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sobre Suellacabras
Pueblo de montaña con ermita románica aislada de gran valor
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Una mañana de invierno, cuando el sol apenas consigue levantar la helada, la luz entra horizontal por las ventanas pequeñas de las casas de piedra y deja una franja pálida sobre los muros. La nieve suele quedarse varios días en los tejados. No hay casi ruido: a veces el golpe de una puerta, a veces el crujido de alguna viga vieja cuando cambia la temperatura. Así se presenta el turismo en Suellacabras, un lugar donde viven muy pocas personas y donde el silencio forma parte del paisaje tanto como los páramos que lo rodean.
En este municipio de las Tierras Altas de Soria, a cerca de 1.200 metros de altitud, la escala es mínima. Apenas unas casas agrupadas, algunas cerradas buena parte del año, y calles cortas donde el viento corre sin demasiados obstáculos. No hay tiendas ni bares. Lo que hay es cielo abierto y una sensación clara de aislamiento que en esta comarca ha sido siempre parte de la vida diaria.
Las viviendas están levantadas con mampostería irregular y madera oscurecida por el tiempo. Los aleros sobresalen lo justo para proteger las entradas cuando nieva o llueve con viento. Muchas fachadas muestran reparaciones hechas en distintas épocas: piedras de tonos diferentes, morteros más recientes, vigas sustituidas. La iglesia parroquial —dedicada tradicionalmente a San Caprasio— mantiene una espadaña sencilla y muros gruesos de piedra local que guardan bien el frío.
Casas, corrales y pajares
Caminar despacio por el pequeño núcleo permite fijarse en detalles que hablan del pasado ganadero del pueblo. A un lado aparecen corrales de piedra, algunos ya vacíos, otros utilizados de forma puntual para guardar herramientas o resguardar animales. Las esquinas están redondeadas por años de uso y por el hielo del invierno.
También quedan pajares con puertas grandes de madera, muchas colocadas en diagonal para facilitar la entrada de los carros. Algunas tablas están combadas y plateadas por el sol. No es raro ver hierba seca acumulada cerca de las paredes o restos de antiguas divisiones interiores.
Todo eso recuerda que hasta hace pocas décadas estos caminos tenían más movimiento: rebaños, carros, vecinos entrando y saliendo de los campos.
El paisaje de las Tierras Altas
Alrededor de Suellacabras el terreno se abre en páramos amplios. En invierno puede resultar áspero: viento constante, nieve que cubre senderos y temperaturas que bajan con facilidad de cero. Conviene mirarlo antes de venir y no confiarse con la carretera si hay previsión de nevada.
Cuando llega la primavera el color cambia. Aparecen verdes apagados entre el ocre del suelo y los enebros dispersos. Crecen matas de romero y otros arbustos bajos que aguantan bien la sequedad y el frío. Todavía se distinguen muros de piedra seca que marcaban antiguas parcelas y que serpentean por el terreno como líneas torcidas.
Desde cualquier punto del pueblo la vista se pierde lejos. Las nubes pasan rápido y la sensación de espacio es constante.
Cómo llegar y qué tener en cuenta
Lo habitual es llegar en coche desde Soria capital atravesando parte de la comarca por carreteras comarcales. El último tramo discurre por vías estrechas pero, en general, transitables si el tiempo acompaña. No hay transporte público regular hasta el pueblo.
En invierno conviene revisar la previsión meteorológica y llevar el depósito lleno antes de adentrarse en esta zona. Las distancias entre pueblos no son grandes, pero los servicios sí están bastante dispersos.
Caminos sin señalizar
Fuera del núcleo salen varias pistas agrícolas y ganaderas. No están señalizadas como rutas oficiales, pero muchas siguen trazados antiguos que conectaban pastos y campos.
Son caminos amplios al principio y más difusos según se alejan del pueblo. Atraviesan pequeñas vaguadas y suben hacia zonas algo más altas donde el viento sopla con fuerza. Si se quiere caminar un rato por la zona, es buena idea llevar mapa o un track descargado: cuando entra niebla en estas mesetas la orientación se complica.
Cielos muy oscuros
Por la noche el pueblo queda prácticamente a oscuras. La iluminación es mínima y alrededor no hay grandes núcleos que proyecten luz. En noches despejadas se distinguen con claridad muchas estrellas que en otros lugares pasan desapercibidas.
En verano basta con alejarse unos minutos del casco y sentarse en cualquier ribazo o tramo de hierba seca. Cuando la luna está baja o no ha salido, el cielo parece mucho más profundo de lo habitual.
Un pueblo pequeño incluso para esta comarca
Suellacabras es hoy un lugar con muy pocos habitantes estables. En agosto suele notarse algo más de movimiento cuando regresan familiares y antiguos vecinos. Entonces la plaza se anima un poco, la iglesia abre para la celebración patronal y a veces se organiza una comida entre quienes están esos días.
El resto del año el ritmo es lento. Quien llegue hasta aquí encontrará sobre todo paisaje, viento y la sensación de estar en uno de esos rincones de Soria donde el tiempo pasa de otra manera. No hace falta mucho más que caminar despacio y mirar alrededor.