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sobre Aldealices
Minúsculo núcleo en las Tierras Altas rodeado de pastos y naturaleza virgen
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En lo alto de las Tierras Altas de Soria, a unos 1.130 metros de altitud, Aldealices es uno de esos pueblos donde el silencio manda y el viento se oye venir desde lejos. Con apenas una veintena de habitantes censados, este pequeño núcleo rural encaja bastante bien con la imagen de la España interior que aguanta como puede: pocos vecinos, mucho campo y un ritmo que no tiene nada que ver con el de la ciudad.
Aldealices forma parte de ese puñado de aldeas sorianas que han conservado su arquitectura tradicional de piedra y madera, integrada en un entorno de parameras, encinas dispersas y horizontes interminables. Aquí, lejos de las rutas turísticas masificadas, el viajero encuentra un lugar sencillo para bajar revoluciones, respirar aire limpio y mirar el paisaje sin prisas, sin esperar “atracciones” al uso.
La comarca de Tierras Altas, con su clima continental extremo y su orografía dura, ha marcado el carácter de pueblos como este, donde la vida transcurre al ritmo de las estaciones y los pocos vecinos que quedan se conocen todos. Venir a Aldealices es asomarse a la Soria más despoblada y, a la vez, a una forma de vida que todavía resiste.
Qué ver en Aldealices
El principal interés de Aldealices está en su conjunto arquitectónico tradicional, donde las construcciones de piedra caliza y los portones de madera recuerdan bastante bien cómo se construía aquí antes de que llegara el ladrillo y el aluminio. El núcleo urbano, compacto y sin florituras, invita a un paseo corto entre sus calles, fijándose en chimeneas, escudos, dinteles y soluciones prácticas de otra época, muchas veces pensadas más para aguantar el frío que para quedar bonitas en la foto.
La iglesia parroquial, dedicada a San Millán, es el corazón del pueblo. Este templo de origen medieval, aunque retocado con los siglos, conserva elementos de interés y funciona como punto de referencia visual y social. Su torre campanario y su fachada sencilla se recortan sobre el caserío y se ven desde los caminos de acceso. No esperes grandes filigranas artísticas, pero sí una construcción sobria que encaja muy bien con el entorno.
El entorno natural de Aldealices merece una vuelta con calma. Los alrededores del pueblo muestran el paisaje típico de las Tierras Altas sorianas: llanuras cerealistas, pequeños bosquetes de encinas y sabinas y una luz muy limpia que cambia según la época del año. Los atardeceres, sobre todo en días despejados, pueden ser muy fotogénicos, con cielos amplios y colores que van del ocre al violeta. Si vienes de ciudad, la sensación de amplitud sorprende más de lo que parece.
Qué hacer
El senderismo y las caminatas por el entorno son las actividades principales en Aldealices. Desde el pueblo salen varios caminos rurales que permiten explorar la comarca, atravesando campos de cultivo, pastos y pequeños barrancos. Son recorridos de dificultad baja o media, pensados más para caminar y mirar que para batir marcas. No hay una red de senderos señalizada como en zonas turísticas al uso, así que conviene llevar mapa o aplicación de rutas y cierto sentido de la orientación.
La micología tiene su momento en otoño, cuando los pinares y encinares de la zona reciben a quienes buscan níscalos, setas de cardo y otras especies comestibles. Conviene informarse bien sobre las regulaciones locales, permisos y zonas acotadas, y no salir al monte sin un mínimo de conocimiento sobre las especies: aquí nadie va detrás corrigiendo errores y una confusión se paga cara.
La gastronomía local, aunque modesta en oferta, se mueve en la línea castellana de platos contundentes y producto sencillo: cordero, embutidos caseros, patatas, legumbres… En los pueblos cercanos algo más grandes es donde suele haber bares y restaurantes donde probar la cocina soriana de toda la vida, porque en Aldealices como tal no hay hostelería estable.
Para quien disfrute con la fotografía de paisaje, Aldealices y su entorno funcionan bien, especialmente a primera hora de la mañana y al atardecer, cuando la luz resalta la textura de los campos y de las fachadas de piedra. No es un lugar de fotos “espectaculares”, sino de encuadres tranquilos, cielos anchos y detalles pequeños.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Millán se celebran en torno a mediados de septiembre, reuniendo a los vecinos y a quienes vuelven al pueblo esos días. No son unas fiestas grandes, pero sí muy vividas por la gente de aquí, con actos religiosos, alguna comida popular y mucho reencuentro. Si coincides en esas fechas, lo normal es que te acaben integrando en algún rato de charla, porque aquí todo el mundo se conoce y el forastero llama la atención.
Como en otros pueblos de la zona, la matanza tradicional del cerdo formaba parte del calendario invernal. Hoy se mantiene sobre todo en el ámbito familiar y como recuerdo de una forma de vida que ya casi ha desaparecido, ligada al autoabastecimiento y a los inviernos largos.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Soria capital, a unos 40 kilómetros, se accede a Aldealices por la N-111 en dirección a Medinaceli, tomando después carreteras comarcales. El trayecto, de unos 45 minutos en coche si todo va normal, recorre un paisaje progresivamente más alto y desnudo. Es recomendable utilizar GPS o mapas actualizados, porque la señalización en las carreteras secundarias no siempre es todo lo clara que uno desearía y algún desvío puede hacerte dudar.
Mejor época: La primavera y el principio del otoño suelen ser las épocas más agradables para visitar la zona, con temperaturas suaves y el campo en su mejor momento. El verano, aunque seco, tiene noches frescas gracias a la altitud, lo que se agradece si vienes de zonas más cálidas. El invierno puede ser muy frío, con heladas fuertes y nevadas ocasionales, así que conviene venir preparado y no fiarse de que “solo” sean 40 km desde Soria.
Consejos: Aldealices no cuenta con servicios turísticos propios (ni tiendas, ni bares estables, ni gasolinera), por lo que es importante planificar la visita desde localidades cercanas mayores. Trae todo lo que necesites (agua, algo de comida, gasolina suficiente) y calzado adecuado para caminar por pistas y caminos. Incluso en verano, una prenda de abrigo para la tarde-noche no sobra. Y si te sales de las pistas principales con el coche, mejor saber bien lo que haces: el móvil a veces falla y aquí no hay tráfico continuo.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Dar una vuelta completa por el caserío, sin prisa, entrando y saliendo de las calles principales.
- Acercarte a la iglesia de San Millán y rodearla para tener vistas diferentes del pueblo y de los campos.
- Salir por alguno de los caminos que parten a las afueras, andar 15–20 minutos y darte la vuelta cuando el paisaje se abra.
Si tienes el día entero
- Combinar la visita a Aldealices con otros pueblos de Tierras Altas, haciendo un recorrido en coche por la zona.
- Hacer una ruta circular sencilla por caminos rurales (pregunta a la gente del pueblo si los encuentras, siempre saben cuál está mejor esa temporada).
- Reservar las horas centrales del día para comer en alguna localidad cercana y dejar la tarde para fotos y atardecer.
Lo que no te cuentan
Aldealices es muy pequeño y se ve rápido. No es un destino para pasar varios días por sí solo, sino más bien una parada dentro de una ruta por Tierras Altas o un lugar donde perder una mañana a gusto si te atrae este tipo de paisaje y te apetece callejear sin ruido de coches.
Las fotos aéreas o muy cuidadas pueden engañar un poco: el pueblo es tal cual, sin florituras, sin casco “de postal” recién restaurado ni una lista larga de monumentos. Lo que tiene valor aquí es el conjunto, el silencio, el entorno y la sensación de estar en una zona muy poco transitada. Si buscas animación, tiendas y terrazas, no es el sitio.
Conviene también saber que el acceso, aunque por carretera asfaltada, discurre por vías secundarias donde se cruza poco tráfico y puede haber fauna en la calzada, sobre todo al amanecer y anochecer. Mejor tomárselo con calma y no apurar el regreso a última hora si hay niebla, hielo o nieve.