Artículo completo
sobre Castronuño
Conocido como el Gran Florida del Duero por su meandro; destaca por su reserva natural y su iglesia románica en lo alto
Ocultar artículo Leer artículo completo
A orillas del río Duero, en plena Tierra del Vino vallisoletana, Castronuño se asoma como un mirador natural sobre uno de los tramos más vistosos del río más caudaloso de la península. Este municipio de unos 700 habitantes mantiene la tranquilidad de los pueblos ribereños, donde el tiempo va al ritmo de las aguas y del vuelo de las aves que se refugian en sus orillas.
La posición estratégica de Castronuño, a unos 700 metros de altitud, le ha conferido históricamente un papel importante como punto de observación y control del territorio. Desde sus calles se domina un paisaje donde el verde de los cortados y los cultivos contrasta con el azul de las aguas embalsadas, una estampa que suele atraer tanto a aficionados a la ornitología como a quien simplemente busca un entorno natural cuidado donde pasear sin prisas.
Pero Castronuño no es solo naturaleza. Hay historia, tradición vinícola y un punto de partida cómodo para descubrir los pueblos y campos de esta comarca, donde el vino y el paisaje fluvial se dan la mano.
Qué ver en Castronuño
La Iglesia de Santa María del Castillo preside el conjunto urbano con su presencia rotunda. Este templo de estilo renacentista, construido en el siglo XVI, tiene una torre de planta cuadrada muy reconocible en el horizonte y un interior de tres naves con retablos de interés. La iglesia se levanta sobre el punto más elevado del pueblo, junto a los restos del antiguo castillo que dio nombre a la localidad. No queda mucho del castillo, pero el lugar ayuda a entender por qué aquí se controlaba el valle.
El verdadero tesoro natural de Castronuño es la Reserva Natural Riberas de Castronuño-Vega del Duero, un espacio protegido de más de 8.000 hectáreas que constituye uno de los humedales más importantes de Castilla y León. El embalse de San José, con sus cortados y carrizales, se ha convertido en refugio de más de 200 especies de aves. Cigüeñas, aguiluchos laguneros, garzas y un buen número de anátidas encuentran aquí un hábitat muy favorable. No siempre se ve de todo en una sola visita, pero con paciencia y prismáticos se suele disfrutar.
La Casa del Parque, ubicada en el propio municipio, funciona como centro de interpretación de la reserva y ofrece información sobre fauna, flora y los mejores lugares de observación. Desde sus miradores se pueden avistar aves sin necesidad de adentrarse mucho en la reserva, lo que la convierte en una parada muy útil para orientarse antes de salir al campo o, si vas justo de tiempo, para hacerte una buena idea del entorno.
El paseo por el casco urbano permite descubrir la arquitectura tradicional castellana, con casas de adobe y piedra, alguna bodega excavada en la tierra y rincones que conservan el sabor de antaño. Los restos del antiguo castillo medieval, aunque muy deteriorados, aún permiten imaginar la importancia defensiva que tuvo este enclave. El pueblo es pequeño, así que el recorrido se hace bien a pie y sin necesidad de grandes planes ni mapas complicados.
Qué hacer
La observación de aves es la actividad estrella en Castronuño. La reserva cuenta con varios observatorios ornitológicos distribuidos estratégicamente por el entorno del embalse, accesibles a través de senderos señalizados. Primavera y otoño son, en general, las mejores épocas para la observación, coincidiendo con los periodos migratorios.
Para quienes disfrutan del senderismo suave, existen diversas rutas que recorren tanto las riberas del Duero como los campos de viñedos circundantes. El Sendero de los Almendros ofrece un recorrido circular con vistas amplias sobre el embalse y el valle. Cuando los almendros están en flor, a finales de invierno o principios de primavera, el camino gana bastante.
Los aficionados a la fotografía de naturaleza encuentran en los atardeceres sobre el embalse un espectáculo de luz y color muy agradecido para la cámara. Los cortados rocosos, las aves en vuelo y los reflejos sobre el agua dan mucho juego, incluso si solo tiras de móvil. Eso sí, conviene ir con tiempo: la mejor luz dura un rato y luego desaparece.
La gastronomía local gira en torno a los productos de la huerta ribereña, el cordero lechal y, por supuesto, los vinos de la Tierra del Vino. Tiene sentido apostar por platos sencillos con producto de aquí y acompañarlos con vino de la comarca en los establecimientos del pueblo.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Pedro se celebran a finales de junio, con verbenas, actividades deportivas y actos religiosos que congregan a vecinos y gente de los alrededores. Es uno de los momentos en que Castronuño se ve más animado.
En agosto tiene lugar otra celebración en honor a la Virgen de la Asunción, con procesiones y eventos culturales que llenan de vida las calles durante varios días.
La Fiesta de la Vendimia, aunque no tiene fecha fija, suele celebrarse en septiembre coincidiendo con la recogida de la uva, y es una forma directa de acercarse a la cultura vitivinícola de la comarca, más allá de las etiquetas.
Información práctica
Castronuño se encuentra a unos 50 kilómetros de Valladolid capital. Para llegar en coche, se puede ir hacia Tordesillas por la N-620 y enlazar después con la VA-900, que conduce directamente al pueblo. El trayecto ronda los 45 minutos, dependiendo del tráfico y de cómo pises el acelerador.
La mejor época para visitar Castronuño depende de tus intereses. Para observación de aves, primavera (marzo a mayo) y otoño (septiembre a noviembre) suelen funcionar muy bien. Para disfrutar del entorno natural con buen tiempo, los meses de mayo, junio y septiembre ofrecen temperaturas agradables sin el calor más duro del verano.
Es recomendable llevar prismáticos si te interesa la ornitología, calzado cómodo para caminar y protección solar, sobre todo si vas a recorrer senderos sin demasiada sombra. La Casa del Parque suele tener información actualizada sobre rutas, observatorios y el estado de la reserva natural.
Cuándo visitar Castronuño
- Primavera: el campo está verde, hay más movimiento de aves y los paseos resultan más agradables. Si coincide la floración de los almendros, el paisaje cambia bastante respecto al resto del año.
- Verano: más horas de luz, pero el sol pega fuerte y las horas centrales del día no invitan a caminar. Mejor madrugar o esperar a la tarde, y tener claro que la sensación de calor junto al embalse se nota.
- Otoño: buena época para migraciones y para ver el viñedo cambiando de color. Menos gente y temperaturas más suaves que en pleno verano.
- Invierno: más frío y días cortos, pero el ambiente del embalse y las aves invernantes tienen su interés si vas abrigado y con expectativas realistas (no es un parque temático de fauna, es campo abierto).
Lo que no te cuentan
- Castronuño es un pueblo pequeño: el casco urbano se recorre en poco tiempo. La visita gana mucho si la combinas con rutas por la reserva natural o con otros pueblos de la comarca. Como destino de un día entero, conviene planificar algún paseo o actividad en el entorno.
- Muchas fotos que se ven en redes están hechas al atardecer y con buena luz. A mediodía, con sol de justicia, el paisaje es más duro y el paseo se hace más pesado. Si puedes elegir hora, el cambio se nota.
- Para disfrutar bien de la zona de humedales, hay que caminar algo y aceptar que no todo son pasarelas cómodas: algunos tramos son de tierra, con barro si ha llovido. Unas botas o zapatillas que no te importe manchar te ahorran sorpresas.
Si solo tienes…
1–2 horas
- Subir a la Iglesia de Santa María del Castillo y asomarte a la zona alta del pueblo para orientarte y ver el valle del Duero desde arriba.
- Entrar a la Casa del Parque y usar sus miradores para una primera toma de contacto con la reserva, además de recoger algún mapa o recomendación rápida.
- Dar un paseo corto por el casco urbano y acercarte a la zona de contacto con el embalse para hacerte una idea del paisaje, aunque no te metas en rutas largas.