Artículo completo
sobre Oncala
Pueblo de montaña famoso por su museo de tapices y acebales
Ocultar artículo Leer artículo completo
En lo alto de las Tierras Altas de Soria, a unos 1.300 metros de altitud, Oncala se recorta contra el cielo como un pueblo que resiste. Este núcleo mínimo, con poco más de sesenta habitantes, se agarra a las laderas de la sierra de Cebollera, donde los inviernos son largos y el silencio manda casi todo el año. No es un destino para quien busca servicios y comodidad, pero ahí está parte de la gracia: Oncala permite asomarse a una vida de montaña que en muchos sitios ya es recuerdo.
El municipio forma parte de ese mosaico de aldeas serranas que caracterizan la comarca de Tierras Altas, territorios de frontera entre Soria, La Rioja y Burgos. Aquí, las casas de piedra se agrupan en torno a calles empinadas, con una arquitectura adaptada al frío serio de estas altitudes. El paisaje circundante es una sucesión de bosques de pino silvestre, hayedos y pastizales donde pace el ganado durante los meses estivales.
Visitar Oncala es acercarse a una de esas esquinas de España donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo. La despoblación convive con el orgullo de quienes permanecen, manteniendo vivas tradiciones y un modo de vida que muchos creían desaparecido. Es un pueblo pequeño, se recorre rápido; lo que alarga la visita son los paseos por los alrededores.
Qué ver en Oncala
El patrimonio monumental de Oncala, aunque modesto, refleja su pasado ganadero y agrícola. La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción preside el núcleo urbano con su torre de piedra, ejemplo de la arquitectura religiosa rural soriana de los siglos XVI y XVII. Su interior conserva retablos barrocos que, si la pillas abierta, merecen un rato de calma para mirarlos con detalle; no siempre está accesible, así que conviene no darlo por hecho.
Más allá del casco urbano, el verdadero protagonista es el entorno natural. Oncala se encuentra en las estribaciones de la sierra de Cebollera, muy cerca del límite con La Rioja, lo que convierte al pueblo en buena base para salir a caminar por paisajes de alta montaña (alta para lo que es Soria, se entiende). Los bosques mixtos de pino, haya y roble rodean el municipio, con un cambio de colores muy marcado en otoño, cuando los tonos ocres y rojizos tiñen las laderas.
Los alrededores del pueblo conservan antiguas construcciones ganaderas —corrales, apriscos y cabañas de pastor— que hablan de una economía ligada a la trashumancia. Pasear por estos parajes permite imaginar cómo era la vida cuando estas montañas hervían de actividad durante la época de esquileo y traslado de rebaños. No están musealizadas ni señalizadas como en otros sitios: forman parte del paisaje y hay que ir con ojo para verlas y respetarlas.
Qué hacer
Oncala es un buen punto de partida para el senderismo de montaña. Desde el pueblo parten diversas rutas que se adentran en la sierra, con diferentes niveles de dificultad. Los caminos tradicionales que antaño utilizaban pastores y carboneros son ahora senderos donde todavía se nota que aquí se ven más botas que zapatillas urbanas. Entre arroyos fríos, sombras de hayedo y praderas que en primavera se llenan de flores, el plan es más de caminar tranquilo que de ir tachando miradores de una lista. Conviene llevar mapa o track descargado: la señal no siempre ayuda.
Durante el invierno, cuando la nieve cubre estos parajes, Oncala se transforma en un escenario adecuado para las raquetas de nieve, siempre que el espesor acompañe y se tenga algo de experiencia. La altitud del pueblo favorece las nevadas entre diciembre y marzo, pero conviene no fiarlo todo a la estadística y revisar el parte antes de subir. Aquí, cuando entra un temporal, las carreteras se complican rápido.
La observación de fauna es otra actividad posible. Estos bosques albergan jabalíes, corzos, zorros y una buena variedad de aves rapaces. No es un safari: hace falta paciencia, rutas tempranas o al atardecer y, sobre todo, respeto por el entorno, sin salirse de los caminos ni perseguir animales para sacar la foto.
En cuanto a gastronomía, aunque Oncala no cuenta con una amplia oferta hostelera dada su reducida población, la zona es conocida por su cocina de montaña: calderetas de cordero, setas de temporada, productos de la matanza del cerdo y migas serranas. Lo lógico es combinar la visita con una comida en alguno de los pueblos de alrededor, donde siguen tirando de estas recetas de siempre y hay más opciones para sentarse a la mesa.
Fiestas y tradiciones
A pesar de su escasa población, Oncala mantiene vivo su calendario festivo. Las fiestas patronales se celebran en agosto en honor a la Virgen de la Asunción, con misas, procesiones y comidas populares que reúnen a vecinos y visitantes. Es el momento del año en que el pueblo recupera temporalmente su bullicio, cuando regresan los emigrados y las calles vuelven a tener conversación en los portales hasta la noche.
En invierno, como en muchos pueblos de esta comarca, se conservan tradiciones ligadas al ciclo ganadero y agrícola, aunque su celebración depende cada año de las circunstancias de la pequeña comunidad local. Mejor preguntar allí mismo qué se mantiene ese año y qué no.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Soria capital, Oncala se encuentra a unos 60 kilómetros por la N-111 en dirección a Logroño, tomando posteriormente un desvío hacia el interior de la sierra. El trayecto ronda la hora por carreteras de montaña que requieren precaución, especialmente en invierno. Conviene consultar el estado de las vías en temporada de nieve y no apurar el depósito de combustible o las provisiones: no hay gasolineras cada poco, precisamente.
Mejor época: La primavera y el otoño son buenos momentos para disfrutar de la naturaleza con agua en los arroyos y el monte vivo. El verano tiene temperaturas agradables que contrastan con el calor de zonas más bajas y es cuando hay algo más de vida en las calles. El invierno es solo recomendable para quienes disfrutan del frío serio, los días cortos y están dispuestos a asumir que la nieve pueda condicionar los planes o incluso impedir la subida.
Consejos: Oncala es un destino de turismo rural pequeño y muy tranquilo. Conviene llevar ropa de abrigo incluso en verano, calzado adecuado para caminar por montaña y algo de comida y agua, ya que los servicios son limitados y los horarios, todavía más. La señal de móvil puede ser irregular en algunas zonas, así que mejor no depender del teléfono para todo y, si vas a hacer ruta larga, avisar antes de por dónde piensas ir.
Lo que no te cuentan
Oncala se ve rápido. El casco urbano da para un paseo breve y poco más; el tiempo aquí se estira con las rutas por el entorno, no tanto con monumentos.
Las fotos que circulan suelen centrarse en los días despejados y otoñales: el resto del año también hay niebla, viento y jornadas grises, así que mejor venir con esa imagen real en la cabeza.
Más que un destino para pasar varios días sin moverte, funciona bien como base o parada dentro de una vuelta por Tierras Altas y la sierra de Cebollera.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Da una vuelta breve por el pueblo, acércate a la iglesia y asómate a alguno de los caminos que salen del casco urbano para coger perspectiva del valle. No da tiempo a grandes rutas, pero sí a hacerse una idea del carácter de las Tierras Altas y del aislamiento que se respira.
Si tienes el día entero
Lo razonable es montar una ruta de senderismo circular con salida y llegada en Oncala, parar a comer en algún pueblo de la zona y rematar con un paseo tranquilo por el casco al atardecer. No es un sitio para ir con prisas: se disfruta más si se baja el ritmo y se acepta que aquí todo va más despacio.