven compuertas y pequeños elementos de ingeniería hidráulica que siguen cumpliendo su función.
El tercer paseo clásico es el que conduce hasta El Abrojo atravesando el pinar. Es probablemente el tramo más silencioso: suelo arenoso, olor a resina y el sonido del viento entre los pinos.
Algunas orientaciones prácticas
– El cerro del Villar se puede subir andando desde el propio pueblo por caminos señalados que atraviesan zonas de pinar.
– El entorno de El Abrojo está en medio del campo; conviene llevar calzado cómodo y no confiar en encontrar servicios allí.
– Si te interesa la arquitectura popular, fíjate en algunas casas antiguas del casco urbano que aún conservan patios interiores y construcciones auxiliares ligadas al trabajo agrícola.
Laguna de Duero suele visitarse en una mañana o una tarde. Lo que realmente explica el lugar no está tanto en el centro urbano como en lo que lo rodea: pinares, caminos y esa historia discreta que conecta el pueblo con la vega del Duero y con la propia ciudad de Valladolid.