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sobre Santas Martas
Nudo de comunicaciones y paso del Camino de Santiago; zona de transición entre la vega y el páramo
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En el corazón de las Tierras de León, donde la meseta castellana empieza a ondularse sin hacer mucho ruido, está Santas Martas, un municipio pequeño y muy repartido en varios pueblos. Con apenas 753 habitantes en total y a unos 836 metros de altitud, aquí lo que hay es campo, horizontes abiertos y mucho cielo. Más que “desconectar”, lo que pasa es que el ruido desaparece porque, sencillamente, no existe.
El término municipal de Santas Martas abarca varias localidades que siguen usando, porque no quedaba otra, la arquitectura tradicional leonesa: adobe, piedra, teja curva y portones grandes de madera donde se adivinan cuadras, eras y viejos corrales. El ritmo lo marcan las estaciones agrícolas y las campanas de las iglesias parroquiales, no el reloj del móvil.
Visitar Santas Martas es entrar en una Castilla rural muy de verdad, donde la vida gira en torno a las plazas, los bancos al sol y las conversaciones que se alargan. Aquí nadie ha montado un decorado rural: los pueblos siguen a lo suyo, con sus virtudes y sus achaques.
¿Qué ver en Santas Martas?
El patrimonio de Santas Martas se concentra sobre todo en sus iglesias parroquiales, pequeñas pero con su historia. Cada una de las localidades del municipio tiene la suya, algunas con restos y detalles románicos o góticos que se aprecian mejor si se mira con calma: portadas, canecillos, retablos algo gastados pero con carácter. No son grandes monumentos, pero sí hablan claro de la fe y el esfuerzo de la gente que vivió aquí. Si pillas alguna abierta, entra sin prisa: muchas veces lo interesante está en un rincón, no en el centro.
El paisaje es el otro protagonista. Alrededor, campos de cereal que cambian totalmente de un mes a otro: verde intenso en primavera, dorado antes de la siega en verano y una gama de ocres y marrones en otoño. Los chopos y álamos marcan los arroyos y regatos y ayudan a orientarse cuando llevas un rato caminando entre tierras de labor. Cuando sopla algo de aire, el ruido del viento en las hojas es casi lo único que se oye.
Los palomares tradicionales salpican el territorio y son de esas construcciones que, si no sabes lo que son, igual te pasan desapercibidas. De adobe, redondos o poligonales, medio derruidos en algunos casos, pero muy fotogénicos si te gustan este tipo de paisajes rurales. Muchos están cerrados y sin uso, así que mejor mirarlos con respeto y sin entrar a lo loco.
Las bodegas excavadas en las laderas cercanas recuerdan tiempos en los que el vino tenía más presencia en la zona que hoy. Muchas están cerradas o se usan de manera privada, así que conviene mirarlas más como parte del paisaje que como una visita turística estructurada. No esperes catas ni visitas guiadas montadas para el forastero.
Qué hacer
Santas Martas es territorio para caminar sin prisa y para la bici tranquila. Los caminos rurales que unen los distintos pueblos permiten hacer recorridos sencillos, casi siempre llanos, encadenando localidades. No son rutas de montaña, son paseos de los de antes: tierra, algún tractor, olor a cereal y silencio. En primavera, con el campo en su mejor momento, la diferencia se nota bastante. Conviene llevar el mapa cargado en el móvil o un track, porque los cruces de caminos se parecen mucho entre sí.
La observación de aves tiene bastante sentido aquí si te gusta el tema. Las tierras de cultivo atraen a rapaces como el cernícalo y el milano, además de aves esteparias que se dejan ver mejor a primera hora de la mañana o al atardecer. Hay que venir con prismáticos y paciencia; no es un zoo, pero hay movimiento. Y mejor ropa discreta y algo de abrigo incluso en días soleados: el aire en la meseta engaña.
La gastronomía local es directa y contundente, como en casi toda la provincia de León. Cecina, chorizo, morcilla, legumbres y guisos que llenan el plato. El cordero lechal al horno, cuando se prepara al modo tradicional, es para tomárselo con calma y sin mirar el reloj. No vengas contando calorías, porque no es el terreno.
En otoño, la micología tiene su público: no es un bosque pirenaico, pero sí hay gente que sale a buscar setas por los bosquetes y zonas más húmedas. Conviene ir sabiendo lo que se hace o acompañado de alguien que controle, porque aquí no hay carteles ni rutas micológicas marcadas. Y, por si acaso, mejor respetar las normas locales de recogida, que cambian según el municipio.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Santas Martas gira, como es lógico, alrededor del campo y la iglesia. Las fiestas patronales se celebran en verano, normalmente entre julio y agosto, cuando el tiempo acompaña y muchos hijos del pueblo vuelven unos días. Misas, procesiones, verbenas, juegos y competiciones sencillas pero muy vividas por la gente de aquí. Lo normal es que todo gire en torno a la plaza y a la carpa, con horarios que se alargan más de lo previsto.
La Semana Santa se vive de forma más íntima. Procesiones pequeñas, con recorrido corto, pero muy arraigadas en cada localidad. No son actos pensados para el turismo, así que conviene ser discreto si te coincide por allí.
Hacia mediados de septiembre, cuando la cosecha está rematada, se celebran romerías y fiestas de acción de gracias, que funcionan también como excusa para que el pueblo se junte y marque el final del verano agrícola. Más que grandes eventos, son reencuentros de gente que lleva viendo los mismos campos toda la vida.
Información práctica
Cómo llegar:
Santas Martas se encuentra a unos 25 km al sur de León capital. Se accede por la carretera LE-420 en dirección sur. En coche se tarda alrededor de 25–30 minutos, según tráfico y punto de salida. Hay transporte público desde León, pero con pocos horarios; toca mirar bien los horarios actualizados antes de confiarse [VERIFICAR].
Mejor época para visitar:
La primavera (abril–mayo) y el otoño (septiembre–octubre) son los momentos más agradecidos: temperaturas suaves, campo vivo y buena luz. En verano puede hacer calor serio a las horas centrales, pero las mañanas y atardeceres se llevan bien, siempre que tengas claro que hay poca sombra. El invierno es frío y el paisaje se vuelve más austero; es buena época si buscas soledad y cielos despejados, sin más.
Consejos prácticos:
- Lleva calzado cómodo; las calles pueden tener firme irregular y los caminos son de tierra.
- Si vas a caminar o pedalear, agua y gorra en primavera y verano: la sombra escasea.
- Las iglesias no suelen tener horarios turísticos fijos; a menudo hay que preguntar en el ayuntamiento o a algún vecino por la llave.
- No esperes servicios en cada pueblo (bares, tiendas, etc.): conviene venir algo organizado.
- Si te sales a los caminos, respeta cultivos, cancelas y pasos de ganado: aquí se trabaja la tierra a diario, no es un parque.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo corto por el núcleo principal que visites (iglesia, plaza, entorno inmediato).
- Salir por uno de los caminos agrícolas para “asomarte” al paisaje y entender dónde estás. Con 20–30 minutos de ida y otros tantos de vuelta ya te haces una idea.
- Fijarte en detalles de la arquitectura: tapiales de adobe, portones, palomares… es donde se ve de verdad el carácter del sitio.
Si tienes el día entero
- Encadenar varios pueblos del municipio caminando o en bici por caminos rurales.
- Parar a fotografiar palomares, bodegas y detalles de arquitectura tradicional.
- Reservar el atardecer para sentarte en las afueras del pueblo y ver cómo cambian los colores del campo.
- Si coincide con fecha festiva, acercarte a alguna misa, procesión o verbena: es donde se entiende cómo se organiza la vida social.
Lo que no te cuentan
Santas Martas es pequeño y muy disperso: no es un “pueblo-museo” ni un destino para llenar tres días. Se ve rápido si solo quieres “marcar” sitios, pero gana bastante si lo usas como base o parada en una ruta más amplia por las Tierras de León. Aquí el plan no va de coleccionar monumentos, va de ir despacio.
Las fotos de campos dorados o verdes son reales… pero dependen muchísimo del mes en que vengas. En pleno invierno o justo tras la cosecha el paisaje se vuelve mucho más sobrio. Mejor ajustar las expectativas y venir sabiendo que aquí lo que hay es vida rural normal, no un decorado preparado para el turista. Y eso implica también que, fuera de fiestas y fines de semana, te puedes encontrar las calles casi vacías y una tranquilidad que en ciudad ya no existe.