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sobre Navas de Oro
Pueblo resinero por excelencia; destaca por su museo de la resina y chimeneas industriales
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En pleno corazón de la Tierra de Pinares segoviana, donde el pinar resinero manda en el paisaje y en la manera de vivir, se encuentra Navas de Oro. Este municipio de poco más de 1.200 habitantes, situado a unos 800 metros de altitud, es de esos pueblos donde la vida va a otro ritmo y aún se huele la resina al salir a primera hora de la mañana. Su nombre recuerda ese paisaje dorado que adquieren los campos de cereal en verano, una postal castellana que aquí no es decorado: es trabajo, horas de sol y polvo en el camino.
Navas de Oro forma parte de una comarca natural que ha mantenido su identidad ligada al bosque de pino resinero, una actividad que durante décadas ha marcado el carácter de sus gentes y su economía. Pasear por sus calles es recorrer un pueblo que conserva la arquitectura popular castellana, con construcciones en las que la piedra y el ladrillo se combinan con la cal de las fachadas y los patios donde todavía se tiende la ropa y se guardan aperos. No es un pueblo de grandes monumentos, sino de detalles pequeños: una puerta vieja, una chimenea encalada, un corral abierto.
La tranquilidad de este rincón castellanoleonés encaja bien con quienes buscan turismo de interior alejado de las rutas masificadas, donde el contacto con la naturaleza y las rutinas del día a día pesan más que las fotos para enseñar luego. Aquí el plan suele ser sencillo: caminar, charlar y dejar que pase el tiempo.
Qué ver en Navas de Oro
El patrimonio religioso de Navas de Oro tiene su máximo exponente en la Iglesia de Nuestra Señora de la Natividad, templo que preside el núcleo urbano y que funciona como centro real de la vida social del municipio: aquí se queda, aquí se entra y se sale en fiestas, aquí se cruzan todas las generaciones. Esta construcción, que refleja distintas fases constructivas propias de los templos rurales castellanos, pide una visita sin prisas, fijándose en los detalles más que en los “datos técnicos”: una talla, una reja, la mezcla de materiales.
Recorrer el casco urbano permite descubrir la arquitectura popular de la zona, con ejemplos de casas tradicionales que muestran cómo era la vida en la comarca hace décadas. Los portones de madera, los aleros de las casas y las antiguas bodegas excavadas son señales de un pasado agrícola y ganadero que aquí no se estudia en los libros: se sigue viendo en los corrales, en las huertas y en las traseras de muchas viviendas. Conviene callejear sin mapa y dejarse llevar; el pueblo es pequeño y no hay riesgo de perderse.
Pero si algo define verdaderamente a Navas de Oro es su entorno natural. Los pinares que rodean el municipio forman un anillo verde casi continuo, especialmente sugerente al atardecer, cuando baja la luz y se enfría el aire entre los árboles. En otoño los tonos ocres y dorados de los campos y los caminos se mezclan con el verde intenso de los pinos. Son bosques llanos, fáciles de caminar, pensados para paseos tranquilos donde el silencio solo se ve interrumpido por el canto de los pájaros, el crujido de la hojarasca y, a veces, el sonido lejano de una motosierra o de un tractor. Si sales un poco del casco urbano, en menos de diez minutos andando ya estás entre pinos.
Qué hacer
La Red de Senderos de la Tierra de Pinares atraviesa el municipio, con rutas de distinta longitud que permiten adentrarse en el paisaje característico de la comarca. No esperes grandes desniveles ni cumbres: aquí el plan es caminar por pistas y sendas entre pinos, ver cómo cambian las texturas del suelo, pasar de un claro a otro y enlazar pinares con parcelas de cultivo y pequeños arroyos. Son recorridos agradecidos también para hacer en bici, siempre que se lleve agua y se controle el sol en verano. En un par de horas puedes hacer una vuelta cómoda entre pueblo y pinar sin necesidad de coche.
Los aficionados a la micología encuentran en los pinares de Navas de Oro un territorio muy interesante durante el otoño. La temporada de setas atrae a visitantes que recorren el bosque en busca de níscalos y otras especies, siempre respetando las normativas locales de recolección y teniendo claro que no todo lo que sale en el pinar es comestible. Conviene informarse antes sobre permisos y límites de recogida, y no fiarse solo de lo que se oye en la cuneta.
La gastronomía local se apoya en productos de la tierra: cordero asado, cochinillo, legumbres, embutidos caseros… No hay grandes florituras, pero sí tiempo y fuego lento. Los asados al horno de leña mantienen viva una tradición culinaria que se disfruta mejor sin prisas, sobre todo en comidas largas de fin de semana. En época de matanza, los productos del cerdo elaborados de manera artesanal siguen siendo una referencia en muchas casas, más de receta familiar que de carta de restaurante.
Para quienes disfrutan con la observación de aves, los pinares y campos circundantes permiten avistar especies características de estos ecosistemas, desde algunas rapaces que patrullan los claros hasta pequeños pájaros forestales que se dejan oír más que ver. No es un destino ornitológico especializado, pero con paciencia y prismáticos siempre hay algo que mirar.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Navas de Oro mantiene vivas tradiciones que se repiten cada año. Las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora de la Natividad se celebran en torno al 8 de septiembre, con actos religiosos, verbenas y actividades que llenan las calles de gente, incluidas muchas personas que viven fuera y vuelven esos días. Son jornadas de pueblo lleno, con coches en cada esquina y la plaza funcionando como centro de todo.
En agosto, como en muchos pueblos castellanos, tiene lugar otra celebración veraniega que congrega a los hijos del pueblo que regresan durante las vacaciones, con un ambiente muy de reencuentros y sobremesas largas. No hace falta gran programa para que haya movimiento: basta con que haya horario de peñas y ganas de calle.
Las tradiciones ligadas al ciclo agrícola y forestal también marcan el calendario, con eventos relacionados con la resinería, actividad que ha sido fundamental en la historia económica del municipio y que aquí no se recuerda solo en fotografías antiguas, sino en conversaciones y oficios que todavía están presentes. Es fácil cruzarse con cubos, herramientas o caras manchadas de resina si uno se fija un poco.
Cuándo visitar Navas de Oro
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables para pasear por Navas de Oro y su pinar. En primavera los campos reverdecen y las temperaturas permiten caminar a cualquier hora del día. El otoño trae los colores más intensos y la temporada de setas, aunque los días son más cortos y refresca pronto al caer la tarde.
En verano, el pinar se agradece como refugio frente al calor, pero conviene evitar las horas centrales del día y llevar agua: la llanura engaña y el sol castiga. En invierno, el pueblo tiene otra cara, más tranquila aún, con días fríos y cielos muy claros; es buena época si se busca calma absoluta y no importa abrigarse bien. Si hace aire, se nota.
Lo que no te cuentan
Navas de Oro es un pueblo pequeño y se recorre rápido: el casco urbano se ve con calma en una mañana, y las rutas por el pinar se pueden modular según el tiempo disponible. Más que un destino para “llenar una semana”, funciona bien como base o parada para ir encadenando otros pueblos de la Tierra de Pinares o hacer varias salidas cortas al monte.
Las fotos del pinar pueden dar la sensación de un paisaje muy variado, pero aquí el protagonismo absoluto lo tiene el pino resinero. Si esperas montañas, grandes ríos o desfiladeros, este no es el lugar. Lo que sí hay es horizonte amplio, rectas de tierra entre árboles y esa mezcla de resina, polvo y silencio que cuesta explicar y se entiende al primer paso fuera del asfalto.
Errores típicos
- Pensar que es un pueblo monumental: Navas de Oro tiene su iglesia, sus rincones y sus bodegas, pero no es un casco histórico de grandes piedras ni una villa medieval. El valor está más en el entorno y en la vida cotidiana que en la foto de postal.
- Ir al pinar sin preparar la salida: Aunque el terreno es llano, las pistas se parecen mucho entre sí. Es fácil desorientarse si se camina sin referencia. Mejor llevar el recorrido pensado, algo de agua y mirar bien la previsión de calor.
- Sobrecargar el plan del día: El pueblo se ve tranquilo y rápido. Intentar encajar demasiadas visitas alrededor suele acabar en coche arriba y abajo. Funciona mejor combinar Navas de Oro con uno o dos puntos cercanos y dejar margen para un paseo largo entre pinos.