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sobre Peralejos de Arriba
Vecino menor de Peralejos de Abajo; muy pequeño y rural
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En el corazón de la Tierra de Vitigudino, donde las penillanuras salmantinas dibujan un paisaje de horizontes amplios y cielos muy abiertos, se encuentra Peralejos de Arriba. Este pueblo diminuto, con unos 38 habitantes censados, se recorre en pocos minutos y encaja bien en una ruta más amplia por el oeste salmantino.
A 794 metros de altitud, Peralejos de Arriba se asienta sobre un terreno ondulado característico de esta comarca próxima a la frontera con Portugal. Sus construcciones de arquitectura popular, sus callejas tranquilas y su entorno natural lo convierten en una parada razonable para quien ya está rodando por la zona y quiere hacerse una idea de cómo se vive en estos núcleos que aún resisten al despoblamiento, con más persianas bajadas que bullicio.
Visitar Peralejos de Arriba es adentrarse en un territorio donde la naturaleza, la historia local y las tradiciones ganaderas se entrelazan. Aquí el ritmo lo marcan el campo y las estaciones, no el reloj, y eso se nota en cómo se organiza el día a día: mañanas de trabajo fuera, mediodía en casa y tardes muy tranquilas fuera del verano.
Qué ver en Peralejos de Arriba
El principal interés de Peralejos de Arriba está en su arquitectura popular tradicional. Un paseo breve por sus calles permite fijarse en las construcciones típicas de la zona, con viviendas de piedra de granito, portones de madera envejecida y alguna fachada encalada que habla de siglos de adaptación al clima y al entorno. No son casas de postal ni restauraciones de diseño: es arquitectura rural funcional, construida con lo que había a mano y con muchas viviendas hoy cerradas o utilizadas solo en verano.
La iglesia parroquial es, como en casi todos los pueblos castellanos, el edificio que manda en el perfil urbano. Su silueta se recorta sobre la penillanura y marca el centro social del pueblo, sobre todo durante las celebraciones religiosas y festivas. No es un gran monumento, pero ayuda a entender la escala y la historia del lugar y sirve de referencia para orientarse por el caserío.
El entorno natural de Peralejos de Arriba invita a estirar las piernas. Los paisajes de dehesa, con encinas y algún roble disperso, son muy representativos de esta parte de Salamanca y tienen una belleza serena, especialmente al atardecer, cuando la luz baja y dora los campos. Los afloramientos graníticos que salpican el territorio crean formaciones rocosas curiosas, habituales en estas tierras de pastores y arrieros, y marcan bien la transición entre cultivos, pastos y monte bajo.
Qué hacer
La actividad más lógica en Peralejos de Arriba y sus alrededores es el senderismo sencillo por la Tierra de Vitigudino. Los caminos rurales y antiguas vías pecuarias que conectan la aldea con pueblos vecinos permiten hacer recorridos sin grandes complicaciones entre dehesas, prados y arroyos estacionales. No son rutas señalizadas de gran recorrido, así que conviene llevar mapa, GPS o al menos una idea clara del itinerario y preguntar a la gente del pueblo si tienes ocasión: saben bien qué caminos están más transitables según la época.
La observación de aves tiene sentido en este entorno, sobre todo en las zonas de dehesa, donde se dejan ver especies como la abubilla, el abejaruco o el críalo, además de cigüeñas y buitres sobrevolando la zona. No es un “paraíso ornitológico” especializado, pero quien tenga costumbre de mirar al cielo y al tendido eléctrico suele encontrar entretenimiento, especialmente en primavera y principios de verano.
La gastronomía tradicional es uno de los puntos fuertes de la comarca, más que del pueblo en sí. Esta parte de Salamanca es conocida por los productos del cerdo ibérico, embutidos artesanales, hornazo y guisos de caza. Las legumbres (lentejas y garbanzos) siguen siendo la base de muchos potajes. En alojamientos y casas rurales de la zona se pueden probar estos platos hechos al estilo de siempre; en Peralejos de Arriba como tal, la oferta es muy limitada, así que conviene organizarse pensando en los núcleos mayores cercanos.
En la práctica, Peralejos de Arriba funciona bien como apoyo para explorar la Tierra de Vitigudino, enlazando con otros pueblos cercanos, con sus bodegas tradicionales excavadas en la tierra y su relación histórica con la frontera portuguesa. Es un punto tranquilo para pasear un rato, asomarse a la dehesa y seguir ruta.
Fiestas y tradiciones
Como en casi toda la provincia de Salamanca, las fiestas patronales se concentran en los meses de verano. Es cuando el pueblo multiplica vecinos porque regresan los que viven fuera. Más que grandes programas festivos, lo importante aquí es el reencuentro: comidas, bailes y actividades sencillas que recuperan la vida en la calle y llenan de ruido unas plazas que el resto del año son silenciosas.
La matanza del cerdo, aunque ya no se celebra casa por casa como antes, sigue presente en el imaginario local durante los meses fríos. Donde se mantiene, conserva ese carácter de ritual gastronómico y social que marcaba el calendario rural y todavía hoy sirve de excusa para juntar a familia y amigos alrededor de la mesa.
Las romerías y procesiones religiosas también tienen su peso, y sirven de excusa para juntar a la gente del pueblo y de los alrededores, con misas, recorridos cortos con las imágenes y convivencia posterior. No son grandes eventos turísticos, son actos pensados para la propia comunidad.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Salamanca (a unos 70 km, aproximados), se accede a Peralejos de Arriba por la carretera CL‑517 en dirección a Vitigudino y, desde allí, por carreteras locales hasta la aldea. El trayecto discurre por el paisaje típico de penillanura salmantina, con rectas largas y poca densidad de tráfico. Es muy recomendable viajar en coche propio: el transporte público es escaso o prácticamente testimonial [VERIFICAR], y los horarios suelen estar pensados para quienes hacen gestiones, no para quien viaja por ocio.
Cuándo visitar Peralejos de Arriba
La primavera (abril‑mayo) suele ser el momento más agradecido: temperaturas suaves y campos todavía verdes, lo que ayuda si se quiere caminar un poco. El otoño tiene su interés por los tonos dorados de la dehesa y una luz más baja que favorece los paisajes.
El verano puede ser caluroso y seco, con horas centrales poco amables para salir a andar, pero coincide con las fiestas y con la mayor presencia de gente en el pueblo; si quieres ver el pueblo con algo de vida, es cuando más se nota. El invierno es frío, muy tranquilo y con días cortos; funciona si lo que se busca es soledad y escuchar el campo más que “hacer cosas”.
Si solo tienes unas horas
- Paseo tranquilo por el casco para hacerse una idea de la arquitectura popular.
- Parada junto a la iglesia y entorno inmediato.
- Salida corta a pie por alguno de los caminos que salen del pueblo, sin complicarse, para asomarse a la dehesa y al paisaje granítico.
Errores típicos al visitar Peralejos de Arriba
- Esperar un “pueblo monumental”: Peralejos de Arriba es pequeño y sencillo. En una hora se ve con calma. Encaja mejor como parada dentro de una ruta comarcal que como destino único de un fin de semana largo.
- Confiar en encontrar servicios de cualquier tipo: en un pueblo de este tamaño no hay una oferta amplia. Conviene llegar con el depósito de gasolina resuelto, algo de comida y agua, y tener claro dónde se va a dormir (probablemente en otro núcleo cercano).
- Subestimar el clima: en verano, el sol pega fuerte y hay pocas sombras si se sale a caminar por las penillanuras; en invierno, el frío y el viento se hacen notar. Ropa adecuada y algo de previsión ahorran incomodidades.
- No calcular los tiempos de desplazamiento: las carreteras secundarias son tranquilas, pero más lentas de lo que marcan los kilómetros. Si quieres enlazar varios pueblos de la Tierra de Vitigudino en el mismo día, deja margen.
Lo que no te cuentan
Peralejos de Arriba se recorre rápido. No es un parque temático rural ni un pueblo “de foto” pulido para el turismo, y ahí está parte de su interés: lo que se ve es la realidad de muchos núcleos de la España interior, con casas cerradas buena parte del año y actividad concentrada en horarios muy concretos.
Las fotos de los alrededores pueden dar una impresión de “bosque” que no se corresponde del todo con la realidad: aquí manda la dehesa, el granito y los espacios abiertos. El acceso por carreteras locales es sencillo pero lento, con firme variable y poca señalización secundaria. Planifica el desplazamiento con margen de tiempo, sobre todo si quieres enlazar con otros pueblos de la Tierra de Vitigudino en la misma jornada, y asume que vas a un sitio pequeño donde las cosas se hacen sin prisa.