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sobre Cuelgamures
Pequeña localidad situada en una loma con vistas a la comarca; destaca por su yacimiento arqueológico romano y su tranquilidad rural
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En plena Tierra del Vino zamorana, entre viñedos, cereal y caminos de tractor, está Cuelgamures, una aldea de apenas 81 habitantes donde se ve muy claro lo que significa la España rural de hoy: pocos vecinos, mucho campo y una vida pegada al calendario agrícola. A algo más de 800 metros de altitud, el pueblo se asienta sobre suaves lomas, rodeado de tierras de labor y cepas viejas que marcan el paisaje.
El nombre de Cuelgamures tiene resonancias antiguas, como tantos de esta franja entre antiguos reinos. Paseando por sus calles no hay grandes monumentos, pero sí esa mezcla de piedra, adobe y tapial que ha aguantado inviernos duros y veranos secos durante generaciones. Aquí la vida se organiza al ritmo de la vid, la siega y la vendimia, y se nota: no hay prisas y no hay demasiados adornos.
Esta pequeña localidad forma parte de una comarca claramente vitivinícola, donde el vino no es un reclamo publicitario, sino un cultivo que ha marcado la economía y el paisaje durante siglos. Se aprecia en las bodegas subterráneas excavadas bajo las casas y en las viñas que rodean el casco urbano. Venir a Cuelgamures es asomarse a esa España poco poblada pero todavía viva, donde lo rural es cotidiano, no tematizado.
¿Qué ver en Cuelgamures?
El patrimonio de Cuelgamures es sencillo, acorde a su tamaño, pero cuenta bastante sobre la historia rural castellana. La iglesia parroquial preside el pueblo con una arquitectura sobria, sin grandes adornos, muy en la línea de las iglesias rurales zamoranas. Entra si la encuentras abierta, más para entender cómo se ha vivido la religiosidad en estos pueblos que para buscar piezas artísticas excepcionales.
El paseo por las calles permite fijarse en la arquitectura tradicional: casas de piedra y tapial, muros encalados, portones de madera, corrales y antiguas construcciones agrarias. Muchas están reformadas, otras medio caídas, pero en conjunto ayudan a hacerse una idea de cómo se organizaba la vida en torno a la casa, el corral y la bodega. Conviene caminar despacio, levantar la vista y aceptar que aquí lo interesante está en los detalles, no en grandes fachadas restauradas.
Las bodegas subterráneas son uno de los elementos más característicos de la Tierra del Vino. En Cuelgamures existen varias, casi todas privadas. Están excavadas en el subsuelo, con galerías frescas donde se guardaba el vino a temperatura estable. No esperes un circuito de visitas organizado: si no conoces a nadie del pueblo, lo habitual es que las veas solo desde fuera, fijándote en los respiraderos y los accesos.
En cuanto sales del casco urbano, el paisaje se abre en panorámicas de la campiña zamorana. Los viñedos, especialmente en otoño, cuando la vid vira a tonos rojos y ocres, dibujan un mosaico de colores que cambia mucho según la luz del día. En días despejados, los atardeceres sobre los campos son de lo más agradecido.
Qué hacer
La Tierra del Vino se recorre sobre todo por caminos agrarios. Desde Cuelgamures se puede salir a practicar senderismo o cicloturismo por pistas que enlazan con otros pueblos de la comarca. No hay rutas señalizadas “de postal”, pero sí kilómetros de caminos entre viñas, cereal y encinas dispersas, donde lo más frecuente es cruzarse con algún tractor. Lleva mapa o track descargado: no es fácil orientarse solo por intuición entre tantas pistas parecidas.
La gastronomía se entiende mejor si se amplía el foco a toda la comarca. Cuelgamures es muy pequeño y no cuenta con una oferta hostelera propia, pero está dentro de un territorio donde el vino es protagonista y donde la cocina tradicional zamorana —lechazo, sopas de ajo, legumbre, embutidos— se encuentra en localidades cercanas con más servicios. Lo sensato es usar el pueblo como parada dentro de una ruta más amplia por la Tierra del Vino y planificar la comida en otro núcleo mayor.
Para quien disfrute de la fotografía rural, Cuelgamures da juego en los detalles: una puerta vieja, una fachada de adobe desconchada, un palomar medio derruido, las sombras alargadas de última hora de la tarde sobre los campos. Los cielos amplios de la meseta hacen el resto. Es un lugar más de teleobjetivo que de gran angular, por decirlo rápido.
En los alrededores, la observación de aves esteparias puede ser interesante para quienes ya tengan cierta afición. En los campos de cultivo y barbechos suelen verse especies típicas de medios agrícolas, aunque no hay puntos específicos habilitados ni señalizados. Es un buen añadido si ya vas con prismáticos y sabes mínimamente qué buscar; si no, pasará más desapercibido.
Fiestas y tradiciones
Como en muchos pueblos de Castilla y León, las fiestas patronales se concentran en verano, cuando vuelven los hijos del pueblo y se llena algo más. Son celebraciones sencillas, muy de reencuentro familiar y vecinal, sin grandes alardes ni programación pensada para atraer forasteros.
La vendimia, en septiembre aproximadamente, marca un momento clave del año en toda la Tierra del Vino. En Cuelgamures se vive de manera muy doméstica, sin grandes eventos, pero encaja en ese ambiente comarcal de remate del ciclo de la vid. Es un buen momento para entender, aunque sea desde fuera, el peso que sigue teniendo el viñedo.
El calendario religioso tradicional se mantiene con procesiones y celebraciones en fechas señaladas, más como parte de la continuidad de la comunidad que como reclamo para visitantes.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Zamora capital, a unos 30 kilómetros aproximadamente, se llega por carretera local atravesando la Tierra del Vino. El acceso es sencillo con coche propio; sin vehículo es complicado organizar la visita, ya que el transporte público es muy limitado [VERIFICAR]. Es un sitio para ir expresamente, no para confiar en “ya pasaremos por allí”.
¿Cuándo visitar Cuelgamures?
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son, en la práctica, los momentos más agradables: temperaturas moderadas, días largos y el paisaje en transición, con los viñedos especialmente vistosos en otoño. En verano el calor aprieta en las horas centrales, aunque las noches suelen refrescar algo por la altitud. En invierno conviene venir abrigado: el viento y el frío en la meseta se notan, y mucho.
Si el día sale lluvioso o ventoso, el paseo se hace más corto, porque casi todo lo que hay que hacer es al aire libre y no hay apenas espacios cubiertos accesibles al público. En jornadas así, tiene sentido encajar Cuelgamures dentro de un recorrido más amplio por la comarca y dedicarle menos tiempo.
Consejos: Cuelgamures es una aldea pequeña, sin servicios turísticos y con pocos comercios. Conviene llegar con el depósito de combustible y las compras hechas desde Zamora u otra localidad mayor. Es importante respetar la tranquilidad del lugar: muchas calles son casi una prolongación de las casas, y cualquier coche o conversación resuena. Mejor aparcar en las entradas del pueblo sin entorpecer el paso de tractores ni ocupando accesos a fincas. Calzado cómodo para caminar por firme irregular y poco más.
Lo que no te cuentan
Cuelgamures se ve rápido. El casco urbano se recorre en poco rato y no tiene una lista larga de “puntos de interés”. Su sentido está más en integrarlo dentro de una jornada por la comarca de la Tierra del Vino que en venir solo aquí como destino principal.
Las fotos de viñedos al atardecer pueden dar una imagen más espectacular de lo que luego es la visita real: un pueblo agrícola muy tranquilo, con poca vida en la calle fuera de los días de fiesta y de los horarios de trabajo en el campo. Si lo que se busca es animación, bares y mucho movimiento, hay que pensar en otros núcleos de la zona y dejar Cuelgamures como parada breve para asomarse a ese lado más silencioso de la meseta.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 h
- Vuelta tranquila por el casco urbano, fijándote en las casas de adobe, los corrales y los restos de construcciones agrarias.
- Parada en torno a la iglesia parroquial para ver su volumen y el entorno inmediato.
- Paseo corto por las afueras, siguiendo algún camino entre viñas y tierras de labor para llevarte una idea clara del paisaje de la Tierra del Vino.