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sobre Portillo
Villa medieval amurallada con un impresionante castillo; famosa por su alfarería y mantecados
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En el corazón de la Tierra de Pinares vallisoletana, Portillo se alza sobre un cerro que domina las llanuras castellanas desde sus 850 metros de altitud. Este pueblo de unos 2.372 habitantes conserva bastante bien el espíritu señorial de su pasado nobiliario, cuando fue residencia de ilustres familias castellanas y escenario de episodios históricos que marcaron el destino de España. Sus calles empinadas, sus casonas blasonadas y su castillo recuerdan aquellos tiempos en los que Portillo era mucho más que un punto en el mapa: un enclave estratégico entre Valladolid y Segovia.
Pasear por Portillo es recorrer páginas de historia viva, pero sin ambientación de parque temático. Aquí residió el infante don Juan Manuel, aquí se celebraron Cortes de Castilla, y entre sus muros se gestaron alianzas y conflictos que resonaron en toda la península. Pero más allá de su patrimonio monumental, Portillo mantiene bastante intacta la vida de un pueblo castellano donde aún se conoce la gente por su nombre, donde los pinos perfuman el aire y donde las tradiciones no son un decorado para turistas, sino parte de la rutina diaria.
La llegada al pueblo, ascendiendo por carreteras que serpentean entre pinares y campos de cereal, ya anticipa la singular ubicación de esta villa. Desde lo alto, las vistas sobre la campiña circundante son un buen premio para quien busca la calma de los pueblos de interior, lejos del bullicio urbano pero a un rato en coche de Valladolid. No es un puerto alpino, pero el cambio respecto a la llanura se nota.
Qué ver en Portillo
El Castillo de Portillo es el protagonista del patrimonio local. Esta fortaleza medieval, aunque en parte arruinada, conserva el poder evocador de los grandes castillos castellanos. Sus torres y lienzos de muralla se recortan contra el cielo, especialmente al atardecer, cuando la piedra coge tonos más cálidos y se entiende mejor por qué aquí se controlaba medio horizonte. No siempre es visitable en su interior [VERIFICAR], así que conviene informarse antes de ir, pero el conjunto se puede rodear y admirar desde el exterior. Más que “visitar un castillo” al uso, aquí lo que se hace es subir a la zona alta y asomarse al paisaje de alrededor, tomarse un rato y dejar que sople el aire.
La iglesia parroquial de Santa María, del siglo XVI, merece una visita pausada. Su arquitectura combina elementos góticos y renacentistas, y alberga un interesante retablo mayor. El templo domina la plaza principal del pueblo, centro neurálgico donde convergen las calles principales y donde se concentra gran parte de la vida social de Portillo, sobre todo a la hora del vermut y las tardes de verano. Si quieres ver el pueblo “en funcionamiento”, esta plaza es el lugar.
Paseando por el casco histórico encontrarás casonas nobles con escudos heráldicos en sus fachadas, testigos de familias que tuvieron peso en la historia castellana. La arquitectura popular, con sus muros encalados y sus puertas de madera, crea un conjunto que anima a callejear sin prisa. No esperes un casco histórico enorme ni restaurado al milímetro: es un pueblo vivo, con sus casas arregladas y otras no tanto, garajes modernos, antenas y todo lo que implica que aquí se sigue viviendo todo el año.
El entorno natural de Portillo está marcado por los pinares de la Tierra de Pinares, una comarca que debe precisamente su nombre a la abundancia de estos bosques. Los campos de cereal completan un paisaje muy castellano, de horizontes amplios y cielos que parecen no tener fin. Si no estás acostumbrado a la meseta, esa sensación de amplitud impresiona más de lo que parece en fotos; lo que en la imagen parece “solo campo”, en persona tiene otra escala.
Qué hacer
El senderismo en Portillo es sobre todo de pistas y caminos entre pinares, sin grandes desniveles ni cumbres épicas, pero muy agradable para caminar. Aquí se viene más a “echar a andar” que a batir récords. Los caminos entre pinares permiten rutas de diferente longitud, buenas para pasear en casi cualquier época del año si se acierta con la hora. La Cañada Real Leonesa, antigua vía pecuaria, atraviesa el término municipal y ofrece itinerarios históricos por caminos centenarios; más paseo tranquilo que aventura, pero con su punto de interés si te gusta la historia rural y entender por dónde se movía el ganado.
Los aficionados al cicloturismo pueden recorrer las carreteras secundarias que unen Portillo con pueblos vecinos como Aldea de San Miguel o Aldeamayor de San Martín, disfrutando de un paisaje donde la horizontalidad castellana se rompe ocasionalmente con suaves ondulaciones. Es terreno muy agradecido para bici de carretera o gravel, siempre que tengas en cuenta el viento, que algunos días manda más que las cuestas y puede hacer que una recta interminable se sienta el doble de larga.
La gastronomía local se fundamenta en los productos de la tierra: el lechazo asado, las legumbres de la comarca y los embutidos artesanales son habituales en las mesas. Los vinos de la cercana Denominación de Origen Rueda acompañan bien cualquier comida. No abundan los restaurantes “de foto”, pero en los bares del pueblo se encuentra cocina casera y la oportunidad de compartir mesa y conversación con los vecinos, especialmente los fines de semana. Es más de menú del día y ración bien servida que de carta kilométrica.
El entorno permite también excursiones a bodegas de la zona, donde se puede conocer el proceso de elaboración del vino y probar los blancos que han dado fama a esta región vitivinícola. Conviene reservar o, como mínimo, llamar antes de presentarse en la puerta, porque muchas explotaciones siguen un ritmo muy de pueblo y no siempre hay alguien pendiente de visitas espontáneas.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Roque se celebran en torno al 16 de agosto, siendo el momento de mayor animación del pueblo. Durante varios días, Portillo vive al ritmo de verbenas, procesiones, actividades deportivas y eventos culturales que congregan tanto a vecinos como a visitantes. Si vas entonces, encontrarás ambiente, peñas, música hasta tarde… y también más ruido, más gente y más difícil aparcar. Quien busque tranquilidad, mejor elegir otras fechas.
En Semana Santa, las procesiones mantienen el tono sobrio típico castellano, con especial solemnidad en el Viernes Santo. Es una fecha buena para conocer Portillo cuando la vida religiosa y las calles están más activas, pero también con posibles limitaciones de tráfico en el centro [VERIFICAR]. No esperes un despliegue masivo como en capitales más grandes; aquí se vive más a escala de pueblo.
Las celebraciones de San Isidro en mayo rinden homenaje al patrón de los agricultores, recordando la importancia que históricamente ha tenido la actividad agraria en la economía local. Es el tipo de fiesta que se entiende mejor si uno se fija en los tractores, la tierra y quién está en las procesiones: allí se ve quién sostiene de verdad el paisaje que venimos a fotografiar.
Información práctica
Portillo se encuentra a tan solo 25 kilómetros de Valladolid, lo que supone en torno a 20–30 minutos en coche por la A-601 en dirección a Segovia y el desvío hacia el pueblo. Esta cercanía con la capital provincial lo convierte en un destino cómodo para una escapada de un día o como base tranquila para explorar la Tierra de Pinares, siempre que vengas con coche; el transporte público existe, pero no está pensado para un uso turístico.
Se suele disfrutar más de Portillo en primavera (abril-junio) y en otoño (septiembre-octubre), cuando las temperaturas son más suaves y el campo está más agradecido. El verano puede ser caluroso a mediodía, pero al atardecer se está mucho mejor en la zona del castillo o en las plazas, con esa bajada de temperatura que se agradece después del sol. El invierno es frío y algunas veces ventoso; quien venga entonces se llevará una imagen muy auténtica de la meseta, pero conviene abrigo en serio, gorro y guantes si vas a estar tiempo en la parte alta.
Se recomienda llevar calzado cómodo para recorrer las calles empinadas del casco histórico y, si se planea hacer senderismo, equipamiento adecuado (gorra y agua en verano, abrigo y algo cortavientos en invierno). Las vistas desde la parte alta del pueblo son muy fotogénicas, pero más por la amplitud del paisaje y los cielos que por detalles monumentales: aquí el protagonista es el horizonte.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Subir a la zona del castillo y rodearlo con calma, asomándote a diferentes puntos de vista.
- Bajar después a la plaza de la iglesia de Santa María, entrar al templo si está abierto y dar una vuelta rápida por las calles inmediatas. Con eso te llevas una idea bastante clara de lo que es Portillo: cerro, vistas y vida de pueblo.
Si tienes el día entero
- Mañana tranquila de paseo por el casco histórico y visita a la iglesia.
- Mediodía para comer en algún bar del pueblo.
- Tarde de ruta a pie o en bici por los pinares y la Cañada Real, adaptando la distancia a tus ganas de caminar.
- Al atardecer, volver a la zona del castillo para despedir el día desde arriba.
Lo que no te cuentan
Portillo se ve relativamente rápido. Si te centras solo en “tachar” monumentos, en unas pocas horas lo habrás recorrido. La gracia está más en combinarlo con un paseo por los pinares, una buena comida o una vuelta por los pueblos de alrededor.
Las fotos del castillo pueden engañar un poco: sí, es bonito y tiene presencia, pero no está completamente restaurado ni convertido en centro de interpretación. Si vas sabiendo que la visita es sobre todo exterior y de paisaje, la sensación al llegar será mucho mejor.
Y un detalle práctico: las calles del casco antiguo tienen su pendiente y algún tramo algo estrecho. Mejor dejar el coche en zonas habilitadas y subir andando, que son cinco o diez minutos y te ahorras dar vueltas innecesarias.