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sobre Veganzones
Pueblo en el valle del Cega; destaca por su iglesia y palacio
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En plena comarca de Tierra de Pinares, entre pinares de resinero y campos de secano, está Veganzones. Un pueblo pequeño de la provincia de Segovia, de los que se cruzan en cinco minutos a pie y donde casi todo pasa alrededor de la plaza y la iglesia. No es un sitio de foto de postal continua, pero sí de vida tranquila, silencio y olor a resina cuando aprieta el sol.
A 915 metros de altitud, Veganzones se asienta sobre un paisaje suave de lomas y pinares. Aquí el tiempo va más despacio: campanas, tractores, algún perro ladrando y poco más. Tiene sentido venir si te apetece caminar sin prisa, respirar pinar y entender cómo es el día a día en la Castilla rural actual, con sus casas abiertas y sus puertas medio entornadas.
Veganzones no tiene grandes monumentos ni rutas marcadas por todas partes, y precisamente por eso se disfruta bien si vienes mentalizado: pueblo pequeño, ritmo corto, paseos por el pinar y poco ruido.
Qué ver en Veganzones
El patrimonio de Veganzones es modesto pero significativo. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano con su estructura tradicional castellana, sobria y sin alardes. Fíjate en los volúmenes, en la piedra y en cómo el edificio marca el centro real del pueblo: desde allí salen casi todas las rutas lógicas para callejear. Si pillas la puerta abierta, entra un momento: el interior es sencillo, más de pueblo que de postal, pero ayuda a entender la escala de todo aquí.
El verdadero interés de Veganzones está en su entorno natural. Los pinares que rodean la localidad forman parte del extenso ecosistema de la Tierra de Pinares, una comarca históricamente ligada a la explotación resinera. Pasear entre estos bosques permite descubrir antiguas marcas en los troncos de los pinos, testimonio de cuando la resina era el sustento principal de muchas familias. No hay carteles explicativos por todas partes: hay que ir con ojos curiosos y preguntar a quien pilles en la plaza si quieres contexto.
La arquitectura popular se ve en las construcciones tradicionales de adobe, piedra y madera que conforman el casco urbano. Algunas casonas antiguas conservan corrales, pajares y bodegas subterráneas, vestigios de la economía agrícola y ganadera que durante siglos sostuvo a estas comunidades. No todo está restaurado ni “bonito”: hay fachadas vencidas y tapias a medio caer, que cuentan bastante de cómo se ha ido vaciando la zona. La mezcla de casas nuevas con viejas es la foto real del pueblo hoy.
Los alrededores invitan a la contemplación: campos de cereal que cambian de color con las estaciones, pequeños arroyos que serpentean entre los pinares y un cielo limpio que por las noches deja ver estrellas que en ciudad ni existen. En cuanto te alejas un poco del casco urbano, el ruido baja a casi nada.
Qué hacer
El senderismo es la actividad principal en Veganzones, pero no esperes centros BTT ni rutas con pasarelas y miradores diseñados. Son caminos forestales y pistas entre pinares, para andar a ritmo tranquilo, observar fauna local como corzos, zorros y una buena variedad de aves forestales. Las rutas son de dificultad baja o media, aptas para caminantes ocasionales, pero conviene llevar agua y algo de ropa de abrigo fuera del verano: el viento en la meseta se nota. Los caminos no siempre están bien señalizados, así que mapa offline o GPS en el móvil, por si acaso.
La micología cobra especial protagonismo en otoño, cuando los pinares se llenan de buscadores de níscalos y otras setas. Es importante informarse sobre las especies comestibles, respetar las regulaciones locales sobre recolección y no entrar con el coche por cualquier camino porque hay zonas restringidas y fincas privadas. Si no conoces la zona, mejor ir acompañado o preguntar antes dónde tiene sentido ir.
Para los aficionados a la fotografía rural, Veganzones permite capturar escenas que ya se van viendo menos: tractores viejos entre naves modernas, corrales medio abandonados, rebaños a primera hora, cielos limpios y horizontes largos. No es un decorado: es un pueblo vivo, así que conviene ser discreto al hacer fotos en calles y casas y evitar apuntar directamente a la gente sin pedir permiso.
La gastronomía tradicional de la zona gira alrededor de cordero asado, cochinillo, embutidos y legumbres, todo muy castellano y contundente. En Veganzones no hay mucha oferta hostelera propia, así que lo normal es comer en localidades cercanas o tirar de comida que lleves tú, y después rematar la tarde con un paseo por los pinares. Para compras algo más especiales, hay que salir fuera.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran durante el verano, generalmente en agosto, cuando muchos vecinos que emigraron regresan al pueblo. Son días de plaza llena, peñas, verbenas y comidas comunales. Si coincides, verás el pueblo más animado de lo habitual y bastante más coche aparcado del normal. También es cuando más ruido hay hasta la madrugada, por si tu idea era venir a dormir pronto.
Como en buena parte de Castilla, las celebraciones religiosas del calendario litúrgico marcan el ritmo anual: la Semana Santa sobria, las romerías primaverales y las fiestas navideñas mantienen costumbres que en ciudades ya casi se han perdido. Aquí todo es más a escala humana: procesiones cortas, caras conocidas y poco turismo.
La matanza del cerdo, aunque ya no es tan común como antaño, todavía se practica en algunas casas durante los meses de invierno. Más que evento turístico, es una jornada familiar, así que no esperes espectáculos organizados, pero sí oler calderas y embutidos si te coincide. Si te invitan, es por confianza, no por negocio.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Segovia capital, Veganzones se encuentra a unos 45 kilómetros por la carretera CL-601 en dirección a Cuéllar. El acceso se hace por carreteras secundarias bien asfaltadas y señalizadas. También es posible llegar desde Valladolid, a aproximadamente 60 kilómetros, siguiendo la N-601 y después desviándose por carreteras comarcales. El transporte público es limitado [VERIFICAR], así que lo razonable es venir en coche.
Consejos prácticos:
Veganzones es un pueblo muy pequeño. Hay servicios básicos, pero si necesitas supermercado grande, farmacia con horario amplio o cajero automático, lo normal es moverse a núcleos cercanos como Cuéllar. La cobertura móvil puede fallar en algunas zonas, según el operador. Para los pinares, calzado cómodo y algo de respeto: no dejar basura, cuidado con el fuego y ojo con salirse de los caminos en época de caza (fines de semana sobre todo; conviene fijarse en los carteles).
Cuándo visitar Veganzones
La primavera (abril-junio) trae campos verdes, temperaturas agradables y días más largos para patear. El otoño (septiembre-noviembre) es la mejor época si te interesa la micología y los colores apagados del pinar y el cereal ya recogido. Son los momentos en que el paisaje tiene más matices.
El verano es seco y caluroso a mediodía, pero las tardes y noches refrescan. Puede ser buena época si huyes del bullicio de otras zonas más turísticas, sabiendo que aquí la vida es tranquila y no hay grandes actividades organizadas. En invierno, el frío corta y puede haber niebla y heladas, pero los cielos despejados tienen su punto si te gusta la meseta en versión cruda. Eso sí, días cortos y poco movimiento en la calle.
Lo que no te cuentan
Veganzones se ve rápido. El casco urbano se recorre en un rato y, si no te gusta andar o el campo no te dice mucho, en dos horas habrás acabado. Tiene más sentido como parada dentro de una ruta por Tierra de Pinares que como destino único para varios días.
Las fotos de pinares infinitos son reales, pero los alrededores también son muy agrícolas, con naves, caminos anchos y maquinaria. No es un paisaje de montaña ni un pueblo-museo; es un lugar de trabajo y vida diaria. Si vienes con esa idea, lo disfrutas más. Aquí el “plan” es bajar revoluciones, no encadenar visitas.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo por el casco urbano desde la iglesia y la plaza, fijándote en las casas viejas, corrales y detalles en puertas y ventanas.
- Asomarte a las afueras hacia los pinares y los campos, por cualquiera de los caminos anchos que salen del pueblo, para hacerte una idea del paisaje de la comarca.
Si tienes el día entero
- Mañana de caminata suave por los pinares (ida y vuelta por pistas anchas, sin complicarte).
- Comida en tu ruta por la zona (o picnic en el entorno, recogiendo bien todo después).
- Tarde tranquila de vuelta al pueblo, paseo corto, café en la plaza si está abierta la barra y despedida con la luz baja, cuando el pueblo se queda casi en silencio.