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sobre Piñero (El)
Localidad de Tierra del Vino con una iglesia parroquial destacada; zona de cultivos y viñedos con ambiente tranquilo
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En el corazón de la Tierra del Vino zamorana, donde las viñas dibujan un mosaico de verdes y ocres sobre suaves colinas, se encuentra El Piñero, una pequeña aldea de apenas algo más de 200 habitantes que conserva bastante bien la esencia de la Castilla rural. A 744 metros de altitud, este pueblo es sobre todo un lugar tranquilo, de los de vida lenta y poco ruido, al que se viene más a parar un rato que a “hacer cosas”.
El nombre de esta localidad evoca su pasado forestal, cuando los pinares salpicaban el paisaje de la comarca. Hoy, aunque el viñedo ha ganado terreno, El Piñero mantiene ese carácter sosegado que suelen tener los pueblos del interior zamorano. Calles sencillas, casas de piedra y adobe (muchas ya reformadas o mezcladas con obra más reciente) y conversaciones a la fresca en verano. Es un ejemplo claro de esa España poco poblada de la que tanto se habla, pero que aquí sigue con su rutina diaria.
Visitar El Piñero es asomarse a un modo de vida que resiste al olvido, donde la tradición agrícola y vinícola sigue marcando el ritmo de las estaciones y donde la relación entre vecinos pesa más que cualquier agenda turística.
¿Qué ver en Piñero (El)?
El patrimonio de El Piñero es el propio de una aldea castellana tradicional, donde la arquitectura popular es casi lo único reseñable. Un paseo corto por sus calles permite ver las construcciones típicas de la zona, con muros de piedra y tapial, portones de madera maciza y algún corredor saliente que da sombra en verano. Conviene ir con la idea de que muchas casas han sido reformadas y que no todo es “postal antigua”.
En el caserío aún se reconocen elementos tradicionales como bodegas subterráneas excavadas en la tierra, palomares cilíndricos —algunos ya medio caídos— y patios interiores ligados a la vida agrícola. No están preparados para visitas, se ven desde fuera y poco más.
La iglesia parroquial, dedicada a un santo patrón local [VERIFICAR], preside la plaza del pueblo y sigue siendo el centro de la vida comunitaria. Es un templo modesto, sin grandes alardes artísticos, pero con historia para quien se fije en la fábrica de los muros, las reformas y los añadidos. Si la encuentras abierta, es interesante echar un vistazo rápido al interior.
Los alrededores de El Piñero invitan a caminar entre campos de cereal y viñedos que se extienden hasta donde alcanza la vista. El paisaje de la Tierra del Vino funciona mejor al atardecer, cuando la luz baja y se marcan mejor los relieves suaves. Desde algunos puntos algo elevados del término municipal se obtienen amplias panorámicas de esta comarca vitivinícola, pero no esperes miradores señalizados ni recorridos preparados.
Qué hacer
La principal actividad en El Piñero es, literalmente, pasear sin prisa y seguir los caminos rurales que conectan con pueblos vecinos como Arcenillas, Casaseca de las Chanas o Villaralbo. Son pistas de uso agrícola, de tierra o zahorra, transitadas por tractores y algún coche, que permiten entender el paisaje agrario de la comarca y ver fauna común: aves esteparias, rapaces, conejos… según la época.
La cultura del vino impregna toda la Tierra del Vino, y aunque El Piñero es una localidad pequeña, forma parte de esta tradición vinícola. Algunos vecinos mantienen pequeñas bodegas familiares donde se sigue elaborando vino para consumo propio, con métodos sencillos heredados de generaciones anteriores. No es un pueblo preparado para enoturismo organizado: para visitas y catas hay que fijarse en bodegas de la comarca, muchas de ellas en otros municipios.
La gastronomía local se apoya en los productos de la zona: legumbres como los garbanzos de Fuentesaúco, embutidos, quesos de oveja y, por supuesto, el lechazo asado al estilo zamorano. En El Piñero no hay una gran oferta hostelera, así que lo habitual es comer o alojarse en Zamora capital o en otras localidades más grandes, y acercarse al pueblo a pasar unas horas.
Fiestas y tradiciones
Como en tantos pueblos castellanos, El Piñero celebra sus fiestas patronales en verano, generalmente en agosto [VERIFICAR fechas concretas], cuando regresan muchos hijos del pueblo. Hay misa, procesión, verbenas y comidas comunitarias. Son fiestas pensadas para la propia comunidad, no un gran evento turístico.
La matanza del cerdo, tradición invernal, se mantiene aún en algunas familias, más como reunión y recuerdo que como necesidad. Forma parte de la memoria colectiva y explica por qué el embutido y los productos del cerdo siguen tan presentes en la despensa local.
Las celebraciones religiosas del calendario litúrgico, especialmente Semana Santa y Corpus Christi, se viven de forma sencilla pero arraigada, con procesiones cortas y actos litúrgicos que reúnen a buena parte del vecindario.
Información práctica
Cómo llegar:
El Piñero se encuentra a unos 20 kilómetros al sureste de Zamora capital. Se accede por carreteras comarcales desde la N‑630 o la A‑66, siguiendo la indicación hacia Tierra del Vino y los pueblos de la zona. El trayecto desde Zamora ronda la media hora en coche, por una red de carreteras secundarias sin complicación, pero con algo de tráfico agrícola según la época.
Consejos básicos:
- No hay servicios turísticos específicos en el pueblo: conviene contar con combustible, agua y comida resueltos antes de llegar.
- El bar, si está abierto [VERIFICAR], funciona “a horario de pueblo”: mejor no dar por hecho horarios de ciudad.
- Lleva calzado cómodo para caminos de tierra; si ha llovido, el barro arcilloso puede ser traicionero.
- Es un lugar muy tranquilo: hablar bajo por la noche y respetar el descanso es una cuestión de pura convivencia.
Cuándo visitar El Piñero
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradecidos: temperaturas suaves, el viñedo y los cereales en sus mejores tonos, y menos calor en las horas centrales del día. El verano tiene dos caras: días largos, fiestas y vida en la calle, pero también calor intenso y pocas sombras fuera del casco urbano.
El invierno en El Piñero es frío y silencioso. Para quien busque soledad y ver la Tierra del Vino en su versión más desnuda puede tener su interés, pero los días son cortos y no hay prácticamente actividad en la calle.
Si llueve, el paseo por el pueblo se hace igual en un rato, pero los caminos se complican: la tierra se pega a las botas y al coche. Para rutas a pie o en bici, es mejor esperar a que el terreno se asiente.
Si solo tienes unas horas
- Da una vuelta breve por el casco urbano y la plaza, localizando la iglesia y las bodegas y palomares que aún asoman entre las casas.
- Acércate a alguno de los caminos que salen del pueblo en dirección a los viñedos y camina media hora entre parcelas y linderos. Con eso te haces una idea bastante fiel de lo que es la Tierra del Vino aquí.
Lo que no te cuentan
- El Piñero es pequeño y se recorre en muy poco tiempo. Como destino aislado se queda corto; funciona mejor combinado con Zamora capital o con una ruta más amplia por la Tierra del Vino.
- Las fotos de viñedos al atardecer pueden dar una imagen más “romántica” de lo que luego es el día a día: aquí mandan el campo, las labores agrícolas y la vida práctica.
- No hay grandes monumentos ni actividades organizadas: el interés está en el paisaje, el ritmo del pueblo y en entender cómo se vive en una comarca vitivinícola castellana hoy.