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sobre Villasabariego
Alberga la ciudad astur-romana de Lancia; municipio histórico entre los ríos Porma y Esla
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A unos quince kilómetros de León y en la vega del río Porma, Villasabariego aparece cuando sales de la ciudad y, casi sin darte cuenta, el paisaje cambia. Es como cuando dejas atrás el tráfico y de repente empiezas a ver tractores en vez de rotondas: sabes que has entrado en otro ritmo. El municipio ronda el millar de habitantes y está a unos 850 metros de altitud, pero lo que realmente define el sitio es la sensación de pueblo que sigue funcionando como siempre: huertas activas, maquinaria agrícola pasando despacio y gente hablando en la plaza como si no hubiera prisa.
Villasabariego huele a tierra trabajada desde hace generaciones. La cercanía del río Porma se nota en el paisaje y también en cómo se organizan los campos alrededor del pueblo. Entre las calles todavía aparecen casas de adobe y ladrillo, tejados ya curtidos por el tiempo y alguna nave agrícola que sigue cumpliendo su papel. No es un sitio montado para la foto rápida. Más bien da la impresión de estar caminando por un lugar donde cada fachada tiene historia familiar detrás.
Además tiene algo práctico: estás lo bastante cerca de León como para plantarte allí en un rato, pero aquí el ambiente es otro. Ese equilibrio que viene bien cuando quieres pasar unas horas tranquilas sin irte a la montaña ni meterte en una ciudad.
La iglesia y el paisaje de la vega
La iglesia parroquial dedicada a San Pedro suele ser el punto que organiza el centro del pueblo. Construcción sobria, de piedra, sin grandes adornos. En pueblos así, la iglesia no es solo un edificio: durante décadas ha sido el lugar donde se cruzaban las noticias del día, donde se quedaba después de misa o donde se hablaban los asuntos del pueblo.
Alrededor manda el paisaje de la vega del Porma. Según la época del año cambia bastante: verde fuerte en primavera, campos dorados en verano y tonos más apagados cuando llega el frío. Si caminas por los caminos agrícolas entiendes rápido de qué vive esta zona: cereal, patatas y legumbres aparecen en muchas parcelas. Y si el día está claro, hacia el norte a veces se dibuja la línea de la cordillera Cantábrica al fondo.
En las casas también se nota esa relación con el campo. Todavía se ven portones grandes para carros, patios con herramientas agrícolas o bodegas excavadas bajo tierra. No todo es antiguo —hay viviendas nuevas mezcladas entre ellas— pero el conjunto sigue contando bastante bien cómo ha sido la vida aquí durante décadas.
Pasear sin plan por los caminos de alrededor
Si te gusta caminar sin complicarte demasiado, los caminos que salen del pueblo son lo más agradecido. No hablamos de rutas de montaña ni nada por el estilo, sino de pistas agrícolas que serpentean entre campos y conectan con otros pueblos de la vega.
Es el tipo de paseo en el que vas viendo cómo cambia el olor del aire según la temporada. En verano huele a cereal seco y tierra caliente; en otoño, a campo recién trabajado. No es un paisaje espectacular en el sentido de postal, pero tiene algo muy de León: horizonte abierto, silencio y ese viento que aparece de repente cuando menos lo esperas.
También es un sitio donde parar a hacer fotos con calma. Al amanecer o al atardecer la luz entra muy baja sobre los campos y cambia completamente el paisaje. En días fríos de otoño a veces se levantan nieblas cerca del río que dejan una escena bastante curiosa.
Si paras solo un rato
Si vas con poco tiempo, con una vuelta tranquila por el núcleo principal te haces una idea rápida del pueblo. Casas tradicionales con corrales, alguna bodega bajo tierra y la iglesia como referencia central.
Después puedes salir un poco por alguno de los caminos cercanos para ver la vega del Porma sin alejarte demasiado. En una hora o dos ya habrás entendido bastante bien cómo funciona el lugar.
Villasabariego no es de esos sitios que se venden como destino en grande. Y quizá ahí esté la gracia. Es más bien un pedazo de la vega leonesa tal cual es: campos, casas de siempre y un pueblo que sigue viviendo a su ritmo, con León a un cuarto de hora y el río marcando el paisaje. Si te gusta ver cómo es el territorio de verdad, se agradece.