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sobre Lastras de Cuéllar
En el corazón de la tierra de pinares y lagunas; entorno natural privilegiado
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En pleno corazón de la Tierra de Pinares segoviana, entre rectas interminables de pinos resineros y caminos de arena, está Lastras de Cuéllar, un pueblo pequeño que vive a su ritmo. Con unos 300 habitantes, aquí no hay grandes monumentos ni espectáculos: hay tranquilidad, campo y vida de pueblo.
El nombre de Lastras hace referencia a las piedras planas de la zona, muy presentes en el paisaje y en algunas construcciones. El entorno manda: clima seco, pinares a todas partes y un modo de vida que sigue muy ligado al monte y a los trabajos de resina y leña.
¿Qué ver en Lastras de Cuéllar?
El patrimonio religioso se concentra en su iglesia parroquial, templo sencillo, típico de la arquitectura rural castellana, que marca el centro del pueblo y ha sido durante años el punto de reunión social además de religioso. Por dentro no es un gran museo, pero sí ayuda a entender cómo se organizaba la vida en torno a la parroquia.
Más allá del casco urbano, el verdadero interés está en el entorno natural. Los pinares que rodean la localidad forman parte de uno de los grandes macizos de pino resinero de la meseta. Aún se ven resineros trabajando y restos de antiguas explotaciones, que ayudan a entender cómo se ha vivido aquí durante décadas. No es un decorado: es un monte de trabajo.
La Tierra de Pinares es bastante llana, con ligeras ondulaciones y algunos arroyos estacionales. Las vías pecuarias que cruzan el término recuerdan la trashumancia y hoy sirven como buenos trazados para caminar o ir en bici, sin complicaciones de desnivel. En días de aire, el olor a resina se mete en todo.
El casco urbano es pequeño, se recorre en poco rato, pero aún conserva arquitectura popular en piedra, adobe y madera de pino. Si se pasea despacio se reconocen pajares, corrales y bodegas, elementos muy ligados a la agricultura, la ganadería y las matanzas de invierno. No todo está restaurado ni bonito: hay casas caídas y solares, parte de la realidad actual de estos pueblos.
Qué hacer
Lo más lógico en Lastras de Cuéllar es salir al campo. El senderismo por los pinares es la actividad principal: pistas anchas, sendas entre pinos y recorridos fáciles que se pueden adaptar según el tiempo y las ganas. Es terreno cómodo, pero muy expuesto al sol en verano. Con un poco de paciencia se pueden ver corzos, alguna raposa y muchas aves forestales; a primera y última hora del día es cuando más se mueve la fauna.
En otoño, la micología tiene mucho tirón. La gente viene a por níscalos y otras setas ligadas al pinar. Es importante respetar las normas locales, no arrasar zonas enteras y, sobre todo, no tocar lo que no se conoce. Si no se tiene experiencia, mejor preguntar a gente de la zona o apuntarse a salidas organizadas [VERIFICAR]. En algunas temporadas se controla el acceso y la recogida [VERIFICAR], conviene informarse antes.
Para quienes prefieren la bici, el cicloturismo encaja bien con este paisaje: carreteras secundarias con poco tráfico y pistas amplias permiten encadenar Lastras con otros pueblos de la Tierra de Pinares. No hay grandes puertos ni cuestas, pero el viento puede hacer el recorrido más duro de lo que parece. La cercanía a Cuéllar facilita combinar una jornada más “de pueblo pequeño” con otra más monumental.
La gastronomía se parece a la de toda la zona: lechazo asado, sopas castellanas, platos contundentes y productos de la matanza. No es cocina ligera, pero después de una buena caminata por el pinar entra sola. Conviene informarse antes de ir sobre dónde comer, porque la oferta es limitada, los horarios cambian de verano a invierno y no todo abre a diario [VERIFICAR].
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en verano, normalmente en agosto, con verbenas, peñas, actividades para todas las edades y actos religiosos. Es cuando el pueblo se llena: vuelven muchos vecinos que viven fuera y el ambiente cambia por completo. Si se busca calma absoluta, esos días no son los mejores.
A lo largo del año se mantienen costumbres ligadas al mundo rural, algunas ya muy reducidas, otras reconvertidas en actos más festivos que funcionales. Como en tantos pueblos de la comarca, el calendario agrícola y ganadero sigue marcando bastante el ritmo, aunque ya no tanto como hace unas décadas. Todavía se nota en pequeños detalles: horarios, ruidos, tractores entrando y saliendo del pueblo.
Cuándo visitar Lastras de Cuéllar
Primavera: El campo se agradece más, los pinares están más vivos y las temperaturas son suaves. Buen momento para caminar y para rutas en bici sin achicharrarse. En años lluviosos, los caminos de arena pueden estar algo pesados.
Otoño: Interesante por las setas y por los colores del pinar y los cultivos. Hay más movimiento de gente local en el monte y, algunos fines de semana, más coches aparcados en pistas y caminos.
Verano: Calor y sol de justicia en las horas centrales. Si se viene en estas fechas, mejor madrugar o salir a última hora de la tarde. A cambio, es cuando se celebran las fiestas y hay más ambiente en la calle.
Invierno: Paisaje más duro, frío seco y días cortos. A cambio, mucha calma y cielos muy limpios. Si se viene a pasear, ropa de abrigo y buen calzado, porque las heladas aguantan y las primeras horas del día pueden ser incómodas.
Errores típicos
- Esperar demasiadas cosas que ver en el pueblo: Lastras de Cuéllar se recorre rápido. El interés está en el entorno y en el monte, no en un casco histórico monumental ni en una oferta cultural amplia.
- Subestimar el sol: Aunque el terreno es fácil, en verano la insolación es fuerte y no hay tanta sombra como parece desde el coche. Agua de sobra, gorra y protección solar. Y mejor evitar las horas centrales.
- Organizar un viaje largo solo para venir aquí: Tiene más sentido encajar Lastras dentro de una ruta por la Tierra de Pinares o combinarlo con Cuéllar y otros pueblos cercanos.
- Confiarse con los servicios: No hay tiendas ni bares en cada esquina. Antes de llegar, es buena idea venir con combustible, algo de comida y agua, por si acaso.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Segovia capital hay unos 60 kilómetros por la N-110 en dirección a Cuéllar. Desde los alrededores de Cuéllar se continúa por carreteras comarcales hasta Lastras de Cuéllar. Es un trayecto sencillo, pero conviene repostar antes, porque la red de gasolineras en pueblos pequeños no es abundante.
Consejos:
- Calzado cómodo para caminar por pistas de arena y algo de piedra.
- Agua, sobre todo en los meses calurosos: una fuente en el pueblo no sustituye a llevar la cantimplora llena.
- Respeto absoluto al monte: nada de dejar basura, fuego totalmente descartado y atención a las indicaciones de aprovechamientos resineros y de setas.
- Si se va a entrar con coche por pistas forestales, mejor preguntar antes y evitar meterse por cualquier camino.
Si solo tienes unas horas
- Paseo tranquilo por el pueblo para ver la iglesia y la arquitectura tradicional.
- Salir por cualquiera de las pistas que rodean el casco urbano y hacer una pequeña ruta de ida y vuelta por el pinar, sin complicarse.
- Si es otoño y hay temporada de setas, darse una vuelta observando, sin necesidad de llenar la cesta.
Lo que no te cuentan:
Lastras de Cuéllar es más un lugar para parar unas horas, pasear por el pinar y tomarle el pulso a la Tierra de Pinares que un destino para pasar varios días seguidos sin moverse. Si se va con esta idea, se disfruta más y no hay decepciones. Es un pueblo vivo, no un parque temático: no todo está restaurado ni pensado para el turista, y ahí está parte de su interés.