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sobre Tábara
Capital de la comarca famosa por el Beato de Tábara y su monasterio; cuna de poetas (León Felipe) y centro cultural
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En el corazón de la provincia de Zamora, donde las tierras de secano se extienden bajo un cielo inmenso, se encuentra Tábara, una villa que ha sido testigo de más de mil años de historia. Con sus 743 habitantes y situada a 749 metros de altitud, esta población conserva el espíritu tranquilo de la España rural, pero con un patrimonio que la convierte en una buena parada para quienes buscan comprender las raíces medievales de Castilla y León sin grandes multitudes ni prisas. No es un pueblo de postal continua: hay casas arregladas y otras que esperan mejor época, como en casi toda la meseta.
Tábara es sinónimo de arte mozárabe y cultura monástica. Aquí se encuentra uno de los vestigios más importantes del arte altomedieval español: la torre del antiguo monasterio de San Salvador, scriptorium donde se iluminaron códices fundamentales como el Beato de Tábara en el siglo X. Pasear por sus calles es recorrer siglos de historia, desde su época de esplendor monacal hasta su papel en las guerras medievales que forjaron la Reconquista. El casco es pequeño, así que el paseo se hace sin agobios y en un par de horas se puede ver lo principal con calma, sin necesidad de ir mirando el reloj.
La comarca de Tierra de Tábara ofrece ese paisaje característico de la meseta castellana: horizontes amplios, campos de cereal que cambian de color según la estación, y un cielo que por las noches regala algunas de las mejores vistas estelares de la provincia. Es un territorio para bajar el ritmo, escuchar el silencio y entender cómo se vive en estos pueblos durante todo el año, no solo en agosto.
Qué ver en Tábara
La Torre de San Salvador es, sin duda, el monumento estrella de Tábara. Esta torre del siglo X es el único resto visible del célebre monasterio mozárabe que fue uno de los centros culturales más importantes de la Alta Edad Media peninsular. El scriptorium tabarense produjo manuscritos de incalculable valor, siendo el Beato de Tábara (actualmente en el Archivo Histórico Nacional) el más conocido. La torre, de estilo mozárabe, permite imaginar la grandeza que tuvo este centro monástico antes de su destrucción por Almanzor. El entorno es sencillo, sin grandes artificios turísticos, así que conviene venir con la historia leída o visitar antes/el mismo día el centro de interpretación si está abierto.
La Iglesia de Santa María, de estilo románico-mudéjar, destaca por su torre cuadrada y su sobria elegancia. Construida entre los siglos XII y XIII, conserva elementos arquitectónicos que muestran la transición entre estilos artísticos. Su interior alberga retablos barrocos de interés y constituye un buen ejemplo de la arquitectura religiosa rural zamorana. Conviene comprobar horarios, porque no siempre está abierta fuera de festivos o temporada alta [VERIFICAR]; no des por hecho que podrás entrar si llegas a última hora de la tarde.
El Santuario de Nuestra Señora de la Ermita, situado en las afueras del pueblo, es otro punto de visita habitual. Este templo del siglo XVII es destino de romería y punto de encuentro de la devoción popular de la comarca. El paseo hasta allí, si se hace a pie, ayuda a hacerse una idea del paisaje de los alrededores: caminos entre parcelas, algo de arbolado disperso y, cuando sopla el aire, ese silencio roto solo por el viento y algún tractor lejano.
Merece la pena recorrer el casco urbano para descubrir arquitectura tradicional, con construcciones de piedra y adobe que mantienen el sabor de antaño. Las casas blasonadas recuerdan el pasado hidalgo de algunas familias locales. No es un casco monumental al uso, pero sí un buen ejemplo de pueblo de la meseta que ha ido adaptándose sin perder del todo su trazado y materiales tradicionales. El paseo es corto: en menos de una hora, andando despacio, te haces una idea clara de cómo es el pueblo.
Qué hacer
Tábara es punto de partida interesante para rutas de senderismo por la comarca. Los caminos rurales permiten conocer el paisaje cerealista de Tierra de Tábara, con recorridos aptos para todos los públicos que atraviesan campos, pequeños bosquetes de encinas y arroyos estacionales. Los desniveles son suaves, pero conviene tener en cuenta el sol y el viento: en verano y a mediodía el calor cae a plomo, y en invierno la sensación térmica suele bajar unos cuantos grados. Aquí el truco es madrugar o dejar las caminatas para la tarde, y llevar siempre algo de abrigo extra en los meses fríos.
La gastronomía local merece una mención especial. La cocina tabarense mantiene las recetas tradicionales zamoranas: el bacalao a la tranca, los productos del cerdo, las legumbres de la tierra y los asados. En época de caza, las preparaciones de liebre y conejo son especialmente apreciadas. Los quesos artesanos de oveja de la zona son un buen recuerdo gastronómico y aguantan bien el viaje de vuelta, siempre que no los dejes muchas horas al sol en el coche.
Para los aficionados a la historia y el arte, se puede complementar la visita con el Centro de Interpretación del Beato, que ayuda a entender la importancia del scriptorium tabarense y del arte mozárabe. Es recomendable consultar horarios con antelación, porque no siempre coincide la apertura con el paso improvisado del viajero y puede que lo encuentres cerrado si vas fuera de verano o festivos.
La observación de aves es otra actividad interesante en los alrededores, especialmente en las zonas húmedas cercanas, donde es posible avistar especies esteparias propias de la meseta castellana. Aquí lo más importante es venir con prismáticos y paciencia: el paisaje parece vacío, pero si uno se detiene empiezan a aparecer avutardas, aguiluchos y otras sorpresas [VERIFICAR]. No esperes observatorios ni infraestructuras específicas; es más un plan de campo tranquilo que una actividad organizada.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en honor a Nuestra Señora de la Asunción en torno al 15 de agosto, con verbenas, procesiones y actividades populares que congregan tanto a vecinos como a visitantes. Es cuando el pueblo está más lleno y bullicioso; si buscas tranquilidad absoluta, mejor elegir otras fechas, porque esos días Tábara cambia de ritmo.
En mayo tiene lugar la romería al Santuario de Nuestra Señora de la Ermita, una tradición muy arraigada en la que participa buena parte de la comarca.
La Semana Santa se vive con devoción, manteniendo procesiones tradicionales que recorren las calles del pueblo, sobrias y acordes con el carácter de la zona.
A lo largo del año, diversas actividades culturales relacionadas con el Beato de Tábara y el patrimonio mozárabe se organizan periódicamente, especialmente en temporada estival. La programación varía según el año, así que conviene informarse en el propio pueblo o en la web municipal [VERIFICAR].
Información práctica
Cómo llegar: Desde Zamora capital, Tábara se encuentra a unos 60 kilómetros por la carretera N-631 en dirección a Puebla de Sanabria. El trayecto dura aproximadamente 45 minutos en coche, según tráfico. También existe servicio de autobús interprovincial, aunque con frecuencias limitadas, de modo que para ir y volver en el día conviene revisar bien los horarios y cuadrar la visita con ellos.
Mejor época: La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son los momentos más agradables para visitar Tábara, con temperaturas suaves y el campo en su mejor momento. El verano puede ser caluroso, aunque las noches son frescas por la altitud, y el invierno es frío, típico de la meseta castellana, con días claros pero cortos. Si te gusta ver el cereal dorado y las cosechadoras trabajando, finales de junio y julio tienen su punto.
Consejos: Lleva calzado cómodo para caminar por el pueblo y los alrededores. En verano, gorra y agua no son opcionales si vas a hacer rutas. Si planeas visitar monumentos, consulta previamente los horarios de apertura. Tábara se ve bien en medio día relajado, pero si te gusta parar a charlar, hacer fotos y salir al campo, el día completo cunde. No hay grandes cuestas ni complicaciones para moverse, pero sí conviene asumir que es un pueblo pequeño y que el ritmo es el que es.
Cuándo visitar Tábara
Fuera de agosto y de Semana Santa, Tábara es un lugar tranquilo, con poca presencia de turismo. Eso tiene una contrapartida: más calma y menos gente, pero también más probabilidades de encontrarte algún edificio cerrado o menos servicios abiertos entre semana.
- Primavera: el campo verdea, los caminos están más agradables y las temperaturas permiten caminar sin agobios. Buen momento para combinar pueblo y rutas cortas.
- Verano: días largos y mucha vida en la calle por las tardes y noches. Por el día, calor seco; organiza las visitas a primera hora o a última.
- Otoño e invierno: luz limpia, cielos despejados y frío. Buen momento para quien soporta bien las bajas temperaturas y disfruta de pueblos sin ruido ni aglomeraciones.
Lo que no te cuentan
Tábara se recorre rápido. Si vas solo a ver el pueblo y la torre, en dos o tres horas habrás terminado, incluso yendo despacio. El viaje compensa más si lo integras en una ruta por la comarca o por la N-631, enlazando con otros pueblos o con espacios naturales cercanos.
Las fotos que circulan suelen centrarse en la torre y en algún rincón cuidado; el resto es un pueblo castellano auténtico, con partes más arregladas y otras más humildes. Si llegas esperando un casco histórico continuo, te parecerá que “se acaba” enseguida. Si vienes sabiendo que es una parada histórica y rural, encaja mejor con lo que te vas a encontrar.