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sobre Villaverde de Íscar
En la tierra de pinares limítrofe con Valladolid; producción de piñones
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A primera hora, cuando el sol todavía entra bajo entre los pinos, Villaverde de Íscar huele a resina y a tierra seca. En verano ese olor se queda pegado al aire desde temprano. El pueblo aparece casi sin ruido entre los pinares de la Tierra de Pinares segoviana, con poco más de medio millar de vecinos y casas que combinan adobe, ladrillo y teja vieja. Aquí el paisaje manda: pinar alrededor y horizonte plano, abierto, como suele ocurrir en esta parte de Castilla y León.
Calles tranquilas y arquitectura de tierra
Las calles de Villaverde de Íscar no siguen un trazado demasiado regular. Algunas son estrechas, otras se ensanchan de repente frente a una casa o un pequeño espacio abierto. El pavimento cambia según el tramo: asfalto reciente en unas zonas, suelo más irregular en otras.
En el centro aparece la iglesia de San Andrés, sobria, construida en piedra. No hay grandes adornos; lo que llama la atención es el volumen del edificio y cómo el color de la piedra cambia según la hora del día. Por la tarde, cuando el sol baja, la fachada toma un tono cálido que contrasta con el verde oscuro del pinar cercano.
Muchas viviendas conservan técnicas tradicionales de la zona: tapial reforzado con ladrillo, muros gruesos y ventanas pequeñas para protegerse tanto del frío del invierno como del calor seco del verano. En algunas fachadas todavía se ven vigas antiguas y parches de barro reparado con el paso de los años.
El pinar que rodea el pueblo
Al salir del casco urbano, el paisaje cambia poco a poco hasta convertirse en un pinar continuo. La Tierra de Pinares recibe su nombre por algo: kilómetros de pino resinero que durante siglos han marcado la economía local.
En algunos troncos aún se distinguen las antiguas entalladuras de la resinación. Son marcas verticales, oscuras, donde se recogía la miera. Hoy la actividad se mantiene en ciertos lugares de la comarca, aunque no con la intensidad de otras épocas.
Caminar por estos pinares tiene algo muy concreto: el suelo cubierto de agujas secas amortigua los pasos y el olor a pino se intensifica cuando el día se calienta. Los caminos forestales suelen ser amplios y bastante llanos, usados también por vecinos que salen a pasear o a recoger piñas y setas cuando llega la temporada.
Si vas a caminar, conviene evitar las horas centrales del día en verano. La sombra ayuda, pero el calor de la meseta se nota.
Caminos entre pueblos de la Tierra de Pinares
Desde Villaverde de Íscar salen varios caminos agrícolas y forestales que conectan con otros núcleos cercanos. Son trayectos tranquilos, utilizados por tractores, ciclistas y algún coche que se dirige a parcelas o pinares.
En bicicleta se puede enlazar con localidades próximas como Íscar, Pedrajas de San Esteban o Cuéllar. Las distancias no son grandes, aunque algunos tramos de tierra pueden tener arena suelta, algo bastante común en esta comarca.
En otoño y primavera el paisaje cambia bastante: los pinares mantienen su verde oscuro, pero los campos agrícolas alrededor introducen tonos ocres y amarillos que rompen la uniformidad del bosque.
Comida de la zona
La cocina que se encuentra en los pueblos de alrededor sigue el patrón castellano más clásico. El lechazo asado en horno de leña es uno de los platos más habituales en la provincia de Segovia, junto a embutidos, guisos de legumbre y, cuando la temporada lo permite, setas recogidas en los pinares.
Son platos contundentes, pensados más para alimentar jornadas de trabajo que para hacer filigranas en la mesa.
Fiestas y momentos en que el pueblo cambia
Durante buena parte del año Villaverde de Íscar es un lugar tranquilo. Esa calma cambia en verano, cuando llegan vecinos que viven fuera y las calles vuelven a llenarse.
Las fiestas patronales suelen celebrarse en agosto, algo habitual en muchos pueblos de la zona. Hay verbenas, actividades organizadas por las peñas y actos religiosos ligados a la iglesia del pueblo. También la Semana Santa mantiene celebraciones más pequeñas, muy ligadas a los propios vecinos.
Cuándo acercarse a Villaverde de Íscar
Primavera y principios de otoño suelen ser los momentos más agradables para recorrer Villaverde de Íscar y sus pinares. La temperatura permite caminar sin el calor fuerte del verano, y la luz de esas estaciones resalta mucho los contrastes entre el suelo arenoso, los troncos rojizos y el verde oscuro de las copas.
Si vienes en julio o agosto, merece la pena madrugar para salir a caminar. A media tarde el sol cae con fuerza sobre los caminos abiertos, y el pinar vuelve a llenarse de ese olor denso a resina caliente que anuncia otro día seco en la meseta.