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sobre Tábara
Capital de la comarca famosa por el Beato de Tábara y su monasterio; cuna de poetas (León Felipe) y centro cultural
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Tábara es como esa foto antigua que encuentras en el fondo de un cajón: al principio no le das mucha importancia, pero cuando te paras a mirarla aparecen detalles que no esperabas. El turismo en Tábara funciona un poco así. Llegas pensando que será otro pueblo tranquilo de Zamora… y acabas descubriendo que aquí, hace mil años, se copiaban algunos de los manuscritos más famosos del arte medieval.
El pueblo donde nacieron los libros de colores
Llegas y lo primero que ves es la torre de la iglesia de Santa María. Se ve desde lejos, sobresaliendo por encima del caserío, como si alguien hubiera decidido que el pueblo necesitaba una referencia clara en el horizonte. Esa torre románica es la misma que aparece dibujada en el llamado Beato de Tábara, un manuscrito iluminado que salió del scriptorium del antiguo monasterio de San Salvador.
Ese monasterio ya no existe. Las crónicas cuentan que fue arrasado durante las campañas de Almanzor a finales del siglo X. Aun así, cuando caminas por los alrededores del pueblo cuesta no imaginar lo que hubo aquí: un centro monástico importante, con decenas —dicen que incluso cientos— de monjes copiando textos y pintando miniaturas.
Los Beatos eran comentarios ilustrados al Apocalipsis, y los de esta zona tienen colores y escenas que hoy recuerdan casi a un cómic medieval: bestias, ángeles, ciudades amuralladas, todo dibujado con una imaginación tremenda para la época. El de Tábara terminó en la Biblioteca Nacional y suele citarse como uno de los ejemplos más conocidos.
La iglesia que parece medio fortaleza
Con el paso de los siglos el pueblo cambió de manos varias veces. Durante la Edad Media la zona quedó vinculada a la Orden del Temple durante un tiempo, algo bastante común en la frontera entre los reinos cristianos y los territorios que se iban repoblando.
La iglesia de Santa María conserva un aire robusto que encaja con esa época: muros gruesos, aspecto sobrio y esa torre que parece más defensiva que decorativa. No es una catedral ni falta que le hace. Es de esas iglesias que cuentan la historia del lugar sin necesidad de paneles explicativos.
Con los siglos también llegó el Marquesado de Tábara, ligado a familias nobiliarias importantes de Castilla. Hoy el título sigue existiendo, aunque la vida del pueblo va por otro lado: vecinos que se conocen todos, tractores pasando por la calle y bastante calma entre semana.
León Felipe, el poeta que salió de aquí
En la plaza hay una estatua de León Felipe. Nació en Tábara en 1884 y acabó viviendo media vida fuera de España, sobre todo en México tras la Guerra Civil. Aun así, el pueblo aparece varias veces en sus recuerdos y en sus textos.
No es raro: cuando te sientas en la plaza y miras la torre, entiendes por qué alguien guarda esa imagen durante años. Es un paisaje muy sencillo —piedra, cielo abierto, silencio— pero se te queda grabado.
Caminos alrededor del pueblo
Tábara también es un buen punto para moverse por la zona.
Hacia el norte empieza la Sierra de la Culebra, conocida por la presencia de lobo ibérico. Hay rutas y carreteras desde las que, con suerte y paciencia, algunos visitantes llegan a ver alguno a lo lejos. No es algo garantizado, claro; lo normal es volver habiendo visto monte, ciervos y mucho cielo.
Por aquí pasa además la Vía de la Plata del Camino de Santiago. Los peregrinos llegan desde el sur después de jornadas largas por la llanura zamorana. Cuando entran en el pueblo se les nota: mochila, polvo del camino y cara de estar buscando una sombra y una fuente.
También hay un pequeño recorrido conocido como ruta mozárabe que conecta varios puntos históricos de los alrededores. Son pocos kilómetros —alrededor de cuatro— y transcurren entre caminos agrícolas y muros de piedra seca.
Lo que se come y cuándo se anima el pueblo
La cocina es la que manda en buena parte de la provincia: platos contundentes. Sopas de ajo, guisos de matanza, queso de oveja y dulces tradicionales como el rebojo, muy ligado a la Semana Santa.
Las fiestas grandes suelen concentrarse en dos momentos del año. En torno a San Blas, en invierno, y durante las celebraciones de la Virgen de la Asunción en verano. En esas fechas el pueblo cambia bastante: vuelven muchos vecinos que viven fuera y la plaza se llena mucho más de lo habitual.
Cuánto tiempo dedicarle a Tábara
Tábara no es un sitio para correr de monumento en monumento. Más bien funciona como parada tranquila dentro de una ruta por Zamora o camino de la Sierra de la Culebra.
Un paseo por la plaza, entrar en la iglesia, mirar la torre con calma y dar una vuelta por las calles cercanas te lleva poco tiempo. Luego comes algo, te sientas un rato y el plan queda hecho.
Es uno de esos pueblos donde la historia pesa más de lo que aparenta. Desde fuera parece pequeño. Cuando rascas un poco, resulta que aquí se copiaban libros que hoy estudian en medio mundo. Y eso, para un pueblo de poco más de setecientos vecinos, no está nada mal.