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sobre Fuentes de Magaña
Conocido por su réplica de dinosaurio gigante y yacimientos de icnitas
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En el norte de la provincia de Soria, cerca de la frontera con La Rioja, se encuentra Fuentes de Magaña, un pequeño núcleo de Tierras Altas que apenas supera las cuarenta personas censadas. El turismo en Fuentes de Magaña se entiende mejor si primero se mira el terreno: el pueblo está a unos 1.140 metros de altitud, en una zona de lomas abiertas donde el agua aparece de forma inesperada en forma de manantiales y pequeños nacederos.
El propio nombre del lugar remite a esas fuentes que brotan en los alrededores. Algunas todavía se reconocen junto a caminos y prados cercanos al casco. En una comarca donde el clima puede ser seco y duro en invierno, estos puntos de agua han sido esenciales para huertas, ganado y abastecimiento doméstico. Ese contraste entre zonas de pasto húmedo y monte más áspero forma parte del paisaje habitual de esta parte de Tierras Altas.
La iglesia y el núcleo del pueblo
La iglesia parroquial está dedicada a la Inmaculada y su fábrica principal se sitúa en el siglo XVI, con reformas posteriores —probablemente del XVIII— que alteraron parte del edificio. Es una construcción sobria, de piedra, con un campanario sencillo que sobresale sobre las casas del núcleo.
En el interior se conservan retablos de madera tallada de tradición barroca rural. No es un templo que permanezca abierto a diario; lo habitual es que se abra en celebraciones o cuando algún vecino tiene la llave.
El caserío mantiene bastante bien la lógica constructiva de la zona: muros de mampostería gruesa, vanos pequeños y dependencias anexas para animales o almacenaje. En algunas casas todavía se aprecian bodegas excavadas o semienterradas, utilizadas para conservar alimentos durante los inviernos largos. En un pueblo de este tamaño, el recorrido se hace rápido y sin un trazado muy definido: calles cortas, corrales y patios que se encadenan unos con otros.
Un paisaje de fuentes, pastos y monte bajo
Alrededor del pueblo salen varios caminos agrícolas y ganaderos que llevan a prados y manantiales. No son rutas señalizadas como tal, sino caminos de uso tradicional que conectaban huertas, corrales y zonas de pasto.
La vegetación combina encina, algo de roble melojo en las zonas más frescas y amplias manchas de jaral. En primavera y a comienzos del verano aparecen plantas aromáticas como tomillo o espliego en los bordes de los caminos.
Desde algunos puntos abiertos se alcanza a ver la sierra de Alcarama, que marca buena parte del horizonte hacia el norte y el este. Es un paisaje amplio, de distancias largas y pueblos muy separados entre sí, algo característico de toda la comarca.
Aves y vida en el campo
Las primeras horas del día suelen ser las más tranquilas para caminar por los alrededores. No es raro ver rapaces que aprovechan las corrientes de aire de las lomas: milano real, ratonero común o alguna otra especie habitual del interior peninsular.
El entorno sigue ligado a la ganadería extensiva, aunque muchas construcciones antiguas ya no se utilizan. Aun así, corrales y cercados recuerdan que durante décadas el movimiento del ganado marcaba el ritmo del lugar.
Comer y organizar la visita
Fuentes de Magaña no tiene bares ni restaurantes abiertos de forma continua. Si se piensa pasar varias horas por la zona conviene llevar comida o acercarse después a alguno de los pueblos mayores de la comarca.
La cocina tradicional de Tierras Altas gira en torno a productos sencillos y contundentes: cordero, legumbres, embutidos y guisos pensados para el clima frío de la zona. En temporada también aparecen setas en los montes cercanos.
Fiestas y regreso de los vecinos
La parroquia está dedicada a la Inmaculada, cuya festividad es en diciembre, aunque en muchos pueblos pequeños las celebraciones principales se trasladan al verano, cuando regresan quienes tienen aquí sus raíces familiares. Durante esos días el pueblo recupera movimiento: se abren casas cerradas gran parte del año y la iglesia vuelve a tener actividad.
Antes de ir
Fuentes de Magaña se visita en poco tiempo. Lo más interesante está en su contexto: un pueblo muy pequeño dentro de una de las comarcas más despobladas de Castilla y León. Conviene llevar lo necesario, aparcar sin bloquear las calles estrechas y recorrerlo con calma, entendiendo que aquí la vida sigue otro ritmo.