Artículo completo
sobre Zamora
Capital de la provincia conocida como la ciudad del Románico por excelencia; destaca su catedral y el río Duero que bordea el casco histórico lleno de iglesias medievales y ambiente tranquilo
Ocultar artículo Leer artículo completo
A orillas del Duero, Zamora se alza como un tesoro medieval sorprendentemente bien conservado en el corazón de Castilla y León. Con sus algo menos de 60.000 habitantes y situada a unos 650 metros de altitud, esta ciudad de la comarca de Tierra del Pan presume de poseer uno de los conjuntos de arte románico más extensos de Europa, algo que se entiende en cuanto uno empieza a sumar iglesias y portadas. El Duero atraviesa la ciudad con calma, recordando que aquí el tiempo transcurre de otra manera, al ritmo de las piedras centenarias y las tradiciones que se resisten al olvido.
El casco histórico de Zamora es un entramado de calles estrechas que invitan a caminar sin prisas, pero tampoco es un laberinto infinito: se recorre bien en una mañana si vas directo a lo principal. Desde lo alto de su catedral, el horizonte se extiende sobre la llanura cerealista que da nombre a la comarca, esa Tierra del Pan que durante siglos ha alimentado a generaciones. La ciudad conserva ese aire de frontera medieval que tuvo durante la Reconquista, cuando sus murallas marcaban el límite entre dos mundos.
Pasear por Zamora es asomarse a la historia viva de España, pero también descubrir una ciudad pequeña, manejable, que mira al futuro sin renunciar a su identidad. Sus plazas invitan a sentarse un rato, sus miradores sobre el río regalan atardeceres muy fotogénicos, y su gastronomía conecta directamente con la tierra que la rodea.
Qué ver en Zamora
La Catedral de San Salvador es el gran emblema zamorano. Construida en el siglo XII, su cúpula bizantina con escamas de piedra es única en España y se ha convertido en el símbolo inconfundible de la ciudad. Su interior alberga un valioso museo catedralicio con tapices flamencos que merecen una visita pausada, sobre todo si ya tienes cierta base de arte y te apetece ir más allá de la foto rápida.
El Castillo de Zamora y sus murallas son testimonio del pasado guerrero de la ciudad. Aunque del castillo original queda principalmente la estructura exterior, el paseo por el Parque del Castillo ofrece vistas muy amplias sobre el Duero y permite comprender la importancia estratégica que tuvo Zamora en la Edad Media. Más que ir a “ver un castillo”, aquí vas a subir a un promontorio defensivo y a asomarte al río.
El puente de piedra sobre el Duero, con sus 16 arcos, ha sido cruce de caminos durante siglos. Desde aquí se obtiene una de las mejores perspectivas de la ciudad, especialmente al atardecer. Las aceñas de Cabañales, antiguas instalaciones de molinos hidráulicos junto al río, son otro testimonio de la relación histórica entre Zamora y el Duero; la estampa es muy fotogénica, aunque el uso de las aceñas ha cambiado y no esperes verlas funcionar como antaño.
La Plaza Mayor porticada es uno de los centros de la vida social zamorana, presidida por el antiguo Ayuntamiento. Muy cerca, la iglesia de Santa María Magdalena llama la atención por su portada sur, considerada una de las joyas del románico zamorano. Otras iglesias interesantes son San Cipriano, San Claudio de Olivares y Santo Tomé, cada una con sus particularidades arquitectónicas; conviene llevar un mínimo de información previa o un plano de la ruta románica para no pasar de largo.
No hay que dejar fuera el Museo de Semana Santa, que alberga los pasos procesionales realizados por imagineros como Ramón Álvarez, ni el Museo Etnográfico de Castilla y León, instalado en un edificio contemporáneo que contrasta de forma clara con el entorno histórico y que ayuda a entender mejor la vida rural de la región.
Qué hacer
Zamora se recorre bien a pie. La Ruta del Románico es un itinerario señalizado que permite visitar las principales iglesias románicas de la ciudad; lo más sensato es escoger unas cuantas y no intentar verlas todas en un día, porque muchas tienen horarios concretos y no siempre están abiertas. El paseo puede completarse con la Ruta de las Murallas, que bordea el perímetro del casco antiguo y ofrece miradores privilegiados sobre el Duero y la vega.
El Camino de Santiago Sanabrés pasa por Zamora, lo que la convierte en punto de interés para los peregrinos que eligen esta variante menos transitada. Muchos viajeros aprovechan para hacer una etapa simbólica por los alrededores o, simplemente, seguir un tramo urbano del camino para entender cómo se integra en la ciudad.
La gastronomía zamorana merece atención especial. El arroz a la zamorana, el bacalao a la tranca y la repostería de Semana Santa (rosquillas y otros dulces tradicionales) son habituales en las cartas cuando toca temporada o en menús más locales. Los quesos de la provincia, especialmente los de oveja, se encuentran en el Mercado de Abastos, que sigue siendo un buen termómetro de la vida diaria. La zona de los Herreros y alrededores de la Plaza Mayor concentran bares y tascas donde moverse de tapa en tapa y probar cocina de aquí sin demasiadas complicaciones.
Fiestas y tradiciones
La Semana Santa de Zamora está declarada de Interés Turístico Internacional y es una de las más sobrias y emotivas de España. Se celebra entre marzo y abril, con procesiones que recorren las calles en absoluto silencio, roto únicamente por tambores y cornetas. Conviene llegar con margen, porque esos días la ciudad cambia por completo: aparcar se complica y los horarios de bares y comercios se adaptan al ritmo de las procesiones; reservar alojamiento a última hora es prácticamente misión imposible.
A finales de junio, la ciudad celebra la Feria de San Pedro, una de las más antiguas de Castilla y León, con atracciones, conciertos y un ambiente festivo que llena las calles. En agosto, las Fiestas de la Virgen de la Concha son el momento del año en que muchos zamoranos que viven fuera vuelven a casa y la ciudad se nota más llena y bulliciosa.
Información práctica
Zamora se encuentra a unos 66 kilómetros de la capital provincial (que comparte nombre) por la A-66. Desde Valladolid son alrededor de 96 kilómetros por la A-11, y desde Salamanca, unos 62 kilómetros por la A-66. La ciudad cuenta con estación de autobuses con conexiones regulares a las principales ciudades de la región y con Madrid. En tren, hay conexiones que, según la época y horarios, pueden resultar más o menos prácticas [VERIFICAR]; conviene revisar horarios actualizados porque han cambiado en los últimos años.
La primavera y el otoño son, en general, los momentos más cómodos para visitar Zamora, cuando las temperaturas son más suaves para caminar. El verano puede ser caluroso en la llanura castellana, con tardes duras al sol, aunque los atardeceres junto al Duero compensan si ajustas los paseos a primeras y últimas horas. En invierno, el frío es seco y los días son cortos: la ciudad se presta entonces a paseos más breves, a tirar de museo y a refugiarse en bares y cafeterías.
Un fin de semana largo es suficiente para conocer lo esencial del casco histórico y sus iglesias, pero conviene saber que la ciudad no es grande: en un día bien organizado se ve bastante. Muchos viajeros usan Zamora como base tranquila para acercarse a otros puntos de la provincia o como parada de camino hacia Sanabria o Portugal.
Cuándo visitar Zamora
- Primavera (marzo-mayo): buen momento para caminar, con luz larga y temperaturas moderadas. Si coincide con Semana Santa, la ciudad se llena y la experiencia cambia por completo: más intensa, pero también con aglomeraciones y restricciones de tráfico.
- Verano (junio-agosto): calor, sobre todo en julio y agosto, con horas centrales poco agradables para patear el casco antiguo. A cambio, anochece tarde y el ambiente en terrazas y paseos del río se alarga.
- Otoño (septiembre-noviembre): clima relativamente estable y menos gente. Buena época para combinar ciudad y escapadas por la comarca de Tierra del Pan y otras zonas de la provincia.
- Invierno (diciembre-febrero): frío y a veces nieblas. Más tranquilo, con menos turistas y otra cara de la ciudad, más de vida local y ritmo pausado.
Lo que no te cuentan
- Zamora es una capital pequeña: el casco histórico se recorre rápido y, si madrugas, en una jornada puedes ver lo principal sin ir agobiado. No hace falta plantearla como una gran ciudad de varios días si tu objetivo es solo callejear y ver monumentos.
- Las fotos del puente de piedra y la panorámica sobre el Duero son reales, pero están tomadas casi siempre con buena luz y desde ángulos muy concretos: el resto del entorno del río tiene zonas más urbanas y tramos menos “de postal”.
- El acceso al casco antiguo en coche puede ser algo lioso por las calles estrechas, las zonas peatonales y las restricciones puntuales. Lo más práctico suele ser dejar el coche en la parte baja o fuera del recinto histórico y subir andando.