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sobre Almarza
Cabecera de comarca ganadera con casonas nobles y entorno de dehesa de robles
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A poco más de diez kilómetros de Soria capital, Almarza se alza sobre una loma a 1.151 metros de altitud, dando una imagen bastante fiel de lo que es el turismo de interior en Tierras Altas. Este pueblo de algo más de 600 habitantes conserva la esencia de los núcleos serranos sorianos: casas de piedra y adobe, calles tranquilas donde el tiempo parece haberse detenido, y ese silencio reparador que solo se encuentra lejos del bullicio urbano.
Lo que hace agradable Almarza es que es un pueblo de verdad, vivido todo el año. Aquí no hay monumentos grandilocuentes ni complejos turísticos, sino la calma de un pueblo castellano que ha ido manteniendo su identidad rural sin demasiados artificios. Sus calles invitan a pasear sin prisas, a asomarse a una esquina, ver quién está en el banco al sol y, de paso, disfrutar de las vistas que se abren hacia la sierra circundante. Si te gustan los pueblos donde la vida diaria manda más que el turismo, este encaja bastante bien.
La proximidad a Soria convierte a Almarza en una base cómoda para quienes quieren desconectar sin alejarse demasiado de los servicios de una ciudad. Funciona tanto como escapada de fin de semana como punto de partida para explorar la comarca de Tierras Altas, o simplemente para respirar el aire fresco de la montaña soriana.
¿Qué ver en Almarza?
El principal atractivo patrimonial de Almarza es su iglesia parroquial de San Miguel Arcángel, un templo que combina elementos de diferentes épocas y que preside el perfil del pueblo. Su torre, visible desde varios puntos del municipio, se ha convertido en símbolo del lugar. El interior conserva retablos de interés y una estructura que refleja las sucesivas reformas y ampliaciones a lo largo de los siglos. Conviene preguntar a los vecinos o consultar en el ayuntamiento si quieres verla por dentro, porque no siempre está abierta a cualquier hora.
Pasear por el casco urbano tiene más sentido que ir con una lista de “monumentos”. La arquitectura tradicional soriana se ve en muros de piedra caliza, fachadas encaladas, portones de madera maciza y aleros que sobresalen para aguantar el clima riguroso de la sierra. Algunos edificios mantienen escudos nobiliarios que recuerdan el pasado hidalgo de estas tierras, mezclados con casas más humildes y reformas más recientes. No esperes un casco viejo de postal continua: hay rincones muy fotogénicos y otros más corrientes, como en casi todos los pueblos vivos.
El entorno natural de Almarza anima a salir del pueblo. Rodeado de páramos y pequeños bosquetes, el municipio está en una zona de transición entre la alta meseta y las estribaciones del Sistema Ibérico. Los alrededores muestran esos paisajes sorianos donde la tierra ocre contrasta con el verde de los campos cultivados y los sabinares dispersos. En días claros, el horizonte parece no acabarse nunca.
Desde algunos puntos elevados del municipio se obtienen vistas panorámicas interesantes hacia la sierra del Madero y hacia Soria, especialmente al atardecer, cuando la luz baja y cambia por completo el tono de los campos. No es un gran mirador preparado, sino más bien ir buscando un alto y dejar que el paisaje haga el resto.
Qué hacer
El senderismo es la actividad estrella en Almarza y su entorno. Existen varios caminos rurales que parten del pueblo y permiten adentrarse en el paisaje serrano, descubriendo fuentes, majadas abandonadas y antiguos caminos ganaderos. Una ruta muy recomendable conecta Almarza con los pueblos vecinos de la comarca, siguiendo las antiguas veredas que comunicaban estos núcleos. Conviene ir con algo de planificación previa o track descargado, porque la señalización no siempre es tan clara como cabría esperar y algún desvío se puede hacer eterno si no conoces la zona.
Para los aficionados al cicloturismo, las carreteras secundarias que rodean el pueblo permiten recorridos de dificultad media con desniveles moderados. Son carreteras tranquilas, de las de ver apenas unos cuantos coches, que permiten descubrir la comarca sobre dos ruedas mientras se disfruta del aire de montaña. Eso sí, ten en cuenta que el viento en estas latitudes puede hacer que un puerto “fácil” deje de serlo.
La gastronomía de Almarza participa de la riqueza culinaria soriana. La matanza tradicional marca el calendario invernal con productos como la morcilla, el chorizo y la panceta. En otoño, las setas de los montes cercanos enriquecen los guisos caseros. El lechazo asado, preparado según la receta tradicional en horno de leña, sigue siendo uno de los platos más buscados, junto con las carnes y los guisos contundentes que aquí saben mejor cuando fuera aprieta el frío. No vengas con prisas a la hora de comer: en los pueblos se come a ritmo de pueblo.
La proximidad a Soria permite combinar la tranquilidad de Almarza con visitas culturales a la capital, donde museos, iglesias románicas y las rutas machadianas encajan muy bien para completar una estancia en la comarca.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Miguel Arcángel se celebran a finales de septiembre, coincidiendo con el santoral del patrón. Durante estos días, el pueblo cambia de ritmo con verbenas, procesión, comidas populares y encuentros entre vecinos y gente que vuelve al pueblo por unos días. Es cuando más vida de calle hay y cuando se nota que muchos tienen aquí su raíz, aunque vivan fuera.
En agosto tiene lugar otra celebración estival que reúne a la comunidad y mantiene vivas las tradiciones festivas del mundo rural castellano, con actividades para distintas edades y el clásico baile en la plaza.
Como en muchos pueblos sorianos, las tradiciones de Semana Santa conservan cierta solemnidad, con procesiones que recorren las calles principales del pueblo en un ambiente de recogimiento más íntimo que multitudinario.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Soria capital, Almarza se encuentra a apenas 12 kilómetros por la carretera N-111 en dirección a Logroño, desviándose por la SO-615. El acceso es sencillo y el trayecto dura unos 15 minutos en coche, siempre que no haya problemas de nieve en invierno. Si vienes en días de heladas fuertes, calcula algo más de tiempo y conduce con calma.
Consejos: Lleva calzado cómodo para caminar por las calles y los senderos de los alrededores. Si visitas en invierno, abrigo serio: el clima serrano aquí no es una broma, sobre todo al caer la tarde. En verano, una chaqueta fina para la noche no sobra. Si planeas pasar el día por el campo, conviene llevar algo de comida y agua, especialmente fuera de temporada alta, porque no siempre encontrarás dónde comprar en ruta.
Cuándo visitar Almarza
La primavera suele ser buen momento para ver el campo algo más verde y aprovechar las rutas sin los calores del verano. El otoño funciona muy bien para pasear, ver los cambios de color en el monte y, si toca buena temporada, buscar setas con criterio y respeto (y, a poder ser, con alguien que sepa).
En verano, las temperaturas son más suaves que en otras zonas de Castilla y León, así que es una opción para escapar del calor de la meseta baja, especialmente por las tardes y noches. Durante el día el sol pega, pero la sensación no es la de un secador en la cara como en otras zonas.
El invierno tiene su gracia para quien disfruta del frío y no se asusta con la nieve, pero conviene revisar el parte meteorológico, porque las heladas son serias y algún día el coche puede amanecer bien blanco. Si vienes en esta época, ajusta actividades: menos monte y más paseo corto y sobremesa larga.
Lo que no te cuentan
Almarza es un pueblo pequeño que se ve rápido. No es un casco histórico monumental ni un parque temático rural: el interés está en el conjunto, en el ritmo tranquilo y en usarlo como base para moverse por Tierras Altas y alrededores.
Si vienes solo a hacer cuatro fotos al pueblo y poco más, en un rato lo habrás finiquitado. Si te lo tomas como punto de partida para rutas, visitas a otros pueblos de la zona o escapadas a Soria capital, entonces empieza a tener mucho más sentido. Es más un “campo base” que un destino para estar tres días sin moverte.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Paseo tranquilo por el casco urbano, vuelta por la plaza y las calles que rodean la iglesia de San Miguel Arcángel, y subida a algún punto algo elevado del pueblo para echar un vistazo al paisaje. Con eso te haces una idea bastante clara de lo que es Almarza.
Si tienes el día entero
Combina el paseo por el pueblo con una ruta de senderismo suave por los caminos que salen desde las afueras, parada a comer y, por la tarde, acercarte en coche a algún pueblo cercano de Tierras Altas o bajar un rato a Soria capital. Si vienes en otoño o primavera, es cuando más se nota el juego entre campo y pueblo.