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sobre Cazurra
Minúsculo municipio al sur de la capital con tradición agrícola; lugar de paso tranquilo con una iglesia sencilla y campos de cereal
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Hay pueblos a los que llegas por algo concreto, y otros a los que llegas porque te pillan de paso. Cazurra, en la Tierra del Vino zamorana, es más bien de los segundos. Vas conduciendo entre campos, giras por una carretera secundaria y aparece este puñado de casas donde viven poco más de setenta personas. Y ya está. No hay cartel prometiendo nada extraordinario.
El turismo en Cazurra funciona un poco así: no vienes buscando monumentos ni un plan lleno de cosas que tachar de una lista. Vienes —si vienes— porque te gusta ese tipo de lugar donde el campo manda más que cualquier itinerario turístico. Viñedos, parcelas de cereal, caminos de tierra y silencio. Mucho silencio.
La vida aquí sigue muy pegada a la tierra. El calendario lo marcan las labores agrícolas y la vendimia sigue siendo uno de esos momentos del año en los que el pueblo se mueve más de lo habitual.
Qué ver en el pueblo
El centro de Cazurra se recorre en un paseo corto, de esos que haces sin mirar el reloj. Calles tranquilas, casas de piedra o adobe y portones grandes que recuerdan que aquí durante mucho tiempo lo importante era guardar aperos, animales o el tractor.
La iglesia parroquial, dedicada a San Martín, encaja bastante bien con el carácter del pueblo: sencilla, sólida y sin grandes adornos. Es el típico templo rural de la meseta, levantado para durar más que para llamar la atención.
Si te fijas un poco al caminar por el pueblo todavía aparecen detalles curiosos: antiguas entradas a bodegas excavadas en la tierra, corrales pegados a las casas o patios interiores donde antes se hacía buena parte de la vida diaria. Son pequeñas pistas de cómo funcionaba el pueblo cuando había más gente y más actividad.
El verdadero motivo para venir: los alrededores
Lo interesante de Cazurra está alrededor. En cuanto sales del casco urbano empiezan los caminos agrícolas que cruzan la Tierra del Vino.
Es un paisaje muy de Zamora: parcelas grandes, viñedos alineados y horizontes abiertos donde el cielo ocupa casi media vista. Al atardecer la luz cambia bastante el paisaje; las cepas y los campos de cereal cogen tonos dorados y todo parece más tranquilo de lo que ya era.
No hay rutas señalizadas ni paneles explicativos. Aquí lo normal es caminar por los caminos que usan los agricultores o salir con la bici y enlazar pueblos cercanos. Si te gusta caminar sin demasiadas indicaciones, es de esos sitios donde puedes ir simplemente siguiendo el camino principal y ver qué aparece.
Comer y beber en la zona
La cocina que encontrarás por esta parte de Zamora es la que manda en muchos pueblos de interior: platos de cuchara, recetas con productos del cerdo y guisos pensados para después de una jornada de campo.
El bacalao a la tranca suele aparecer cuando se habla de la zona, junto a otros platos contundentes que aquí tienen bastante sentido cuando aprieta el frío.
Y luego está el vino. Cazurra forma parte de la Denominación de Origen Tierra del Vino de Zamora, así que alrededor verás muchas parcelas de viña. Son vinos con carácter, bastante directos, muy ligados a este paisaje seco y abierto.
Un sitio tranquilo para observar el campo
Si te gusta caminar mirando más allá del camino —al cielo, a los márgenes de los cultivos, a las encinas sueltas— el entorno da bastante juego.
Los campos cerealistas suelen atraer aves de espacios abiertos y, en las zonas con algo más de matorral o arbolado, aparecen otras especies. No es un destino al que la gente venga específicamente con prismáticos, pero si los llevas en la mochila es fácil que acabes usándolos.
Las fiestas y el regreso de los que se fueron
Como en muchos pueblos pequeños, el momento en que Cazurra cambia un poco el ritmo suele llegar en verano. Las fiestas patronales se celebran normalmente en agosto, cuando muchos vecinos que viven fuera vuelven unos días.
Es cuando el pueblo recupera algo del ambiente que debió de tener hace décadas: más gente por las calles, encuentros entre familias y actos religiosos que siguen marcando el calendario local.
Unas semanas después llega la vendimia, aunque hoy gran parte del trabajo ya se hace con maquinaria.
Cómo llegar a Cazurra
Desde Zamora capital hay alrededor de 40 kilómetros hasta Cazurra. El trayecto atraviesa buena parte de la Tierra del Vino y ya sirve como introducción al paisaje: campos abiertos, viñas y carreteras tranquilas donde rara vez hay prisa.
En coche se tarda algo más de media hora. Luego aparece el desvío hacia el pueblo y, en pocos minutos, estás dentro. Es de esos sitios donde aparcas, bajas del coche y lo primero que notas es lo callado que está todo. Y eso, en realidad, es gran parte de su gracia.