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sobre Yanguas
Uno de los pueblos más bonitos de España con arquitectura medieval serrana
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El viento suele subir por la ladera a media mañana y golpea las piedras del castillo de Yanguas con un silbido seco. Desde abajo, la torre rota aparece entre matas y líquenes, como si la ruina todavía estuviera mirando el valle. En el turismo en Yanguas, esa imagen es lo primero que muchos ven al llegar: el promontorio, la piedra oscurecida por la humedad y, más abajo, el Cidacos dibujando una curva lenta entre los prados.
El castillo se levantó en la Edad Media y hoy permanece como ruina consolidada. Quedan lienzos de muralla y parte de la torre. No hace falta mucho más para entender su función: controlar el paso por este corredor de las Tierras Altas, una zona que siempre fue frontera y tránsito.
La calle principal y la plaza porticada
Yanguas es pequeño. Apenas supera el centenar de habitantes y el trazado del pueblo se entiende en unos minutos. Una calle principal baja hasta la plaza mayor. El suelo es irregular, con adoquines gastados que en días de lluvia se vuelven resbaladizos.
La plaza conserva soportales de piedra. Bajo esas vigas oscuras aún se imagina el movimiento de los antiguos mercados. Durante siglos aquí se reunían ganaderos y comerciantes que llegaban desde los pueblos dispersos de la sierra.
En varias fachadas aparecen escudos tallados. Algunos están bastante erosionados. Conviene mirar hacia arriba, porque muchos pasan desapercibidos si uno camina deprisa.
La iglesia de Santa María
El campanario de la iglesia de Santa María sobresale por encima de los tejados. El templo tiene origen medieval, aunque el interior mezcla épocas distintas. Las arquivoltas de la portada concentran buena parte del trabajo escultórico.
Dentro, el ambiente cambia. La piedra guarda el fresco incluso en verano y la luz entra tamizada por ventanas estrechas. A pocos pasos está la ermita de la Virgen de los Remedios, que suele encontrarse cerrada salvo en celebraciones concretas.
El puente y el río Cidacos
El puente de piedra sobre el Cidacos queda a un paseo corto del centro. El agua pasa despacio entre juncos y chopos. Si el caudal baja, se oyen las piedras rodar bajo la corriente.
Por aquí cruzaban antiguos caminos ganaderos. La trashumancia marcó durante siglos el ritmo de esta comarca. Todavía se reconocen sendas que salen del pueblo hacia los montes cercanos.
Sentarse un rato en el pretil del puente ayuda a entender la escala del lugar: poco tráfico, pocas voces, mucho cielo abierto.
Senderos y paisaje de Tierras Altas
Alrededor de Yanguas hay senderos que atraviesan robledales y laderas cubiertas de pasto. No siempre hay cobertura móvil, algo bastante habitual en esta parte de Soria. Conviene salir con tiempo y no apurar la tarde si no se conoce el terreno.
En primavera y otoño es frecuente ver rapaces aprovechando las corrientes de aire. Planean sobre los campos abiertos mientras el viento barre la meseta. Con unos prismáticos se distinguen milanos o alguna aguililla buscando presas.
Las mañanas frías dejan a veces niebla en el valle. Desde los altos cercanos el pueblo aparece medio cubierto, con la torre de la iglesia sobresaliendo entre la bruma.
Comida y vida diaria
La cocina sigue ligada a lo que se ha comido siempre en estas sierras: cordero guisado, migas hechas con pan duro y setas cuando llega la temporada. En otoño también aparecen productos de la matanza y quesos de la zona.
Las fiestas de la Virgen de los Remedios suelen celebrarse a comienzos de septiembre. Durante esos días el pueblo cambia de ritmo y vuelven vecinos que viven fuera. El resto del año Yanguas se mueve despacio, con calles tranquilas y muy poca prisa.
Si se visita en verano, conviene llegar temprano por la mañana o ya por la tarde. A mediodía el sol cae directo sobre la piedra y apenas hay sombra en las calles abiertas. Aquí el día se entiende mejor siguiendo la luz.