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sobre Oncala
Pueblo de montaña famoso por su museo de tapices y acebales
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Turismo en Oncala significa llegar a un pueblo pequeño y bastante aislado. Lo primero es el coche. Suele haber sitio para aparcar en el propio núcleo o cerca de la plaza, sin demasiada complicación. En invierno conviene mirar el parte: estas carreteras de Tierras Altas a veces amanecen con nieve o hielo.
El paseo se hace rápido. En una o dos horas ya has visto el casco urbano. Si te da por caminar por los montes de alrededor, entonces sí, calcula más tiempo.
Oncala está a unos 1.300 metros de altura, en la parte norte de Soria. Aquí viven alrededor de sesenta personas. No hay apenas comercios ni movimiento diario. Es uno de esos pueblos que se entienden mejor pensando en cómo se vivía hace medio siglo: ganadería, inviernos largos y bastante distancia con todo.
Las calles suben y bajan entre casas de piedra. Construcción sobria, sin adornos. Muros gruesos y ventanas pequeñas para aguantar el frío. Nada raro en esta zona de la provincia. Lo que se ve hoy está bastante bien conservado, pero el trazado sigue siendo el de un pueblo ganadero de montaña.
Qué ver en Oncala
La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción queda en el centro del pueblo. La torre se ve desde casi cualquier punto. El edificio es grande para el tamaño del lugar, algo habitual en pueblos que tuvieron más población en otros siglos.
No siempre está abierta. Si coincide con algún oficio religioso se puede entrar y ver el interior, donde suele mencionarse un retablo barroco bastante conocido en la zona. Si la encuentras cerrada, tampoco hay mucho más que hacer alrededor del templo.
Fuera del casco urbano empieza enseguida el paisaje de Tierras Altas: monte, praderas y masas de pino, haya y roble. En otoño el color cambia bastante, como en muchas sierras del norte de Soria. No es un caso aislado del territorio; es el paisaje típico de esta comarca.
Si caminas por las afueras verás construcciones ganaderas antiguas: corrales, apriscos y pequeñas cabañas. Algunas siguen usándose y otras están medio abandonadas. No hay paneles ni rutas explicadas. Simplemente están ahí, dispersas por el terreno.
Qué hacer sobre el terreno
Desde el pueblo salen varios caminos hacia el monte. Muchos vienen de antiguos recorridos de pastores y de la trashumancia. No todos están bien señalizados, así que conviene llevar mapa o GPS si te alejas.
El terreno combina bosque y zonas abiertas. Cuando nieva en invierno, algo que ocurre algunos años durante semanas, el paisaje cambia bastante y los caminos pueden quedar cubiertos.
También es terreno donde todavía se mueve fauna común de estas sierras: corzos, zorros o jabalíes. Verlos depende más de la hora y de la paciencia que del lugar exacto.
La cocina de la zona sigue ligada a la ganadería y a lo que da el monte. Cordero, productos de matanza y setas cuando llega el otoño. Es lo que se ha comido aquí siempre.
Tradiciones y fechas señaladas
Oncala ronda los sesenta vecinos, pero en verano el ambiente cambia un poco. Las fiestas patronales suelen celebrarse en agosto en torno a la Virgen de la Asunción. Regresa gente que tiene casa familiar y el pueblo se llena más de lo habitual.
Son fiestas sencillas: actos religiosos, reuniones entre vecinos y comidas compartidas. Nada pensado para atraer turismo. Más bien una excusa para que el pueblo vuelva a juntarse unos días al año.
Si vas, recorre el pueblo sin prisa y luego sal a caminar un rato por los alrededores. El interés de Oncala está más en el territorio que en el casco urbano. Si no te apetece andar, la visita se acaba pronto.