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sobre Ferreruela
Localidad atravesada por el río Aliste con paisajes de ribera y monte; conserva tradiciones ancestrales y un entorno ideal para el descanso
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En el corazón de la Tierra de Tábara, donde las llanuras cerealistas se encuentran con las estribaciones de la Sierra de la Culebra, Ferreruela se alza a 826 metros de altitud como uno de esos pueblos zamoranos que conservan bastante bien la esencia de la Castilla rural. Con algo más de 400 habitantes, este pequeño municipio mantiene ese silencio de pueblo que cada vez cuesta más encontrar, un paisaje de horizontes amplios y un patrimonio que habla de siglos de vida ligada al campo.
Ferreruela es territorio de contrastes suaves: campos de trigo que ondean en verano, encinares dispersos y el perfil siempre presente de las sierras al norte. Aquí el tiempo parece transcurrir a otro ritmo, marcado por las campanas de la iglesia, el paso del tractor y el discurrir de las estaciones. No es un lugar de grandes monumentos ni de fotos espectaculares, sino de pasear despacio, saludar a la gente que te cruzas y escuchar.
La comarca de Tierra de Tábara, a la que pertenece, fue históricamente una zona de frontera y paso de ganados, lo que explica la arquitectura tradicional de sus pueblos y la importancia de las vías pecuarias que aún pueden recorrerse. Acercarse a Ferreruela es asomarse a una Zamora menos conocida, más de diario que de postal, donde lo que ves es lo que hay.
¿Qué ver en Ferreruela?
El patrimonio arquitectónico de Ferreruela refleja la sobriedad castellana característica de estos pueblos agrícolas y ganaderos. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano con su torre de piedra, un edificio que merece una visita pausada para apreciar sus elementos tradicionales y el retablo que guarda en su interior. No esperes filigranas: es una iglesia de pueblo, sencilla, pero con la dignidad de lo que se ha usado mucho y se ha cuidado lo justo para que llegue hasta hoy. Si está abierta, entra; si no, el propio entorno de la plaza ya da una buena pista del carácter del lugar.
Pasear por las calles del pueblo permite fijarse en la arquitectura popular zamorana: casas de piedra y adobe, portones de madera centenaria, corrales y bodegas excavadas en la tierra. Muchas viviendas han sido reformadas, pero aún se reconocen las soluciones de siempre para defenderse del frío y del calor. Esta arquitectura vernácula, aunque modesta, cuenta la historia de generaciones de agricultores y ganaderos que supieron adaptarse al clima continental de la meseta. No hace falta recorrerlo con mapa: basta con callejear un rato sin prisa.
En los alrededores de Ferreruela, el paisaje tiene su propio peso. Los campos de cereal que rodean el municipio crean un mar dorado en época de cosecha, mientras que las zonas de monte bajo y encinar albergan una fauna interesante, con presencia de conejos, liebres y diversas aves rapaces. La proximidad a la Sierra de la Culebra convierte la zona en lugar propicio para el avistamiento de aves; la fauna mayor, si la hay, suele mantenerse más alejada y no es algo que debas dar por hecho en una visita puntual.
Las fuentes y abrevaderos tradicionales, diseminados por el término municipal, son testigos de la importancia que el agua tuvo siempre en estas tierras de secano. Algunos de estos elementos etnográficos se conservan en buen estado y forman parte del paisaje cultural del municipio; otros aparecen ya medio integrados en los prados y caminos, como una capa más de historia rural que te vas encontrando al andar.
Qué hacer
Ferreruela se presta al senderismo tranquilo y a las rutas a pie o en bicicleta sin grandes exigencias físicas. Los caminos rurales que conectan con poblaciones vecinas como Tábara, Faramontanos o Santa Eulalia permiten descubrir el paisaje cerealista de la comarca a un ritmo pausado. Estos recorridos, de dificultad baja o media, son especialmente recomendables en primavera y otoño; en verano el sol pega fuerte y conviene madrugar o salir a última hora de la tarde, calculando bien el agua que llevas porque no hay fuentes en cada cruce.
La observación de aves cobra especial interés en esta zona, donde es posible avistar aguiluchos cenizos, milanos, cernícalos y diversas especies de paseriformes. Los atardeceres desde los altos del pueblo permiten vistas amplias sobre la llanura zamorana, con ese cielo grande que aquí parece ocuparlo todo. Si te gusta mirar con calma, unos prismáticos en el bolso marcan la diferencia.
La gastronomía local se basa en los productos de la tierra: legumbres de la zona, cordero lechal, embutidos artesanos y los quesos zamoranos. Aunque Ferreruela no cuenta con una gran oferta de restauración, en los pueblos cercanos es posible encontrar bares y casas de comidas donde probar la cocina tradicional de Tierra de Tábara, donde el bacalao a la tranca y las sopas de ajo siguen muy presentes. Conviene no apurar la hora de la comida: en muchos sitios se come pronto y la cocina no está abierta todo el día.
La micología es otra actividad de interés en otoño, cuando los prados y encinares cercanos producen níscalos y otras setas comestibles, siempre respetando las normativas locales de recolección y recordando que no todos los años son igual de buenos. Aquí se sale al monte con cesta y navaja, pero también con prudencia: si no conoces bien las especies, mejor ir acompañado de alguien de la zona o limitarse a observar.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales de Ferreruela se celebran en agosto, concentrando el calendario festivo del municipio en estos días de verano, cuando muchos emigrantes regresan al pueblo. Son jornadas de convivencia con bailes, procesiones y comidas populares que mantienen vivo el espíritu comunitario. Si coincides, más que un espectáculo, encontrarás la vida social del pueblo en pleno, con peñas, reencuentros y mucha conversación en la calle hasta tarde.
Como en buena parte de Zamora, la Semana Santa se vive con recogimiento, con procesiones que mantienen la tradición de la religiosidad castellana. A lo largo del año, las celebraciones religiosas marcan el ritmo de la vida local, con romerías y actos que se han transmitido de generación en generación, adaptándose a la realidad de un municipio pequeño donde ya no hay tanta gente como antes, pero se sigue intentando mantener las costumbres.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Zamora capital, Ferreruela se encuentra a unos 65 kilómetros por la N-631 en dirección a Puebla de Sanabria, desviándose posteriormente hacia Tábara y continuando por carreteras comarcales. El trayecto dura aproximadamente una hora en coche, según tráfico y estado de la vía. Para quienes vengan desde Benavente, la distancia es similar, tomando la dirección hacia Tábara. El transporte público es limitado o inexistente en muchos horarios, así que lo más realista es llegar en coche propio.
Mejor época para visitar: La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son las estaciones más agradables, con temperaturas suaves y el campo en su mejor momento. El verano puede ser caluroso durante el día, aunque las noches refrescan gracias a la altitud. El invierno es frío, con posibles heladas y días cortos, así que las visitas conviene concentrarlas en las horas centrales y llevar ropa de abrigo aunque el día salga despejado.
Consejos prácticos: Ferreruela es un pueblo pequeño sin servicios turísticos desarrollados, por lo que conviene planificar el alojamiento en Tábara o en otros municipios cercanos con mayor infraestructura. Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar y prismáticos si te interesa la observación de aves. No está de más llenar el depósito de combustible antes de entrar en la zona y consultar previamente el calendario festivo si se desea coincidir con las celebraciones locales. Si vas a hacer rutas, descarga los mapas antes: la cobertura de móvil puede flojear en algunos puntos.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Da una vuelta por el casco urbano, acércate a la iglesia, recorre un par de calles laterales para ver la arquitectura tradicional y termina saliendo por algún camino agrícola cercano al pueblo para asomarte al paisaje cerealista. A ese ritmo, en una hora y media te haces una idea bastante fiel del lugar.
Si tienes el día entero
Combina el paseo por Ferreruela con una ruta a pie o en bicicleta por los caminos que enlazan con otros pueblos de la Tierra de Tábara, parando a mediodía en alguna localidad con bar para comer. Es un plan tranquilo, de ir sumando kilómetros sin prisas, más de campo que de pueblo monumental.
Lo que no te cuentan
Ferreruela se ve rápido: en una mañana tranquila puedes recorrer el casco urbano, acercarte a la iglesia y dar un paseo por los alrededores. Más que un destino para pasar varios días, funciona bien como base rural tranquila o como parada dentro de una ruta por la Tierra de Tábara y la Sierra de la Culebra.
Las fotos de los campos de cereal al amanecer o al atardecer pueden dar la impresión de paisajes espectaculares a cada paso, pero el día a día es más sobrio: caminos, fincas, maquinaria agrícola, vida rural normal. Si vienes con esa perspectiva, valorando lo cotidiano y sin esperar grandes “postales”, Ferreruela encaja mejor. Aquí el atractivo está en el silencio, en el cielo abierto y en poder andar sin prisas por un territorio que todavía se rige bastante por el ritmo del campo.