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sobre Fuentes de Magaña
Conocido por su réplica de dinosaurio gigante y yacimientos de icnitas
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En el extremo nororiental de la provincia de Soria, ya muy cerca de La Rioja, se encuentra Fuentes de Magaña, un pequeño núcleo rural que parece detenido en el tiempo. Con unos 50 habitantes y encaramado a unos 1.140 metros de altitud, este pueblo de la comarca de Tierras Altas es un ejemplo claro de la llamada España vaciada: un lugar donde el silencio manda y la vida diaria sigue girando alrededor del campo y las estaciones.
El nombre de Fuentes tiene sentido en cuanto uno se mueve un poco alrededor del casco urbano. El municipio se asienta en una zona rica en manantiales que han marcado su historia y su paisaje desde siempre. Estas aguas, que brotan de la tierra, han dado vida a huertas y prados que suavizan la dureza del paisaje serrano circundante, creando un pequeño oasis verde que sorprende a quien llega con la idea tópica de la “Soria seca”.
Visitar Fuentes de Magaña es entrar en un pueblo donde el turismo apenas tiene presencia, donde las casas de piedra y adobe se siguen usando y donde el ritmo lo marcan las tareas del campo y las fiestas del calendario local. No hay grandes reclamos ni circuitos marcados: aquí el plan consiste en caminar despacio, mirar y, si se tercia, charlar con quien te cruces.
Qué ver en Fuentes de Magaña
El patrimonio de Fuentes de Magaña es humilde pero representativo de la arquitectura popular soriana. La iglesia parroquial, de origen medieval aunque reformada en siglos posteriores, preside el núcleo urbano con su torre de piedra, visible desde los campos circundantes. Su interior alberga retablos de factura tradicional que merecen una visita pausada si está abierta; conviene preguntar en el pueblo, porque no hay horarios turísticos como tal.
Pasear por las calles del pueblo es un ejercicio de observación arquitectónica. Las construcciones tradicionales de piedra y entramados de madera muestran las técnicas constructivas adaptadas al clima de montaña: muros gruesos, pequeñas ventanas y corrales anexos que hablan de un pasado ganadero aún presente. Algunas casas conservan bodegas excavadas en la roca, utilizadas históricamente para guardar provisiones y vino durante los inviernos largos y fríos; no suelen ser visitables, pero se intuyen en puertas bajas y respiraderos.
El verdadero protagonista de Fuentes de Magaña es su entorno natural. Los paisajes que rodean el municipio son un mosaico de dehesas, campos de cultivo y zonas de monte bajo donde el roble melojo se abre paso entre jarales y tomillares. Las fuentes que dan nombre al lugar pueden localizarse siguiendo caminos rurales que parten del pueblo, generando pequeños rincones de vegetación más densa donde el agua suele correr todo el año, aunque en veranos muy secos el caudal baja bastante.
Desde el pueblo se disfrutan vistas amplias hacia la sierra de Alcarama y hacia el paisaje característico de las Tierras Altas sorianas, con horizontes limpios y cielos muy abiertos. En días claros se entiende por qué se habla de esta zona como “el techo” de la provincia: no es tanto por picos muy altos, sino por la sensación de altiplano y de estar siempre un poco por encima de todo.
Qué hacer
El senderismo es la actividad principal en Fuentes de Magaña. Los caminos rurales y vías pecuarias que surcan el término municipal permiten rutas de diferente longitud, todas con el denominador común de la tranquilidad. Una caminata sencilla es la que enlaza varias de las fuentes del municipio, un itinerario que se puede hacer en un par de horas tranquilas y que permite hacerse una idea del aprovechamiento tradicional del agua y de cómo se distribuían huertas y pastos.
Para quienes disfrutan con la observación de fauna, el entorno permite ver con cierta facilidad rapaces como el milano real o el busardo ratonero, además de aves forestales propias del monte mediterráneo. La primavera y el otoño son las épocas más agradecidas para esto, tanto por luz como por temperaturas, y porque el campo está algo más vivo que en pleno verano.
La gastronomía local gira en torno a productos de la tierra: cordero, legumbres, setas de temporada en otoño y embutidos artesanos elaborados en la zona. En el propio pueblo no hay restaurantes ni bares con cocina estable, así que conviene venir comido o con comida. Lo que aquí se come, en buena medida, sale de los huertos, las matanzas y los hornos de la comarca: migas del pastor, calderetas y guisos pensados para aguantar el frío.
La fotografía de paisaje encaja muy bien con Fuentes de Magaña: amaneceres sobre los campos, la luz baja de última hora sobre las casas de piedra, y unos cielos nocturnos todavía relativamente limpios de contaminación lumínica, donde se aprecia bien la Vía Láctea si el cielo está despejado y no coinciden nubes ni luna llena.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en agosto, cuando muchos antiguos habitantes regresan al pueblo y la población se multiplica durante unos días. Son jornadas de convivencia con procesiones, comidas populares y baile en la plaza, al estilo de tantos pueblos sorianos pequeños, donde casi todo el mundo se conoce.
A principios de otoño suele celebrarse alguna romería vinculada al ciclo agrícola, momento en que se agradecen las cosechas. Son celebraciones discretas, pensadas para la gente del lugar, que conservan bastante bien los ritos rurales castellanos, aunque con menos participación que hace unas décadas y con un ambiente muy de “familia ampliada”.
Cuándo visitar Fuentes de Magaña
La mejor época para visitar el municipio es la primavera (mayo-junio), cuando los prados y huertas están verdes y las temperaturas son más llevaderas, o el otoño (septiembre-octubre), con los tonos ocres en el monte y los días cortos pero todavía agradables.
El invierno puede ser duro: frío acusado por la altitud, heladas frecuentes y posibilidad de nieve. Eso le da un punto fotogénico al paisaje, pero complica los desplazamientos y limita bastante los paseos largos. En verano, fuera de las fiestas de agosto, el pueblo está muy tranquilo, con días secos y noches frescas que se agradecen si vienes de zonas más bajas.
Si llueve, el plan se reduce a paseos cortos por el casco urbano y alrededores inmediatos; los caminos pueden embarrarse y alguna pista se vuelve incómoda para caminar. Mejor calzado cerrado y no confiarse con las chancletas “porque solo voy a dar una vuelta”.
Errores típicos al visitar Fuentes de Magaña
- Pensar que hay “más pueblo” del que realmente hay: Fuentes de Magaña es pequeño y se recorre rápido. La visita tiene más sentido como parte de una ruta por Tierras Altas que como único destino del día.
- Confiarse con el frío y el viento: incluso en mayo o septiembre, la sensación térmica puede bajar bastante con el aire. Un cortavientos y algo de ropa de abrigo ligera ahorran sustos.
- Contar con servicios que no existen: no hay gasolinera, apenas hay comercio y la restauración es muy limitada o inexistente. Hay que traer agua, algo de comida y el depósito de combustible medianamente lleno.
- Suponer que los caminos están siempre marcados: muchas rutas son pistas y sendas tradicionales sin señalizar. Conviene llevar mapa, GPS o, sencillamente, preguntar en el pueblo por los recorridos más claros.
Lo que no te cuentan
Fuentes de Magaña se ve en poco tiempo. Si vas directo al grano, en una hora habrás paseado el casco urbano y te habrás acercado a alguna fuente cercana. Lo que alarga la visita no son los “monumentos”, sino las caminatas por los alrededores o el tomarse la mañana entera con calma.
Las fotos que circulan en redes, con praderas muy verdes o nieve recién caída, suelen corresponder a momentos muy concretos del año. El resto del tiempo, el paisaje es más austero, con tonos pajizos y matas bajas. Conviene venir con esa imagen realista en la cabeza: es un territorio duro, pero precisamente ahí está su interés.
Tampoco es un pueblo “de servicios”. Aquí no hay animación turística ni actividades organizadas; lo que hay es vida rural a pequeña escala. Si te asomas con respeto y sin prisas, se entiende mejor qué significa vivir todo el año en Tierras Altas.
Información práctica
Fuentes de Magaña se encuentra a unos 80 kilómetros al noreste de Soria capital. El acceso se hace por carreteras secundarias, en buen estado pero con curvas y tramos de montaña. En invierno, tras nevadas o heladas, conviene consultar el estado de las vías y no apurar las horas de luz. El aparcamiento no suele ser un problema: se deja el coche en las entradas del pueblo o en alguna calle amplia, sin bloquear pasos ni accesos a fincas.