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sobre Ferreras de Abajo
Situado a los pies de la Sierra de la Culebra; entorno privilegiado para la observación del lobo ibérico y disfrute de bosques de pinos y robles
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En el corazón de la Tierra de Tábara, a 822 metros de altitud y custodiada por las suaves lomas de la provincia de Zamora, se encuentra Ferreras de Abajo. Este pequeño municipio de unos 460 habitantes conserva ese ritmo pausado de los pueblos de la España interior, donde el sonido de las campanas marca las horas y las calles cuentan historias de generaciones que han aprendido a convivir con la dureza y la belleza de estas tierras.
El nombre de Ferreras evoca tiempos remotos, cuando las ferrerías trabajaban el hierro aprovechando los recursos naturales de la zona. Aunque la industria metalúrgica quedó en el pasado, el pueblo mantiene su esencia rural, sin grandes alardes, con la vida girando todavía en torno al campo y las relaciones de vecindad. Aquí, la piedra de las construcciones tradicionales dialoga con el paisaje ondulado de campos de cereales que cambian de color según la estación.
Visitar Ferreras de Abajo es asomarse a la Castilla profunda, esa que huele a pan recién horneado, a leña en las chimeneas durante los meses fríos y a tomillo silvestre en primavera. Es un lugar tranquilo al que se viene más a bajar revoluciones que a “hacer cosas” sin parar, y que se entiende mejor si se recorre sin prisa, a paso de vecino.
Qué ver en Ferreras de Abajo
El patrimonio de Ferreras de Abajo es modesto pero honesto, reflejando la arquitectura popular zamorana sin maquillajes. La iglesia parroquial preside la localidad como corresponde a estos pueblos castellanos, siendo el punto de referencia tanto geográfico como social del municipio. Acércate, rodea el edificio y fíjate en los detalles constructivos característicos de la zona: la piedra, las reformas de épocas distintas, los añadidos que cuentan cómo se ha ido adaptando el templo al paso del tiempo.
El verdadero museo de Ferreras de Abajo son sus calles y plazas, donde la arquitectura tradicional se mantiene con casas de piedra y adobe, portones de madera desgastada por el tiempo y corrales que recuerdan la importancia que la agricultura y la ganadería han tenido siempre en esta tierra. Caminar sin rumbo fijo por el pueblo permite descubrir rincones cuidados con cariño: fuentes antiguas, cruceros de piedra y ese urbanismo irregular que habla de un crecimiento orgánico a lo largo de los siglos, sin planos ni prisas.
Los alrededores naturales muestran paisajes de páramo y campos de cultivo que se extienden hasta donde alcanza la vista, salpicados de pequeños bosquetes de encinas y robles. Esta orografía suave invita a paseos tranquilos donde el silencio solo se rompe con el canto de las aves y el susurro del viento entre los cereales. No esperes grandes montañas ni bosques frondosos: aquí el protagonismo lo tienen el horizonte y el cielo.
Qué hacer
Ferreras de Abajo funciona bien como base para senderismo tranquilo por caminos rurales y antiguas vías pecuarias que conectan con pueblos vecinos de la comarca. No son rutas técnicas ni de montaña, sino paseos largos, de esos en los que el horizonte manda y el tiempo parece ir más despacio. En ellos se puede observar la fauna local, especialmente aves rapaces como el cernícalo y el milano, además de corzos o jabalíes si se camina a primeras horas y en silencio.
La gastronomía local sigue muy pegada al calendario agrícola y ganadero. Aquí se pueden probar los productos típicos de la tierra zamorana: carnes de ternera y cordero, embutidos artesanales, quesos curados y legumbres que han alimentado a generaciones. En época de matanza, los productos del cerdo cobran especial protagonismo. Las sopas castellanas, el arroz a la zamorana y los guisos contundentes encajan especialmente bien en los días fríos, cuando el cuerpo agradece un plato de cuchara sin complicaciones, de esos que se comen sin mirar el reloj.
Para quienes disfrutan con la fotografía rural, el pueblo y sus alrededores resultan agradecidos: amaneceres sobre campos dorados, atardeceres que tiñen de naranja el horizonte, detalles arquitectónicos sencillos y escenas de vida cotidiana que recuerdan que aquí aún se mira al cielo pensando en la cosecha. Conviene madrugar o esperar al final del día: el sol alto aplana mucho el paisaje.
La cercanía a otros pueblos de la comarca permite diseñar rutas por la Tierra de Tábara, encadenando varias paradas en un mismo día y entendiendo mejor la realidad de estas comarcas fronterizas entre Zamora y Portugal. Ferreras de Abajo encaja más como una pieza de ese recorrido que como destino único.
Fiestas y tradiciones
Las celebraciones de Ferreras de Abajo mantienen vivas las tradiciones de estos territorios. Las fiestas patronales se celebran durante el verano, generalmente en agosto, cuando muchos emigrados regresan al pueblo y las calles recuperan parte del bullicio que tuvieron antaño. Son días de convivencia, verbenas populares y encuentros entre vecinos de toda la vida y quienes solo pueden volver unos días al año.
Como en buena parte de Castilla y León, las celebraciones religiosas marcan el calendario festivo, con romerías y procesiones que conservan rituales antiguos. La Semana Santa se vive con recogimiento, sin grandes despliegues, con un carácter más íntimo que en las ciudades.
En invierno, la matanza del cerdo sigue presente en algunas casas, manteniendo costumbres gastronómicas que se transmiten de generación en generación, ahora más como acto social y de memoria que como necesidad. Si coincides, es más una cuestión de estar invitado por alguien del pueblo que de “actividad turística” al uso.
Cuándo visitar Ferreras de Abajo
- Primavera (abril-mayo): campos verdes, luz suave y temperaturas agradables para caminar sin achicharrarse. Es cuando mejor se aprecia el contraste entre cultivos y monte bajo.
- Verano: más vida en las calles y fiestas, pero también calor y horas centrales del día poco amables para caminar. El pueblo se anima sobre todo a partir de la tarde.
- Otoño: tonos ocres, nieblas sometidas a los caprichos del tiempo y una sensación de calma todavía mayor. Buen momento si buscas silencio y paseos cortos.
- Invierno: la versión más austera del pueblo; días cortos, frío y mucha tranquilidad. Compensa si se va mentalizado y con ropa adecuada, y si se entiende que la actividad en la calle baja mucho.
Errores típicos
- Pensar que Ferreras de Abajo es un “destino de varios días”: el pueblo en sí se recorre con calma en una mañana o una tarde; el resto del tiempo conviene combinarlo con otros pueblos o rutas por la comarca.
- Llegar sin haber mirado servicios básicos: según la época, puede que haya poca oferta abierta de bares o restaurantes, así que conviene planificar comidas o llevar algo de picar por si acaso.
- Subestimar el calor en verano: los paseos largos y las rutas, mejor a primera hora o al atardecer, con agua y gorra en la mochila. No hay muchas sombras en los caminos.
- Ir pensando en “muchas actividades”: Ferreras es más de paseo, charla corta en la plaza y mirar el campo que de agenda apretada.
Lo que no te cuentan
Ferreras de Abajo es pequeño y se ve rápido. Si vienes con la idea de pasar aquí tres días enteros, te sobrarán horas. Se disfruta mejor como parada tranquila dentro de una ruta más amplia por la comarca, dejando al menos un par de horas para callejear, acercarse a algún camino rural y sentarse un rato a mirar cómo pasa la vida.
Las fotos de campos verdes y cielos dramáticos corresponden a momentos muy concretos del año. En pleno verano, el paisaje es seco y duro; en invierno, los días pueden ser grises y fríos. No hay truco: es la realidad de la meseta zamorana.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Zamora capital, Ferreras de Abajo se encuentra a unos 70 kilómetros por la N-631 en dirección a Alcañices y posteriormente tomando carreteras comarcales. El trayecto dura aproximadamente una hora y permite hacerse una idea del paisaje de la provincia. Lo más práctico es viajar en coche propio, ya que el transporte público es muy limitado o inexistente según el día.
Consejos
Lleva calzado cómodo para caminar por calles irregulares y caminos rurales. Calcula que, a un ritmo tranquilo, en unas dos horas puedes recorrer el casco y asomarte a los alrededores. Consulta previamente si hay restaurantes abiertos o planifica comidas alternativas. Respeta la tranquilidad del pueblo y sus costumbres: aquí se oye todo y se valora el silencio. Y, sobre todo, ajusta las expectativas al lugar: Ferreras de Abajo se entiende mejor cuando uno baja el ritmo y se deja llevar por el paseo y la conversación corta en la plaza.