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sobre Villavieja de Yeltes
Villa conocida por su granito y el río Yeltes; posee un museo del granito y tradición cantera
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En el extremo occidental de la provincia de Salamanca, donde las tierras empiezan a mirar hacia Portugal, se encuentra Villavieja de Yeltes, un pueblo de la Tierra de Vitigudino que sigue funcionando a ritmo de campo y estación. Con sus algo más de seiscientos habitantes y situado a más de 700 metros de altitud, mantiene esa mezcla de vida ganadera, agrícola y dehesa que define buena parte del occidente salmantino.
El paisaje que rodea Villavieja de Yeltes es el típico de la penillanura salmantina: dehesas de encinas y robles, tierras de labor amplias y el río Yeltes serpenteando más abajo, encajado en algunos tramos y más abierto en otros. Aquí el horizonte manda y el cielo ocupa buena parte de lo que ves. El pueblo no es un parque temático rural: es un sitio donde se sigue ordeñando, sembrando y yendo al bar a comentar la cosecha.
Pasear por sus calles es adentrarse en la arquitectura tradicional de la comarca, con construcciones de piedra y granito, muchas reformadas, otras más humildes, que hablan de siglos de vida ligada al campo. Es un destino más para quienes quieren conocer cómo se vive realmente en la España rural que para quien busca foto rápida y pueblo de postal.
¿Qué ver en Villavieja de Yeltes?
El patrimonio de Villavieja de Yeltes se concentra principalmente en su iglesia parroquial, dedicada a San Pelayo, que preside el casco urbano con su estructura de mampostería y sillería. Este templo, de origen medieval con reformas posteriores, conserva elementos arquitectónicos que merecen una visita tranquila, especialmente su torre campanario y algunos retablos del interior. El acceso al interior puede variar según horarios y época del año [VERIFICAR], así que conviene preguntar en el pueblo, en el bar o en el propio entorno de la iglesia.
El urbanismo del pueblo sigue el trazado típico de los municipios charros, con plazas que servían como espacios de reunión y calles adaptadas a la orografía, sin grandes alardes pero con lógica de pueblo agrícola. Al caminar por el núcleo antiguo aún se encuentran casas señoriales con escudos nobiliarios en sus fachadas, mezcladas con viviendas más recientes y reformas de los años 70 y 80 que recuerdan que aquí la vida no se detuvo para salir bien en las fotos.
En los alrededores, el río Yeltes configura un entorno natural interesante para quien disfruta del campo sin necesidad de miradores espectaculares. Sus riberas conservan bosques de galería con fresnos, alisos y sauces, creando un pequeño corredor verde muy distinto a las tierras abiertas de cultivo. Las dehesas circundantes, con sus encinas, permiten escenas típicas de la zona: ganado extensivo, cigüeñas en los postes y, con un poco de paciencia, garcetas y otras aves habituales.
La proximidad a otros pueblos de la comarca permite encajar Villavieja de Yeltes dentro de una ruta más amplia por la Tierra de Vitigudino. Más que un “gran destino” aislado, funciona bien como una parada dentro de un recorrido por la zona occidental de Salamanca.
Qué hacer
El senderismo es una de las actividades más razonables en Villavieja de Yeltes, pero hay que aclarar qué tipo de senderismo: aquí hablamos de caminos rurales, pistas entre fincas y dehesa, no de grandes rutas de montaña con señalización impecable. Los caminos que parten del pueblo permiten adentrarse en la dehesa y recorrer paisajes especialmente agradables en primavera, cuando el campo explota de flores silvestres, o en otoño, con el campo más seco pero con buenas luces al atardecer. Conviene llevar mapa o aplicación en el móvil y algo de sentido de la orientación: no todo está marcado.
Las rutas por la ribera del Yeltes son especialmente gratificantes para los amantes de la observación de aves. El río actúa como corredor ecológico y punto de encuentro de numerosas especies; no es un “safari” de fauna, pero con prismáticos y algo de paciencia se pueden ver bastantes aves, sobre todo a primera hora de la mañana o al atardecer.
La gastronomía de la zona se mantiene fiel a la cocina tradicional charra: el hornazo, las patatas meneás, el farinato y los guisos de caza forman parte del recetario habitual, junto con la carne de cerdo de la matanza y los asados de cordero o cabrito en horno de leña. Lo normal es encontrar comida contundente y de temporada, más ligada al día a día que a la foto en redes sociales.
Para quienes se mueven con coche y tiempo, Villavieja de Yeltes funciona bien como base sencilla o como parada para explorar otros pueblos de la Tierra de Vitigudino, cada uno con su particular mezcla de patrimonio religioso, civil y paisajes de dehesa. La cercanía relativa a la frontera portuguesa permite, además, plantear alguna escapada a pueblos del otro lado, siempre contando con los tiempos de carretera y las carreteras secundarias.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Villavieja de Yeltes mantiene vivas tradiciones que se remontan a siglos atrás. Las fiestas patronales en honor a San Pelayo se celebran a finales de junio, con procesiones, verbenas y actividades populares que reúnen tanto a vecinos como a emigrantes que regresan al pueblo. No es una fiesta masificada, sino el típico reencuentro de pueblo donde la gente se conoce.
En agosto tienen lugar las fiestas de verano, momento de máxima actividad cuando el pueblo recupera buena parte de su población tradicional. Son días de convivencia, con bailes, competiciones deportivas y actos organizados muchas veces por las propias peñas o asociaciones locales.
La matanza del cerdo, aunque ya no se celebra como antaño en todas las casas, sigue siendo una tradición viva en la comarca durante los meses de invierno, manteniendo formas de hacer embutidos y conservas que vienen de generaciones atrás. No es un espectáculo organizado para turistas: si te interesa, lo normal es conocer a alguien o preguntar con discreción.
Información práctica
Llegar a Villavieja de Yeltes desde Salamanca capital implica recorrer en torno a 95 kilómetros por la N-620 en dirección a Ciudad Rodrigo, y después tomar carreteras comarcales hacia la zona de Vitigudino [VERIFICAR trazado actual]. El trayecto discurre por paisajes abiertos de penillanura, con tramos de rectas largas y alguna curva sin complicaciones, pero conviene tener en cuenta que los últimos kilómetros son por carreteras secundarias, con más presencia de tractores, ganado en camiones y algún bache.
En cuanto a servicios, conviene asumir que estás en un pueblo de poco más de 600 habitantes: lo básico suele estar cubierto, pero no esperes una gran oferta de tiendas ni horarios amplios. Mejor llevar efectivo, ya que no todos los establecimientos disponen de datáfono, y revisar con antelación dónde repostar combustible, porque la gasolinera más cercana puede no estar en el propio municipio [VERIFICAR].
Cuándo visitar Villavieja de Yeltes
La mejor época para visitar el pueblo suele ser la primavera (abril-mayo), cuando el campo está en su punto álgido y los días alargan, y el otoño (septiembre-octubre), con temperaturas más suaves y buenas condiciones para caminar por los caminos rurales.
El verano puede ser caluroso durante el día, con máximas altas en las horas centrales, aunque las noches suelen refrescar. En invierno, los días son cortos, puede hacer frío y soplar aire, pero a cambio el pueblo está en su ritmo más auténtico, con menos movimiento de forasteros.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el casco urbano, fijándote en las casas de piedra y los escudos.
- Acercarte a la iglesia de San Pelayo y su entorno.
- Bajar en coche hacia alguna zona cercana del río Yeltes para hacer una pequeña caminata por la ribera, sin complicarse.
Si tienes el día entero
- Paseo por el pueblo por la mañana, visita a la iglesia si está abierta.
- Ruta a pie por pistas y caminos hacia la dehesa o el entorno del río (lleva agua y algo de comida).
- Tarde de recorrido en coche por otros pueblos de la Tierra de Vitigudino, encajando Villavieja de Yeltes como una de las paradas.
Lo que no te cuentan
Villavieja de Yeltes es un pueblo pequeño y se ve rápido: el casco urbano no te va a llevar más de un rato largo de paseo. El atractivo está más en el conjunto —el paisaje, el ritmo de vida, la dehesa y el río— que en monumentos concretos.
Las fotos de la zona del Yeltes pueden dar sensación de gran cañón o paraje espectacular; en realidad, es un río encajado en algunos tramos y más abierto en otros, muy agradable, pero no un gran parque natural preparado para el turismo masivo. Conviene ir con esa idea: es territorio de trabajo y de uso cotidiano, no un decorado.