Artículo completo
sobre Benegiles
Municipio próximo al río Valderaduey con paisaje de llanura y cultivos; conserva una iglesia con interesantes yeserías barrocas y un ambiente rural apacible
Ocultar artículo Leer artículo completo
En el corazón de la Tierra del Pan zamorana, donde los horizontes se extienden como un mar de cereales dorados, Benegiles es uno de esos pueblos castellanos donde todavía se escucha el tractor más que el coche. Con unos 266 habitantes y situado a 644 metros de altitud, este pequeño municipio es un remanso de tranquilidad que invita a bajar marchas y a fijarse en los detalles: el olor a leña en invierno, las eras vacías al atardecer, las cigüeñas sobre los tejados.
La comarca de Tierra del Pan debe su nombre a la riqueza cerealista que ha marcado su identidad durante siglos. Benegiles, como muchos de sus vecinos, es heredero de esta tradición agrícola que se refleja en su arquitectura, sus costumbres y su forma de vivir. Aquí, las casas de adobe y piedra se alinean en calles donde el silencio solo se interrumpe por el repiqueteo de las campanas o el murmullo de los vecinos en la plaza, sobre todo a la hora del vermú.
Venir a Benegiles no es “hacer turismo” en el sentido clásico: es asomarse un rato a la vida tranquila de un pueblo que sigue a su ritmo, sin artificios.
Qué ver en Benegiles
El principal referente patrimonial de Benegiles es su iglesia parroquial, un templo que refleja la importancia histórica que tuvo el municipio en épocas pasadas. Como muchas iglesias de la comarca, conserva elementos de diferentes períodos constructivos que narran la evolución arquitectónica de la zona. Lo normal es encontrarla cerrada fuera de culto, así que conviene no llegar con expectativas de una visita monumental larga; si te interesa mucho, pregunta en el pueblo, a veces hay quien tiene la llave.
Recorrer las calles de Benegiles es descubrir la arquitectura tradicional de la Tierra del Pan, con construcciones de adobe, tapial y ladrillo que se han mantenido en pie durante generaciones. Las casas señoriales con sus escudos nobiliarios en las fachadas recuerdan que el pueblo tuvo cierta relevancia en el pasado, cuando la agricultura proporcionaba prosperidad a estas tierras. Algunas están rehabilitadas, otras esperan mejor suerte: esa mezcla también forma parte del paisaje.
Los alrededores del municipio muestran los paisajes típicos de la meseta castellana: campos de cultivo que cambian de color con las estaciones, desde el verde tierno de la primavera hasta el dorado intenso del verano e incluso el ocre apagado del rastrojo en otoño. Los caminos rurales que rodean Benegiles permiten paseos tranquilos en los que observar la avifauna característica de estas llanuras cerealistas: aguiluchos, milanos, bandadas de alondras… si se camina en silencio, se ve bastante vida.
No muy lejos se encuentra el embalse de Ricobayo, uno de los espacios más conocidos de la provincia, donde el río Esla forma un cañón llamativo y se practican actividades acuáticas y de observación de aves. Conviene revisar antes el nivel del agua, porque las sensaciones cambian mucho según el año [VERIFICAR]; en épocas de bajada del embalse el paisaje puede resultar más áspero.
Qué hacer
Benegiles es un destino para quienes buscan desconexión y contacto tranquilo con la naturaleza, sin grandes infraestructuras turísticas. Las rutas de senderismo y cicloturismo por los caminos que conectan los pueblos de la Tierra del Pan permiten descubrir el paisaje agrario en primera persona. La red de caminos antiguos, algunos de ellos antiguas vías pecuarias, ofrece itinerarios llanos y sin complicaciones técnicas, muy agradecidos para caminar sin prisa o hacer unos kilómetros de bici en plan paseo. Calcula que en una mañana, a ritmo tranquilo, puedes enlazar Benegiles con algún pueblo cercano y volver sin problema.
La gastronomía es otro de los pilares de la zona. La cocina de Benegiles y su comarca se basa en productos de la tierra: el pan artesano (lógico en una comarca que lleva el pan en su nombre), las legumbres, el cordero y los embutidos tradicionales. El bacalao "a la tranca" y los quesos zamoranos suelen aparecer en las mesas cuando hay reunión familiar o día señalado. No vas a encontrar una oferta infinita, pero lo que hay suele ser contundente y sin florituras.
Para los aficionados a la fotografía rural, Benegiles y su entorno funcionan bien si se va con ojos atentos: atardeceres sobre los campos de cereal, tejados con cigüeñas, nubes enormes sobre la llanura, arquitectura tradicional que aún resiste y escenas de vida cotidiana que parecen detenidas en el tiempo. La luz del final del día es cuando el paisaje se deja fotografiar mejor.
La cercanía a Zamora capital (a unos 30 kilómetros) permite combinar la visita a Benegiles con el patrimonio románico de la capital provincial, considerada una de las ciudades con mayor concentración de iglesias románicas de Europa. Benegiles se encaja con facilidad en una ruta de un día por la Tierra del Pan y Zamora.
Fiestas y tradiciones
Como en buena parte de la geografía castellana, las fiestas de Benegiles están ligadas al calendario agrícola y religioso. Las fiestas patronales se celebran en verano, momento en el que muchos hijos del pueblo regresan desde las ciudades donde residen para reencontrarse con sus raíces. Es cuando más movimiento hay: las calles se llenan, los bares improvisados también y la tranquilidad habitual se rompe unos días.
La Semana Santa se vive con recogimiento, manteniendo tradiciones procesionales que se han transmitido de generación en generación. Aunque la población es reducida, el sentimiento religioso se manifiesta con fuerza en estas fechas y se nota la influencia de la cercana Zamora, muy volcada también en estas celebraciones.
A lo largo del año, las celebraciones tradicionales marcan el ritmo de vida del pueblo, con romerías y festividades que refuerzan los lazos comunitarios y mantienen vivas las costumbres de la Tierra del Pan. No es un calendario pensado para el turismo, sino para la gente del lugar; si coincides, mejor, pero no conviene viajar solo por eso sin informarse antes.
Cuándo visitar Benegiles
La primavera (abril-mayo) es cuando la Tierra del Pan luce más: campos verdes, luz suave y temperaturas agradecidas para caminar por los caminos rurales. El otoño (septiembre-octubre) también funciona bien, con menos horas de luz pero con la actividad del campo todavía presente.
En verano el calor aprieta, propio del clima continental, y hay que adaptar horarios: paseos tempranos o a última hora y evitar las horas centrales del día. A cambio, es cuando más vida tiene el pueblo por las fiestas y los regresos de quienes viven fuera.
El invierno es frío, con días cortos y mucha calma. Puede tener interés si lo que se busca es tranquilidad absoluta y paseos breves, bien abrigado, por la llanura.
Si solo tienes unas horas
- Con 1–2 horas: vuelta completa al casco urbano, parada en la plaza, vistazo a la iglesia por fuera y pequeño paseo hasta las afueras para ver la llanura abierta. A ritmo tranquilo, da tiempo sin ir mirando el reloj.
- Con medio día: además de lo anterior, algún camino agrícola de ida y vuelta (los hay llanos y evidentes saliendo del propio pueblo) y quizá acercarte en coche a algún pueblo vecino para comparar cómo se repite y cambia la misma Tierra del Pan.
Lo que no te cuentan
Benegiles es pequeño y se ve rápido. El casco urbano se recorre con calma en menos de una hora, y lo que alarga la visita son los paseos por los caminos o el rato de conversación en la plaza si te paras a hablar. No es un destino para pasar varios días, sino más bien una parada dentro de una ruta por la Tierra del Pan o una escapada tranquila desde Zamora.
Las fotos de los campos pueden dar una imagen muy bucólica, pero conviene recordar que es una zona de agricultura intensiva: dependiendo de la época, verás tractores trabajando, polvo, maquinaria y algún que otro camino embarrado si ha llovido. No hay miradores preparados ni áreas “de postal”; lo que hay es paisaje llano, amplio y sincero, tal cual.