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sobre Estepa de San Juan
Uno de los pueblos más pequeños de España en plena sierra
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En el corazón de las Tierras Altas de Soria, donde el altiplano castellano alcanza los 1.254 metros de altitud, se encuentra Estepa de San Juan, una pequeña aldea que encarna bastante bien la realidad de la España interior vaciada. Con apenas 6 habitantes censados, este rincón soriano es de esos sitios donde, si paras el coche y apagas el motor, el silencio manda.
El paisaje que rodea Estepa de San Juan es de una belleza austera y poderosa: campos de cereal que cambian de color según la estación, páramos infinitos donde el viento marca el ritmo del día, y un cielo tan limpio que por las noches parece que las estrellas estén más cerca. Esta pequeña localidad forma parte de ese mosaico de pueblos de las Tierras Altas que han resistido como han podido el paso del tiempo y la despoblación, conservando un patrimonio arquitectónico y paisajístico que merece ser conocido con calma, sin prisas ni expectativas desmedidas.
Visitar Estepa de San Juan es adentrarse en la Soria más profunda, la de los pueblos que inspiraron a poetas y escritores. Es un destino para quienes buscan silencio, espacios abiertos y la oportunidad de ver cómo la vida rural se mantiene viva, aunque sea de forma muy tenue, en estos territorios de Castilla y León. Aquí, en una hora has visto el caserío, pero puedes pasar una tarde entera caminando por los caminos que salen del pueblo y, si vas sin prisa, acabarás saludando más vacas que personas.
Qué ver en Estepa de San Juan
La arquitectura tradicional soriana se muestra aquí de forma honesta, sin grandes monumentos ni restauraciones llamativas. El caserío de piedra y adobe, aunque reducido, mantiene las características típicas de la construcción castellana de montaña, con viviendas que han sabido adaptarse a un clima de inviernos rigurosos y veranos cortos. Las construcciones conservan elementos tradicionales como corrales, pajares y hornos de pan que hablan de un modo de vida agrícola y ganadero que ya casi es memoria. Se nota qué casas siguen abiertas todo el año y cuáles solo levantan trancas en verano.
La iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista, constituye el principal referente patrimonial del pueblo. Como en muchas localidades de la zona, el templo ha sido el eje vertebrador de la vida comunitaria durante siglos, y su sencilla arquitectura refleja la sobriedad característica del arte religioso rural soriano. No esperes grandes retablos ni visitas guiadas: muchas veces la verás cerrada y tendrás que conformarte con rodearla y fijarte en los detalles exteriores, el campanario, las piedras más desgastadas por la intemperie y el pequeño espacio que hace de plaza improvisada.
El verdadero protagonismo en Estepa de San Juan lo tiene el entorno natural. Los páramos que rodean la localidad ofrecen panorámicas amplias, especialmente al amanecer y al atardecer, cuando la luz rasante dibuja sombras sobre los campos ondulados. La vegetación, adaptada a la altitud y las condiciones climáticas, incluye especies aromáticas y plantas de matorral que perfuman el aire durante la primavera. En días despejados, el horizonte parece no terminar nunca y el cielo manda más que cualquier edificio.
Qué hacer
El senderismo es la actividad más lógica en esta zona. Desde Estepa de San Juan parten caminos rurales y veredas que permiten explorar el territorio de las Tierras Altas. No siempre están señalizados, así que conviene llevar mapa, track en el móvil o, mejor aún, preguntar a algún vecino si lo encuentras. Estas rutas, muchas de ellas antiguas vías de comunicación entre pueblos, atraviesan paisajes de gran valor ecológico donde es posible avistar aves rapaces, corzos y otra fauna silvestre, sobre todo si caminas en silencio y sin prisas. El terreno es fácil, pero las distancias engañan: aquí todo parece más cerca de lo que realmente está.
Los aficionados a la fotografía tienen aquí un buen campo de juego. La calidad de la luz, los horizontes amplios y la casi total ausencia de contaminación lumínica convierten cada paseo en una oportunidad para capturar imágenes distintas en cada estación. Los cielos estrellados merecen mención especial: la astrofotografía tiene aquí condiciones muy favorables, siempre que el tiempo acompañe y vengas preparado para el frío nocturno, incluso en agosto. Si te quedas hasta caída la noche, conviene avisar a alguien de por dónde vas a andar: la oscuridad aquí es de las de verdad.
La micología es otra actividad que atrae visitantes en otoño. Los pinares y robledales de la zona producen distintas especies de setas, aunque es fundamental conocer bien las especies o ir acompañado de personas expertas. Hay que respetar siempre la normativa local y ser prudente: la tentación de “llenar la cesta” es grande, pero el monte de aquí no es un supermercado y los vecinos lo notan cuando alguien arrasa.
La gastronomía soriana, aunque en Estepa de San Juan no hay bares ni restaurantes, se puede probar en las localidades cercanas. Los productos típicos incluyen la torta de chicharrones, el cordero asado, las migas del pastor y los embutidos de matanza tradicional. Las legumbres de la zona, cultivadas en altura, suelen tener una calidad muy buena y se agradecen especialmente en los días fríos. Lo práctico es organizar la jornada pensando en comer en otro pueblo y aquí dedicar el tiempo al paseo y la calma.
Fiestas y tradiciones
Dada la reducida población actual, el calendario festivo de Estepa de San Juan se centra principalmente en la celebración de su patrón, San Juan Bautista, en torno al 24 de junio. Es en estas fechas cuando la aldea recupera algo de bullicio, con el regreso de antiguos vecinos y familiares que mantienen viva la tradición. Son fiestas pequeñas, muy de casa, más pensadas para la comunidad que para el visitante: si apareces esos días, te tocará adaptarte tú al ritmo del pueblo, no al revés.
En verano, algunas localidades de las Tierras Altas organizan festivales tradicionales donde se puede disfrutar de música folk, danzas regionales y degustaciones gastronómicas, aunque hay que consultar el calendario específico cada año [VERIFICAR]. Si te alojas en un pueblo cercano, lo habitual es enterarse por carteles en la plaza o por comentarios de la gente, más que por webs actualizadas.
Información práctica
Para llegar a Estepa de San Juan desde Soria capital, hay que recorrer aproximadamente 45 kilómetros por carreteras comarcales que atraviesan el paisaje característico de las Tierras Altas. El acceso se realiza principalmente por la N-111 en dirección a Logroño, tomando después desvíos hacia el interior de la comarca. Es imprescindible viajar con vehículo propio y un buen GPS o mapa actualizado, ya que la cobertura móvil falla en algunos tramos y no siempre podrás improvisar.
La mejor época para visitar es de mayo a octubre, cuando las condiciones climáticas son más favorables. Los inviernos son muy fríos, con nevadas frecuentes que pueden dificultar el acceso e incluso dejar el pueblo aislado en algunos momentos. La primavera ofrece campos verdes y floridos, mientras que el otoño regala tonos ocres y dorados que, con la niebla baja, dan a la zona un aire casi plateado.
Es recomendable llevar ropa de abrigo incluso en verano, ya que la altitud provoca importantes variaciones térmicas. No hay servicios en la propia aldea (ni tienda, ni bar, ni gasolinera), por lo que conviene planificar la visita con provisiones y combustible suficiente desde Soria u otras localidades mayores de la comarca. Calcula bien: una visita tranquila, con paseo por los alrededores, se te puede ir fácilmente en medio día sin ver un solo comercio abierto. Aquí el turismo es de bocadillo en el coche y termo de café, no de terraza.
Lo que no te cuentan
Estepa de San Juan es muy pequeño. Se recorre a pie en menos de una hora si vas al grano, algo más si te paras a mirar detalles. Más que un destino para pasar varios días, funciona mejor como una parada dentro de una ruta por las Tierras Altas, combinándolo con otros pueblos y algún monte cercano.
Las fotos de campos verdes y cielos azules engañan un poco: en pleno invierno el paisaje puede resultar duro, con viento, frío y días cortos. Si lo que buscas es “vida de pueblo” entendida como bares, terrazas y animación, este no es tu sitio. Aquí vienes a estar casi solo, a escuchar el viento y a caminar.
El acceso por carretera es bueno, pero lento. Entre curvas, cambios de rasante y paradas para hacer fotos, el trayecto desde Soria se alarga más de lo que marca el mapa. Mejor no apurar con la hora de regreso, sobre todo en otoño e invierno, cuando anochece pronto.
Cuándo visitar Estepa de San Juan
- Primavera (abril-junio): campos verdes, floraciones y temperaturas más amables. Algún día todavía se puede ir al frío, pero la luz es muy agradecida para caminar y hacer fotos.
- Verano (julio-agosto): días largos y noches frescas. Buen momento para disfrutar del cielo nocturno, siempre con ropa de abrigo a mano.
- Otoño (septiembre-noviembre): tonos dorados, nieblas bajas y temporada de setas en la comarca. Los días se acortan rápido, conviene madrugar si quieres aprovechar la jornada.
- Invierno: solo para quien conoce bien la zona o va muy preparado. Nieve, hielo y carreteras complicadas no son raros, y el pueblo puede quedar bastante aislado.
Si prevén lluvia o niebla cerrada, la visita cambia: el paseo por el caserío sigue teniendo sentido, pero las vistas amplias se pierden. A cambio, el ambiente se vuelve más recogido y el silencio se nota todavía más.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo lento por el caserío, fijándote en las casas, corrales y antiguos pajares, y en los detalles de puertas, rejas y chimeneas.
- Vuelta corta por alguno de los caminos que salen justo a las afueras del pueblo, lo suficiente para pillar perspectiva del caserío sobre el páramo.
- Parada tranquila para sentarte un rato en silencio (en un muro, en la cuneta misma) y escuchar el viento, los pájaros y poco más.
Con ese tiempo te haces una idea bastante real de qué es Estepa de San Juan: poco ruido, mucho cielo y la sensación de estar en uno de esos lugares donde el reloj corre de otra manera.