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sobre Pinarejos
En plena autovía de pinares; destaca por su iglesia y entorno forestal
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El pino te lo encuentras antes de llegar a Pinarejos. Aparece a la derecha cuando termina el pinar y empiezan los primeros muros de piedra. Tiene dos siglos y está protegido por la Junta: el segundo pino albar más grande de España. Al lado, la ermita donde según la tradición se apareció la Virgen. Bajas del coche, hueles la resina, miras el portón de hierro forjado y ves que está cerrado. Vuelves al coche y sigues.
Conducir hasta Pinarejos
Desde la A-11 sales en Cuéllar y tomas la CL-601 dirección Arévalo. Son unos veinte minutos entre pinares. Curvas suaves, poco tráfico. El pueblo aparece de golpe: un cruce, un bar con fachada de ladrillo y calles que suben un poco.
Aparca donde veas sitio. No hay zona azul ni nada parecido. El problema aquí no es el coche. El problema es que la cobertura de datos suele fallar en buena parte del casco.
La iglesia que no parece de pueblo pequeño
La Asunción es del siglo XVI y sorprende por tamaño. Nave de tres tramos, artesonado mudéjar bastante cuidado y una portada con arquivoltas que podrías encontrar en una ciudad más grande.
Está catalogada como monumento desde los noventa y se nota que se mantiene. Piedra limpia. El techo no da sensación de abandono. Dentro huele a cera y a madera. Si quieres verla, normalmente hay que llamar a la casa de enfrente para que abran. No hay visitas organizadas ni explicaciones largas.
Dentro destaca una tabla conocida como el Arca de la Esperanza, tallada hacia el siglo XVI. La ves, das una vuelta por la nave y en pocos minutos ya lo has visto todo.
Callejeo sin nombre
El casco es pequeño. Tres calles paralelas y un par que cruzan. Casas bajas, portones grandes, algún balcón. Poco más.
El silencio se rompe cuando pasa algún coche por la carretera principal. El ayuntamiento ocupa una casa sencilla con la bandera de Castilla y León. Junto a la puerta hay una placa con la población del municipio. Poco más de doscientos vecinos.
El bar del pueblo suele estar abierto. Cañas, bocadillos y conversación de barra. Nada raro.
Por qué la gente viene realmente
Lo más interesante está fuera del casco. El pinar. Caminos de tierra claros que se meten entre pinos y algún roble. Hay carteles de la Ruta del Mudéjar y también de coto privado de caza.
En otoño aparecen setas si el año viene húmedo. Entonces llega gente de Cuéllar y de otros pueblos cercanos con cesta y navaja. Es algo bastante habitual en esta zona.
La vida aquí sigue teniendo costumbres de pueblo. En invierno todavía se hacen matanzas familiares en algunas casas. Chorizos colgados en cocinas, humo saliendo de chimeneas y hornos de leña trabajando. No es algo organizado ni pensado para visitantes. Simplemente ocurre.
Consejo básico
Si coincides con la romería de la Virgen del Pinarejo a mediados de agosto, deja el coche en cuanto veas hueco antes de entrar al núcleo. La carretera se llena rápido y luego toca dar vueltas.
Las fiestas de San Isidro suelen ser sencillas. Procesión, comida popular y poco más. No esperes un programa largo.
Si vas a caminar por el pinar, lleva botas y agua. Algunos caminos están bastante marcados por motos y por paso de animales, y no siempre hay fuentes cerca.
Pinarejos se ve rápido. Parada corta para ver el pino y la iglesia. Luego sigues camino hacia Cuéllar o Arévalo. Con poco más de doscientos vecinos, el pueblo tampoco pretende otra cosa.