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sobre San Pedro Manrique
Capital de las Tierras Altas famosa por el Paso del Fuego
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En las alturas de la provincia de Soria, donde las estribaciones de la Sierra de Alcarama dibujan un paisaje duro, de roca, encina y viento frío buena parte del año, se encuentra San Pedro Manrique, un pueblo de unos 600 habitantes que guarda una de las tradiciones más antiguas y conocidas de España: el Paso del Fuego. A 1.153 metros de altitud, este municipio de la comarca de Tierras Altas sigue aferrado a costumbres que aquí no se montan “para el turista”, sino porque forman parte del calendario del pueblo.
Pasear por sus calles empedradas es adentrarse en un casco donde el silencio manda la mayor parte del tiempo. Casas de piedra, soportales, cuestas cortas pero constantes y, en invierno, un frío que se cuela por las rendijas. Las cigüeñas en los campanarios y el olor a leña en las chimeneas recuerdan que aquí la vida rural no es una postal, es la rutina.
San Pedro Manrique no es un destino turístico de masas ni un parque temático de tradiciones. Es un lugar para quien tiene curiosidad por la España interior, sabe que no va a encontrar una oferta infinita de bares y tiendas, y viene con ganas de caminar y observar más que de “hacer cosas” cada minuto del día.
Qué ver en San Pedro Manrique
El patrimonio arquitectónico de San Pedro Manrique refleja siglos de historia serrana. La iglesia parroquial de San Pedro, de origen románico aunque reformada en siglos posteriores, preside la plaza principal con su robusta torre, que antaño tenía también una función defensiva. En su interior se conservan retablos barrocos de notable factura.
El Palacio de los Gómara, del siglo XVI, es otro de los edificios señoriales que recuerdan el pasado noble del municipio. Aunque es de propiedad privada y solo se ve por fuera, su fachada renacentista merece una parada tranquila para fijarse en los detalles. Junto a él, varias casas blasonadas salpican el casco histórico, recordando que esta villa tuvo más peso económico y político del que pueda parecer viendo el pueblo hoy.
Los humilladeros y ermitas forman parte del paisaje urbano y de la manera de entender el territorio. La ermita de la Virgen de la Peña, situada en un alto, es casi más un mirador que otra cosa: desde allí se dominan el pueblo y los montes de alrededor. Conviene subir con calma y, si hace aire (casi siempre), abrigado. La ermita de San Juan es el escenario principal de las celebraciones del solsticio de verano y del Paso del Fuego.
En el entorno natural, la Sierra de Alcarama ofrece paisajes de media montaña con encinares, robledales y lomas peladas donde el invierno se nota. Los cañones de la Hoz son uno de esos sitios que en fotos quizá no impresionan tanto y, sin embargo, cuando estás allí se aprecia mejor la escala: paredes rocosas, recodos del río y zonas donde es fácil ver rapaces si se tiene un poco de paciencia. No es un paisaje “espectacular” al estilo Pirineos, es más sobrio, pero engancha a quien aprecia los detalles.
Qué hacer
El senderismo es una de las mejores formas de entender la comarca. Desde San Pedro Manrique parten varias rutas señalizadas que permiten adentrarse en la Sierra de Alcarama, con itinerarios de diferente dificultad que atraviesan encinares, antiguos caminos de pastores y zonas de roquedo. Conviene llevar agua, algo de abrigo incluso en verano y no fiarse del sol: aquí el tiempo cambia rápido.
La subida a la Virgen de la Peña es una caminata breve pero agradecida, que combina caserío, entorno rural y vistas amplias. No es una gran ruta de montaña, pero da una buena idea de dónde estás metido: una meseta alta, abierta y, según sople el cierzo, bastante cruda.
La gastronomía tradicional serrana es otro de los alicientes reales para parar en San Pedro Manrique. El cordero asado en horno de leña sigue siendo uno de los platos fuertes, acompañado de cocina contundente: migas, ajo carretero, calderetas… En otoño, las setas de la sierra se cuelan en muchos platos, según la temporada y lo que se haya recogido. Aquí se come para entrar en calor y aguantar el día, no para hacerse una foto.
Para quienes se interesan por la historia y las tradiciones, la visita al Centro de Interpretación de las Mondas ayuda a poner en contexto los rituales del pueblo, su origen precristiano y cómo se han ido adaptando a lo largo de los siglos. Es buena idea comprobar horarios con antelación y, si se viene a propósito por el Paso del Fuego o Las Mondas, empezar por aquí para entender mejor lo que se ve luego en la calle.
Fiestas y tradiciones
San Pedro Manrique es conocido sobre todo por el Paso del Fuego, la noche de San Juan, del 23 al 24 de junio. Esa noche, al calor literal de las brasas, los “pasadores” cruzan descalzos un lecho de ascuas incandescentes cargando a alguien sobre los hombros. No es un espectáculo de circo, es un ritual serio para la gente del pueblo, y conviene llegar temprano, respetar los espacios y asumir que habrá mucha gente y poco sitio bueno para ver. Si buscas primeras filas, prepárate para horas de espera.
Antes del Paso del Fuego se celebran Las Mondas, el primer domingo posterior al solsticio de verano. Tres mozas, con trajes tradicionales y portando grandes roscas de pan, suben a la ermita de San Juan en una procesión cargada de simbolismo relacionado con la fertilidad de la tierra y la relación del pueblo con su entorno. Más allá de la parte folclórica, es interesante fijarse en cómo participa la gente local y en los pequeños gestos que no salen en los folletos.
En agosto se celebran las fiestas patronales en honor a San Roque, con actos más habituales: verbenas, concursos, actividades para distintas edades y mucho reencuentro de gente que vive fuera el resto del año. En invierno, la matanza tradicional sigue siendo un motivo de reunión familiar y vecinal, aunque cada vez menos abierta a extraños y más centrada en el ámbito privado.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Vuelta tranquila por el casco histórico, fijándote en casas blasonadas y en la iglesia de San Pedro.
- Subida rápida a la Virgen de la Peña (si el tiempo acompaña) para situarte en el paisaje.
- Parada corta en algún bar para tomar algo caliente en invierno o una caña en verano y escuchar hablar a la gente del pueblo, que suele ser la mejor “oficina de turismo”.
Si tienes el día entero
- Mañana de paseo por el pueblo y visita al Centro de Interpretación de las Mondas.
- Subida a las ermitas y comida serrana sin prisas.
- Tarde para acercarte a los cañones de la Hoz o a algún pueblo de Tierras Altas, encadenando varios núcleos pequeños en vez de centrarlo todo en uno solo.
Lo que no te cuentan
San Pedro Manrique se ve rápido. El casco urbano se recorre en poco tiempo y, si no te interesa el tema de las tradiciones o el paisaje sobrio de la comarca, quizá te sepa a poco. La clave está en combinar pueblo y entorno: una vuelta tranquila, subir a las ermitas, alargar con alguna ruta a pie o en coche por Tierras Altas y entender que esto no va de “ver mil cosas” sino de bajar revoluciones.
Las fotos del Paso del Fuego pueden crear expectativas un poco irreales: sí, es impresionante, pero la realidad incluye esperas largas, aglomeraciones, accesos limitados y posibles cambios de horario o de organización según el año [VERIFICAR]. Si solo vienes por eso, infórmate bien antes y asume que no estarás solo, ni tendrás siempre la foto que has visto en redes.
El acceso es bueno por carretera, pero no esperes grandes servicios: gasolineras, supermercados y demás conviene tenerlos controlados con antelación, sobre todo si vas a moverte por pueblos pequeños de los alrededores. Fuera de temporada alta, muchos negocios reducen horarios, así que es mejor no improvisar demasiado.
Cuándo visitar San Pedro Manrique
La mejor época para visitar el pueblo depende de lo que busques. Para vivir las fiestas del solsticio, la referencia es clara: entorno del 23 de junio para el Paso del Fuego y Las Mondas. Eso sí, tendrás más gente, más ruido, más ambiente y menos tranquilidad.
Si lo que quieres es caminar y conocer Tierras Altas con calma, primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos: temperaturas más suaves, menos gente y el paisaje cambiando de color. En verano hace calor, pero las noches refrescan; en invierno, entre nieve, hielo y nieblas, el ambiente puede ser muy duro y conviene venir preparado, tanto de ropa como de coche.
Con lluvia o mal tiempo, el paseo por el casco se queda corto y las rutas pierden parte del atractivo. A cambio, tienes la versión más realista de la vida aquí: bares como punto de encuentro, chimeneas encendidas y ritmos todavía más lentos.