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sobre Morales del Vino
El municipio más poblado del alfoz de Zamora; zona residencial con servicios y tradición vinícola que combina modernidad y raíces rurales
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Morales del Vino empieza prácticamente donde termina Zamora. Son unos siete kilómetros. Si vienes en coche, no tiene misterio: entras, cruzas el pueblo y sueles encontrar sitio por la zona de la plaza o en calles cercanas. No es un lugar saturado.
Muchos vecinos trabajan en la capital y vuelven aquí a dormir. Se nota en el tipo de casas y en los coches aparcados. No es el típico pueblo que se va vaciando. Aquí la población se ha mantenido bastante estable y el término sigue lleno de viñas.
La iglesia en lo alto
La iglesia de la Asunción está en la parte alta del pueblo. Desde abajo ya se ve la torre.
El edificio empezó en época románica y se terminó bastante más tarde, ya entrado el siglo XVI. Lo que más llama la atención es la portada plateresca. En la provincia no es algo habitual y por eso sorprende encontrarla aquí, en un pueblo agrícola de la comarca.
Dentro conservan un órgano antiguo que suele mencionarse cuando se habla del templo. Fue restaurado hace décadas y, según cuentan en el pueblo, mantiene buena parte de sus piezas originales.
Viñas alrededor y bodegas bajo tierra
Morales del Vino está en la comarca de Tierra del Vino. Las viñas rodean el casco urbano y forman parte del paisaje desde hace siglos.
Bajo muchas casas hay bodegas excavadas. Algunas son bastante profundas y se utilizaban para guardar el vino y mantener una temperatura estable todo el año. No están abiertas al público ni hay visitas organizadas. Si no conoces a alguien del pueblo, lo normal es que no veas ninguna por dentro.
La comida es la que se encuentra en buena parte de Zamora: platos contundentes y sin complicaciones. Sopas de ajo, arroz a la zamorana o guisos con vino tinto. En fiestas suelen aparecer también dulces tradicionales; las rosquillas de aire son de las que más se mencionan.
Las fiestas que mueven el pueblo
En mayo el ambiente cambia bastante. Tradicionalmente se celebra la romería del Cristo y mucha gente de la zona se acerca hasta la ermita. Es uno de los días en los que más movimiento hay en el pueblo.
También sigue la costumbre de plantar el mayo en la plaza. Un tronco alto adornado con cintas que los quintos levantan entre todos. A partir de ahí vienen varios días de música, vino y reuniones en la calle.
En verano suele haber semana cultural con actividades sencillas: conciertos, charlas o cosas organizadas por asociaciones del pueblo. Nada muy grande, pero sirve para que el pueblo se junte.
El edificio del obispo
El llamado Palacio del Obispo Luelmo está algo apartado del centro. En realidad parece más una casa grande que un palacio.
Se construyó en el siglo XVIII y estaba vinculado a las propiedades que el obispado tenía por la zona. Hoy es una propiedad privada, así que solo se puede ver desde fuera: fachada clara, balcones de hierro y una finca alrededor.
Cómo pasar por Morales del Vino
Morales del Vino no vive del turismo. Vienes, das una vuelta por el centro, subes hasta la iglesia y en poco tiempo lo has visto.
Si te interesa el paisaje de viñas, merece más la pena recorrer los caminos de alrededor en coche o bicicleta, siempre respetando las fincas.
Consejo práctico: ven con coche y no cuentes con transporte público a última hora. Y si buscas ambiente, mayo suele ser el momento en que el pueblo está más activo. El resto del año la vida aquí va tranquila.