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sobre Tordesillas
Villa histórica clave donde se dividió el mundo; destaca por el Real Monasterio de Santa Clara y las Casas del Tratado
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A orillas del Duero, en pleno corazón de la Tierra del Vino vallisoletana, Tordesillas se alza como uno de los pueblos con más historia de Castilla y León. Esta villa de 8.664 habitantes, situada a 704 metros de altitud, guarda entre sus muros episodios fundamentales de la historia de España y Europa. Aquí se firmó el célebre Tratado que repartió el mundo entre España y Portugal, aquí residió la reina Juana I durante décadas, y aquí el mudéjar castellano alcanzó algunas de sus expresiones artísticas más refinadas.
Pasear por Tordesillas es recorrer siglos de historia en cada esquina. Sus calles empedradas, soportales castellanos y edificios señoriales hablan de su pasado como lugar de cortes, mercados y encrucijada de caminos. El río Duero dibuja el paisaje, rodeado de campos de cereal y viñedos que se extienden hasta el horizonte, recordando que estamos en tierra de vinos y tradición agrícola.
Tordesillas no es solo historia en piedra. Es también una villa viva, con buena mesa, fiestas arraigadas y ese ritmo de pueblo grande donde aún se saluda en la calle. Su ubicación, a tan solo 30 kilómetros de Valladolid, la convierte en un destino cómodo para una escapada de día o un fin de semana pausado.
Qué ver en Tordesillas
El Real Monasterio de Santa Clara es el gran peso pesado de Tordesillas. Fundado en el siglo XIV por el rey Alfonso XI sobre los restos de un palacio almohade, este conjunto monumental conserva uno de los patios mudéjares más espectaculares de España. Sus yeserías, arcos de herradura, alfarjes policromados y baños árabes trasladan a otra época. Aquí vivió Juana I de Castilla durante casi 50 años, y la visita permite asomarse a sus aposentos y capilla. La iglesia del monasterio, de estilo gótico, alberga importantes obras de arte sacro.
En la Plaza Mayor, corazón de la villa, está la iglesia de San Antolín, templo del siglo XVI con una torre renacentista que domina el perfil urbano. Su interior guarda retablos barrocos de gran valor. Junto a ella, los soportales con columnas de piedra invitan a dar una vuelta tranquila y curiosear en comercios de toda la vida.
El Puente Medieval sobre el Duero, aunque muy restaurado, conserva la estructura de su época y regala una de las mejores vistas de la villa y el río. Cruzarlo al atardecer, cuando la luz dorada se refleja en el agua y en las fachadas, es uno de esos momentos que explican por qué Tordesillas lleva siglos siendo paso obligado.
Merece la pena entrar en la Casa del Tratado, museo que recrea el ambiente en que se firmó en 1494 el famoso Tratado de Tordesillas, documento diplomático que dividió las zonas de conquista entre las coronas de Castilla y Portugal. La exposición incluye mapas históricos, documentos y elementos multimedia que ayudan a situar aquel acontecimiento de alcance mundial.
El Museo del Encaje rinde homenaje a una tradición artesanal muy viva en la villa. Las encajeras de Tordesillas mantienen este oficio, y en el museo pueden verse piezas de gran delicadeza y complejidad, que se entienden mejor si has visto antes a alguna cuadrilla de mujeres trabajando al fresco en verano.
Qué hacer
Los alrededores de Tordesillas invitan al senderismo suave y los paseos en bicicleta. Las riberas del Duero ofrecen rutas fluviales agradables, especialmente en primavera y otoño. Los caminos entre choperas y campos permiten disfrutar del paisaje castellano sin sobresaltos: llano, amplio y con buenas pistas.
Para los aficionados al vino, la comarca de Tierra del Vino cuenta con pequeñas bodegas familiares donde probar los caldos locales. Aunque sin denominación de origen propia, los vinos de la zona tienen personalidad y tradición, y suelen salir a mejor precio que en zonas más conocidas.
La gastronomía es otro de los atractivos. El lechazo asado en horno de leña es el rey indiscutible de las mesas tordesillanas, acompañado de los vinos de la tierra. Los asados de cordero se pueden tomar en varios mesones del casco antiguo. También merecen atención las sopas de ajo, las alubias de la zona y la repostería conventual, especialmente las almendras garrapiñadas y los dulces elaborados por las clarisas del monasterio.
El mercado semanal, que se celebra los jueves, es una escena muy de aquí: agricultores y artesanos de la comarca venden sus productos, se comenta la cosecha y se hace la compra grande. Buen momento para llevarse quesos, embutidos y hortalizas de temporada si vas en coche.
Fiestas y tradiciones
El Toro de la Vega, celebrado en septiembre, ha sido durante siglos la fiesta más conocida de Tordesillas, aunque en los últimos años ha sufrido importantes transformaciones por la presión animalista y cambios legales, manteniéndose como evento tradicional pero modificado. Conviene informarse bien de cómo se celebra en la fecha en que vayas [VERIFICAR].
La Semana Santa tiene gran arraigo, con procesiones solemnes que recorren las calles del casco histórico. Las cofradías, algunas con siglos de antigüedad, portan pasos de valor artístico y llenan las calles de tambores y silencio a partes iguales.
En agosto, las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Guía llenan la villa de actividades, verbenas, conciertos y actos tradicionales. Es cuando Tordesillas se llena de gente que vuelve al pueblo y el ambiente cambia por completo respecto al resto del año.
Cuándo visitar Tordesillas
La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son los momentos más agradecidos para visitar Tordesillas, con temperaturas suaves y menos agobio de calor. El verano puede ser caluroso a mediodía, pero las noches refrescan y se está bien en terraza. El invierno es frío y seco, muy castellano: días cortos, cielos limpios y un punto recogido que tiene su gracia si te gusta pasear abrigado y entrar a comer algo caliente.
Si quieres ver la villa más tranquila, evita los días de fiestas grandes y las mañanas de domingo con buen tiempo, cuando se junta la gente del pueblo con las salidas de Valladolid.
Lo que no te cuentan
Tordesillas da bastante de sí para un día completo, pero el casco histórico no es enorme. No esperes una ciudad monumental infinita tipo Salamanca: aquí todo está relativamente cerca y se recorre a pie sin problemas.
Las fotos del puente y el río salen muy vistosas, pero la cara más monumental está en lo alto del pueblo; si solo te quedas en la zona del río, te pierdes lo esencial. Y al revés: muchos se olvidan de bajar al puente y ver la silueta del pueblo desde allí, que es como mejor se entiende su relación con el Duero.
Errores típicos al visitar Tordesillas
- Pensar que el monasterio se puede ver "a cualquier hora": el Real Monasterio de Santa Clara tiene horarios concretos y la visita suele ser guiada. Ir sin mirar antes y encontrártelo cerrado es más frecuente de lo que parece. Conviene consultar horarios actualizados y, si se puede, reservar.
- Quedarse solo en la parada técnica: mucha gente entra y sale de Tordesillas solo para comer o para parar en la autovía. El pueblo merece al menos un paseo por el puente, la Plaza Mayor, la Casa del Tratado y el entorno del monasterio.
- Aparcar donde estorba: en el casco histórico hay calles estrechas y zonas de residentes. Es mejor usar las zonas habilitadas cerca del río o de los accesos y subir andando cinco minutos que andar dando vueltas o jugársela a una multa.
Información práctica
Cómo llegar: Tordesillas está a 30 kilómetros de Valladolid por la A-6 (autovía Madrid-A Coruña). El acceso es sencillo en coche. También cuenta con conexión de autobús regular desde la capital vallisoletana.
Consejo: reserva la visita guiada al Real Monasterio de Santa Clara con antelación, especialmente en temporada alta. Calcula al menos medio día completo si quieres ver con calma el monasterio, la Casa del Tratado, dar una vuelta por el casco antiguo y acercarte al puente. Si le añades comida y paseo por el río, el día se va sin forzar.