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sobre Villanueva de las Manzanas
Municipio cercano a León capital; destaca por su actividad agrícola y cercanía al río Esla
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En el corazón de las Tierras de León, donde la llanura cerealista se encuentra con el inicio de las primeras ondulaciones que anuncian la montaña, Villanueva de las Manzanas es uno de esos pueblos donde las cosas pasan despacio. Con algo menos de 500 habitantes y situada a unos 780 metros de altitud, esta pequeña localidad leonesa conserva bastante bien la esencia de la vida rural castellana, con sus casas de adobe y ladrillo que dibujan calles tranquilas donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo… y a menudo sin nadie a la vista a media tarde, salvo algún vecino que va y viene del huerto.
El topónimo del pueblo recuerda la presencia antigua de los frutales en esta zona, aunque hoy el paisaje lo mandan los campos de cereal que se extienden hasta el horizonte. Villanueva de las Manzanas forma parte de esa España interior que muchos viajeros están redescubriendo, buscando autenticidad, silencio y contacto con las tradiciones que han pervivido generación tras generación, aunque aquí el día a día es el de un pueblo agrícola actual, con tractores, naves y pocas florituras.
La localidad se encuentra entre León capital y la comarca del Páramo Leonés, así que funciona bien como base sencilla o como parada tranquila dentro de una ruta más amplia por esta parte de la provincia.
¿Qué ver en Villanueva de las Manzanas?
El principal exponente del patrimonio de Villanueva de las Manzanas es su iglesia parroquial, que preside el núcleo urbano como testigo silencioso de siglos de historia. Este templo, dedicado a la advocación mariana, presenta elementos arquitectónicos que invitan a una visita pausada, especialmente su torre campanario, que se divisa desde los campos circundantes y sirve casi de faro en medio de la llanura. No esperes una catedral en miniatura: es la iglesia de un pueblo agrícola, sencilla pero con su carácter.
Pasear por el casco urbano permite fijarse en la arquitectura tradicional leonesa, con casas que conservan elementos constructivos propios de la comarca: fachadas de adobe revocado, portones de madera maciza y corredores que en su día servían para secar las cosechas. Muchas construcciones se han modernizado, otras están a medio camino, pero aún es posible encontrar rincones que recuerdan a la vida de hace unas cuantas décadas, sobre todo si te sales de la calle principal y te metes por las traseras.
En los alrededores del pueblo, el paisaje de la llanura cerealista tiene su punto, sobre todo si te gustan los espacios abiertos: primavera, cuando los campos verdean, y verano durante la siega, cambian por completo el color del horizonte. Los caminos rurales que parten del municipio permiten caminatas tranquilas entre cultivos, buenas para quien disfruta con la fotografía rural o el avistamiento de aves esteparias… siempre que tengas claro que aquí el protagonismo lo tienen el campo y el cielo, no los monumentos ni las rutas “de postal”.
Qué hacer
Villanueva de las Manzanas encaja bien con quienes buscan turismo de descanso y desconexión sin demasiadas actividades organizadas. Las rutas a pie o en bicicleta por los caminos agrícolas permiten disfrutar de la amplitud del paisaje leonés, con cielos inmensos y horizontes despejados que ganan muchos puntos al atardecer. Es ese tipo de sitio donde te sientas en un banco, miras alrededor y, si te gusta el silencio, ya tienes plan.
La gastronomía local refleja la tradición culinaria de las Tierras de León, con platos contundentes propios del clima continental. Las legumbres de la zona, especialmente las lentejas del Páramo, son protagonistas en muchos guisos caseros. También tienen peso los productos del cerdo, elaborados siguiendo métodos tradicionales, y los quesos de oveja de las comarcas cercanas, que suelen aparecer en mesas familiares y bares de alrededores. Conviene tener claro que aquí se come a la manera de pueblo: raciones generosas y cocina sin florituras.
Para los aficionados al cicloturismo, la zona permite encadenar rutas de dificultad baja a media que conectan distintos pueblos de la comarca, descubriendo el territorio a un ritmo pausado. Los caminos son principalmente llanos; el reto aquí no son las cuestas, sino el viento si sopla con ganas. Un día de aire fuerte en la llanura se puede hacer largo, aunque el perfil sea casi plano.
Desde Villanueva de las Manzanas se pueden organizar excursiones a otros pueblos de la comarca para conocer su patrimonio, o acercarse a León capital, situada a unos 25 kilómetros, para visitar su catedral, la Casa Botines de Gaudí o el barrio Húmedo y volver a dormir tranquilo al pueblo.
Fiestas y tradiciones
Como en tantos pueblos de la España rural, las fiestas patronales concentran lo mejor del calendario festivo, celebrándose durante el verano. Estas celebraciones reúnen a vecinos, emigrantes que regresan al pueblo y visitantes en torno a la música tradicional, verbenas y actos religiosos que mantienen viva la identidad local y llenan de vida unas calles que el resto del año son mucho más silenciosas.
A lo largo del año, el calendario festivo de la localidad se completa con otras celebraciones del ciclo anual, donde las tradiciones religiosas y populares se entremezclan. No hay grandes eventos masivos, pero sí ese tipo de citas que estructuran la vida del pueblo y que se entienden mejor si se pasa unos días seguidos allí y se ve cómo el ritmo cambia cuando se acerca una fiesta.
Lo que no te cuentan
Villanueva de las Manzanas es pequeño y se ve rápido. Si vas solo “a hacer turismo” al pueblo, en un paseo de una hora habrás recorrido lo principal. Tiene más sentido como parada dentro de una ruta por las Tierras de León o como lugar donde dormir tranquilo y moverte por la comarca.
Las fotos de campos verdes o dorados que puedas ver en redes están tomadas en los momentos buenos del año: el resto del tiempo manda el marrón de la tierra, los rastrojos y el cielo grande. Si buscas un pueblo de postal de montaña, este no es el sitio; si te atraen la llanura y el silencio, encaja mucho mejor.
¿Cuándo visitar Villanueva de las Manzanas?
La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son buenos momentos, con temperaturas más suaves y paisajes con colores más agradecidos para caminar y pedalear. El verano tiene el atractivo de las fiestas locales y las tardes largas, aunque las temperaturas pueden ser altas y el sol pega fuerte en campo abierto, sin sombras. El invierno, con su clima continental, es frío y a veces desapacible, pero es cuando mejor se entiende la dureza y la calma de estas tierras: poca gente en la calle y mucho humo saliendo de las chimeneas.
Si hace mal tiempo o llueve, las opciones al aire libre se reducen mucho: conviene combinar la visita con paradas en León capital o en otros pueblos cercanos para no limitarte a mirar por la ventana.
Errores típicos
- Sobreestimar lo que hay que ver: Villanueva de las Manzanas no es una villa monumental. Planear aquí un fin de semana entero “de visitas” se queda corto de contenido; funciona mejor combinado con León, Mansilla de las Mulas y otros pueblos de la zona.
- Ignorar el clima: en verano el sol en la llanura quema más de lo que parece y en invierno el frío cala. Ropa adecuada, gorra en verano y algo de abrigo incluso en primavera no sobran, y el protector solar tampoco.
- Confiarse con los servicios: no esperes una gran oferta de alojamientos o comercios. Conviene revisar antes dónde vas a dormir y dónde piensas comer, aunque sea en pueblos cercanos o en la capital, para no acabar improvisando mal y a deshora.
Información práctica
Cómo llegar: Desde León capital, Villanueva de las Manzanas se encuentra a unos 25 kilómetros por la car… (carretera local que enlaza con las principales vías de acceso a la ciudad). Conviene revisar el mapa antes de salir, porque aunque el acceso es sencillo, no deja de ser una red de carreteras secundarias típicas de la meseta.