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sobre Faramontanos de Tábara
Localidad situada en una zona de transición con dehesas y monte bajo; destaca por su iglesia de piedra y la celebración de fiestas taurinas tradicionales
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En el corazón de la Tierra de Tábara, donde los campos de cereal se extienden hasta el horizonte y el tiempo parece discurrir a otro ritmo, se encuentra Faramontanos de Tábara. Este pequeño municipio zamorano de unos 300 habitantes conserva buena parte de la vida de la España rural que muchos pueblos ya han ido perdiendo: las plazas todavía se usan, las conversaciones se hacen en la calle y el silencio pesa más que el tráfico.
A 707 metros de altitud, Faramontanos es uno de esos municipios que rara vez salen en las guías y que, precisamente por eso, se mantienen al margen de modas pasajeras. Aquí no encontrarás monumentos de fama mundial ni restaurantes de vanguardia, pero sí un pueblo agrícola que sigue funcionando alrededor del campo y del calendario tradicional de labores.
La localidad forma parte de esa red de pequeños municipios que vertebran la comarca de Tierra de Tábara, una zona históricamente ligada al poderoso monasterio de San Salvador de Tábara, cuya influencia medieval todavía se percibe en el patrimonio arquitectónico y en la propia organización del territorio.
Qué ver en Faramontanos de Tábara
El patrimonio de Faramontanos se concentra en su iglesia parroquial, que preside el núcleo urbano y constituye el principal elemento arquitectónico del municipio. Como ocurre con muchas iglesias de la comarca, conserva elementos que nos hablan de siglos de historia rural, con una construcción que combina piedra y ladrillo característicos de la arquitectura zamorana. No es un templo monumental, pero sí una pieza clave para entender la vida cotidiana del pueblo; si está abierta, merece la pena asomarse un momento y fijarse en los detalles más humildes: retablos, imágenes, pequeñas reformas hechas con los años.
El atractivo de Faramontanos está en su arquitectura popular. Pasear por sus calles permite descubrir las casas tradicionales de piedra y adobe, con sus corrales y portones que hablan de una economía agrícola y ganadera centenaria. Conviene mirar por encima de los revocos más recientes: muchas fachadas esconden la estructura original. Las bodegas subterráneas excavadas en la tierra, típicas de esta zona, son testigos de una antigua cultura vitivinícola que pervive en la memoria del lugar, aunque hoy el vino ya no tenga el peso que tuvo en otras épocas.
El entorno natural de Faramontanos responde al paisaje clásico de la meseta: amplias extensiones cerealistas salpicadas de encinas solitarias, pequeñas dehesas y arroyos estacionales que en primavera cobran vida. Desde algunos puntos del término municipal se obtienen vistas amplias sobre el territorio zamorano, un paisaje abierto, sin grandes alardes, pero muy honesto con lo que es esta parte de Castilla y León.
Qué hacer
La principal actividad en Faramontanos es salir a los caminos y pistas que rodean el pueblo: senderismo y rutas a pie o en bicicleta por los trayectos rurales que conectan con localidades vecinas como Tábara, Moreruela de Tábara o Pozuelo de Tábara. Son recorridos llanos o con suaves desniveles, aptos para caminar sin prisa, fijándose en las aves esteparias, los cambios de luz sobre los campos y el ritmo del trabajo agrícola según la época del año. No hay senderos “de postal”, pero sí mucha verdad en cada vuelta del camino.
La fotografía de paisaje aquí funciona mejor cuando la luz acompaña: amanecer y atardecer, sobre todo en primavera y en los primeros y últimos días del verano, cuando los contrastes entre cielo y tierra son más marcados. En las horas centrales del día, el sol alto aplasta el relieve y el paisaje resulta bastante plano.
La gastronomía local se basa en productos de la tierra: legumbres, embutidos, quesos de oveja y cordero asado forman parte de una cocina sencilla pero contundente, muy ligada a lo que daban las huertas y las ganaderías familiares. Aunque el municipio no cuenta con una gran oferta de restauración, la cercanía a Tábara permite degustar la cocina tradicional zamorana en establecimientos de la zona. Conviene llegar con algo previsto (bocadillo, agua, algo de fruta) por si los horarios de bares y comercios no coinciden con los tuyos.
Para los interesados en el turismo cultural, Faramontanos puede servir como punto tranquilo desde el que moverse por la comarca y acercarse al patrimonio vinculado al Camino de Santiago en su variante Sanabrés, que pasa relativamente cerca, o al propio conjunto histórico de Tábara.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en torno a mediados de agosto, concentrando en esos días la mayor animación del pueblo. Como en tantos municipios rurales, estas celebraciones reúnen a los vecinos que viven todo el año con los que regresan en verano, creando un ambiente familiar con verbenas, procesiones y comidas populares. El resto del verano hay menos “programa”, pero mucha vida de puertas hacia fuera: bancos ocupados al atardecer, niños en bici, partidas de cartas.
En invierno, algunas tradiciones ligadas al ciclo agrícola y ganadero perviven, aunque con menor intensidad que en décadas pasadas. La matanza del cerdo, aunque ya no se realiza en todos los hogares, sigue siendo una costumbre que conserva parte de su carácter social y gastronómico, más como reunión de familia y amigos que como necesidad.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Zamora capital (a unos 50 kilómetros), se accede por la carretera N-631 en dirección Alcañices, tomando después el desvío hacia Tábara y desde allí las carreteras locales hacia Faramontanos. El trayecto suele rondar los 45 minutos, dependiendo del tráfico y del estado de la vía. Si vienes desde Benavente, la distancia es similar, conectando primero con la N-631. Conviene revisar el mapa antes: la red de carreteras locales tiene varios cruces y no siempre está bien señalizada.
Mejor época para visitar: La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) ofrecen temperaturas más suaves y un paisaje algo más agradecido: verdes y flores en primavera; tonos ocres y cielos limpios en otoño. El verano puede ser caluroso, típico de la meseta castellana, con muchas horas de sol y poca sombra lejos del casco urbano, mientras que el invierno es frío, con heladas frecuentes y días cortos. Si vas a caminar por los alrededores, llévate gorra, agua y algo de abrigo extra, porque el viento en la meseta engaña.
Consejos prácticos: Faramontanos es un destino para quien busca tranquilidad y un contacto directo con un pueblo que vive del campo. No esperes infraestructuras turísticas desarrolladas, ni una lista interminable de visitas: el pueblo se recorre rápido y lo que tiene sentido es usarlo como base o parada dentro de una ruta por la Tierra de Tábara. Para alojamiento y servicios más completos, es recomendable considerar Tábara, a pocos kilómetros de distancia.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Pasea por el centro del pueblo, acércate a la iglesia parroquial, recorre un par de calles para fijarte en las casas de piedra y adobe y sal a las afueras por cualquier camino agrícola para ver el paisaje abierto de la comarca. Con eso te haces una idea bastante real de lo que es Faramontanos.
Si tienes el día entero
Combina el paseo por Faramontanos con una ruta a pie o en bici por los caminos que lo enlazan con los pueblos vecinos, y reserva parte del día para acercarte a Tábara y completar la jornada con visitas culturales.
Lo que no te cuentan
Faramontanos es pequeño y se ve rápido. Si llegas esperando un casco histórico amplio o monumentos llamativos, la visita se te quedará corta. Su interés está más en el conjunto: el paisaje agrícola, la arquitectura popular que aún se mantiene en pie y la vida tranquila de un pueblo que no ha girado hacia el turismo, sino que sigue girando alrededor del campo. Aquí encaja más la parada pausada dentro de una ruta por la Tierra de Tábara que una estancia larga sin moverse del municipio. Si vas con esa idea clara, el pueblo se entiende mejor.