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sobre Las Aldehuelas
Municipio de montaña en el corazón de las Tierras Altas con arquitectura serrana y clima fresco
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A más de 1.260 metros de altitud, en el corazón de las Tierras Altas de Soria, Las Aldehuelas se asoma al horizonte como uno de esos pueblos donde el ritmo lo marca el frío en invierno y las tareas del campo en verano. Con apenas 61 habitantes censados, esta pequeña aldea serrana representa bien la realidad de la España vaciada: casas de piedra que resisten los inviernos crudos, calles silenciosas donde se escucha el viento entre los chopos y una naturaleza que manda más que cualquier calendario.
Situado en una comarca donde la altitud marca el carácter de sus gentes y paisajes, Las Aldehuelas conserva una autenticidad que aquí no es un reclamo turístico, es la forma de vida. No esperes monumentos llamativos ni servicios pensados para el visitante, porque no los hay. Lo que hay son parameras, pinares, viejas tierras de labor y un cielo nocturno muy limpio, de los de antes de las farolas LED.
Es un buen lugar si valoras el silencio, los paseos sin prisas y la conversación en la puerta de casa cuando cae la tarde. Desconectar aquí es literal: menos cobertura, menos ruidos y más tiempo para caminar por senderos viejos y sentarte a ver cómo se va la luz sobre las lomas.
¿Qué ver en Las Aldehuelas?
El patrimonio de Las Aldehuelas es el propio de una aldea de montaña que ha sobrevivido siglos aferrada a la tierra. Su iglesia parroquial preside el núcleo urbano, con la sobriedad arquitectónica característica de estas tierras altas, donde la funcionalidad prima sobre la ornamentación. La arquitectura popular es, en la práctica, el principal atractivo: casas de piedra y adobe, portones de madera maciza, pajares y tejados de teja árabe que dibujan un perfil reconocible contra el cielo soriano.
Pasear por sus calles es adentrarse en un pequeño muestrario de arquitectura tradicional serrana. Los corrales, las antiguas cuadras reconvertidas, los muros de mampostería que hablan de generaciones dedicadas a la ganadería y la agricultura de supervivencia. Cada rincón cuenta una historia de resistencia frente a un clima duro y una geografía poco complaciente, pero el pueblo se recorre rápido: en menos de una hora, con calma, lo has visto entero. Si te entretienes haciendo fotos o charlando con algún vecino, alargas el paseo, pero no mucho más.
El verdadero “monumento” de Las Aldehuelas es su entorno natural. La ubicación del pueblo, en plenas Tierras Altas, ofrece vistas abiertas sobre los valles y lomas circundantes. Los pinares que rodean el municipio sirven para caminatas tranquilas, mientras que las antiguas dehesas invitan a fijarse en la flora y la fauna autóctonas. En primavera y verano, el verde intenso contrasta con los tonos ocres y pardos del resto del año, y el paisaje cambia bastante de una estación a otra. En días claros, la sensación es de amplitud y de estar muy lejos de todo.
Qué hacer
Las Aldehuelas es terreno para el senderismo tranquilo, sin grandes alardes. Desde el pueblo parten varios caminos rurales y pistas que permiten explorar el entorno de Tierras Altas, descubriendo fuentes, majadas abandonadas y pequeños altos desde donde se domina un paisaje que parece no tener fin. No son rutas técnicas ni están pensadas como producto turístico: son los caminos de siempre. Conviene llevar mapa o track descargado y asumir que no todo estará señalizado ni limpio de maleza.
La observación de aves tiene sentido en esta zona. Las rapaces son frecuentes en estos cielos despejados, y no es raro ver buitres, águilas o milanos sobrevolando las parameras en busca de alimento. Para quien disfrute con la fotografía de naturaleza, los alrededores dan juego en cualquier época, aunque en invierno la cosa se complica por el frío y las horas de luz, y no apetece estar parado con el trípode mucho rato.
En cuanto a la gastronomía, aunque el pueblo no cuenta con establecimientos de restauración, la comarca de Tierras Altas mantiene viva la tradición culinaria soriana: cordero asado, migas del pastor, setas en temporada y embutidos artesanales. Tendrás que acercarte a pueblos cercanos para comer o comprar producto local, así que conviene venir con esto pensado y no esperar improvisar la comida al llegar.
Las noches en Las Aldehuelas, debido a la escasa contaminación lumínica, son buenas para la observación astronómica. Si traes prismáticos o un pequeño telescopio, puedes aprovecharlo. Aun sin nada, tumbarse a mirar la Vía Láctea en verano, bien abrigado, ya es plan. Eso sí, aquí no hay miradores preparados ni observatorios: es cuestión de buscar un sitio oscuro y alejado de las pocas farolas.
Fiestas y tradiciones
Como en muchas aldeas de la Castilla profunda, el calendario festivo de Las Aldehuelas se concentra en el periodo estival, cuando los hijos del pueblo regresan para las vacaciones y las casas cerradas el resto del año se abren unos días. Las fiestas patronales suelen celebrarse en agosto, con la misa, procesión y comida popular que reúne a vecinos y gente venida de fuera.
Son celebraciones pequeñas, sin grandes despliegues, pero con ambiente de pueblo de verdad: música tradicional o disco móvil, bailes en la plaza, meriendas compartidas y conversaciones que se alargan hasta la madrugada en plena calle si el tiempo acompaña. Si coincides con esas fechas, verás el contraste entre el invierno casi vacío y el verano con vida; si vas fuera de temporada, el silencio manda.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Soria capital, Las Aldehuelas se encuentra a unos 60 kilómetros por la carretera N-111 en dirección Logroño, desviándose posteriormente hacia el interior de la comarca de Tierras Altas. El trayecto dura aproximadamente una hora, según el estado de la carretera y el tiempo. Es imprescindible viajar en vehículo propio, ya que no existe transporte público regular.
Consejos: Lleva calzado adecuado para caminar, ropa de abrigo incluso en verano (las noches refrescan más de lo que uno imagina) y provisiones básicas. El pueblo no cuenta con servicios comerciales ni hostelería, así que organiza la compra y las comidas antes de subir. Respeta el entorno natural, las pistas ganaderas y la tranquilidad del lugar: aquí la gente vive, no está de decorado. Si vas en invierno o con previsión de nieve, revisa el estado de las carreteras y no apures el combustible.
Cuándo visitar Las Aldehuelas
La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los mejores momentos para caminar, con temperaturas más suaves y paisajes más vistosos. En verano encontrarás fresco respecto a la meseta baja, pero el sol pega y las noches pueden ser frías si hay viento, así que una chaqueta nunca sobra.
El invierno es otra historia: muy crudo, con heladas, nevadas frecuentes y carreteras que a veces se complican. Solo recomendable si sabes bien dónde te metes, vienes preparado y compruebas antes el estado de las vías y el tiempo previsto. En días de temporal, lo razonable es no subir.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Paseo por el casco, vuelta alrededor del pueblo para asomarte a las lomas y poco más. Es tiempo suficiente para hacerte una idea del lugar, hacer cuatro fotos y respirar aire frío.
Si tienes el día entero
Combina la visita con otros pueblos de Tierras Altas y alguna ruta algo más larga enlazando pistas y caminos. Las Aldehuelas funciona bien como parada dentro de un recorrido por la comarca más que como plan único de todo un día.
Lo que no te cuentan
Las Aldehuelas se ve rápido. Es un pueblo pequeño, sin “atracciones” al uso ni servicios turísticos. Tiene más sentido como base tranquila para conocer Tierras Altas o como parada dentro de una ruta por la comarca que como destino principal para varios días, salvo que vengas buscando precisamente aislarte y leer, pasear y poco más.
Las fotos que puedas ver tienden a enseñar el mejor ángulo y el mejor día. El resto del año hay días grises, viento, frío y sensación de estar solo en medio de mucho territorio. Si eso te atrae, encaja contigo; si buscas ambiente, tiendas y terrazas, mejor piensa en otro sitio. Aquí el plan es sencillo: caminar, mirar lejos y, si toca, pasar frío.