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sobre Collado Hermoso
En plena sierra de Guadarrama; destaca por las ruinas del monasterio cisterciense y su naturaleza
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Enclavado a unos 1.200 metros de altitud en plena sierra de Guadarrama, Collado Hermoso es uno de esos pueblos pequeños de la provincia de Segovia que se siguen viviendo más que visitando. Este núcleo de poco más de un centenar de habitantes se asienta en la ladera del valle del río Cambrones, rodeado de pinares y pastos de montaña, con las cumbres al fondo recordando que aquí manda el clima y el relieve.
La arquitectura tradicional serrana marca el carácter de sus calles, algunas de ellas aún irregulares y con firme de tierra o piedra. Casas de piedra y madera que se adaptan como pueden a la pendiente, corrales, pajares y algún potro de herrar que resiste porque a alguien le dio por no tirarlo. El silencio solo se rompe con el agua de las fuentes y el ganado que todavía utiliza los prados cercanos. Más que “desconexión”, lo que hay es vida cotidiana a otro ritmo.
Para quien busque naturaleza cercana, caminos de verdad (no paseos urbanos camuflados) y tranquilidad fuera de las rutas masivas, Collado Hermoso funciona bien como base para explorar la vertiente segoviana del Parque Nacional Sierra de Guadarrama, con la ventaja de que sigue siendo un pueblo pequeño, sin grandes infraestructuras turísticas ni artificios.
¿Qué ver en Collado Hermoso?
El centro del pueblo gira en torno a la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, un templo de origen medieval con reformas posteriores, donde todavía se aprecian elementos románicos en la estructura. La torre-campanario se ve desde distintos puntos del valle y marca un poco el perfil del casco. El interior es sencillo, más acorde con un pueblo de montaña que con una gran parroquia monumental.
Pasear por el casco urbano tiene su interés si te gusta fijarte en detalles: la arquitectura popular serrana está en las fachadas de piedra caliza y granito, las balconadas y corredores de madera, los dinteles reutilizados y los patios interiores. Las fuentes de piedra repartidas por el pueblo, algunas muy antiguas, recuerdan que hasta hace cuatro días abastecían a vecinos y ganado.
El auténtico atractivo de Collado Hermoso está, sobre todo, en su entorno natural. El término municipal se sitúa en una zona de transición entre el pinar silvestre de montaña y los pastos de altura, con arroyos y praderas que en primavera se llenan de flores. En días claros se llega a ver Peñalara y otras cumbres de la sierra desde las afueras del pueblo, sin necesidad de grandes caminatas.
Qué hacer
Si te gusta caminar, aquí no te vas a aburrir, siempre que tengas claro que son rutas de montaña, no paseos urbanos. La red de caminos tradicionales que arranca del propio pueblo permite trazar recorridos de distinta longitud: paseos suaves por el valle del Cambrones, pistas forestales para acumular kilómetros sin demasiado desnivel, y senderos que se van empinando según te acercas a la sierra.
Una de las excursiones más completas lleva hacia el puerto de la Quesera, antiguo paso entre las vertientes madrileña y segoviana. Las vistas compensan el esfuerzo, pero hay que tener en cuenta el desnivel y la meteorología: en invierno y buena parte de la primavera puede haber nieve o hielo en las zonas altas [VERIFICAR].
La observación de fauna y flora es otro de los puntos fuertes, aunque aquí no hay garantías fotográficas: hay jabalíes, corzos, zorros y aves rapaces, pero se dejan ver cuando quieren. En primavera los prados se llenan de orquídeas silvestres y, según la zona, de tomillos y otras aromáticas, que se notan al caminar.
Por la noche, la escasa iluminación hace de Collado Hermoso un buen sitio para ver las estrellas, especialmente en verano. No hay observatorio ni nada parecido: es cuestión de alejarse un poco de las casas, acostumbrar la vista y mirar al cielo.
En cuanto a gastronomía serrana, lo que manda en la zona son los judiones de La Granja, las calderetas de cordero lechal, las migas de pastor y la carne a la brasa. En temporada de setas, los níscalos y boletus de los pinares cercanos suelen aparecer en las cartas y en las mesas de las casas. Conviene preguntar siempre por la procedencia y la época [VERIFICAR], porque no todos los años son igual de generosos.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas aquí tienen más de reencuentro que de espectáculo. La festividad de San Pedro, a finales de junio, es la patronal, con misa, procesión y actos pensados más para el vecindario que para el visitante que pasa un día.
En agosto, con la vuelta de mucha gente que vive fuera, se celebran las fiestas de verano, cuando el pueblo se anima, hay bailes, juegos y verbenas, y se multiplica la vida en la plaza y en las calles. Si buscas ambiente, es el momento; si buscas silencio absoluto, quizá no tanto.
La Navidad suele vivirse en clave muy local, con celebraciones religiosas y reuniones familiares. Algunos inviernos la nieve cubre el pueblo varios días, otros apenas aparece: depende del año y de cómo venga la sierra.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Segovia capital, a unos 35 kilómetros, se toma la carretera CL-601 en dirección al puerto de Navacerrada. Tras pasar Palazuelos de Eresma, hay que desviarse por la SG-V-6144, una carretera local que asciende hasta Collado Hermoso. El trayecto, sin atascos, ronda los 45 minutos. En invierno, atención a la nieve y al hielo: conviene revisar el estado de las carreteras y no apurar con el horario de luz.
Consejos básicos:
- Lleva calzado de montaña o, como mínimo, zapatillas con buena suela: los caminos y algunas calles del pueblo no son lisos.
- Incluso en agosto refresca de noche, así que mete algo de abrigo.
- Si vas a hacer rutas largas, lleva agua y comida: no hay comercios en el pueblo, y no siempre es fácil improvisar.
- Respeta las fincas, cierres y pasos de ganado; muchos senderos pasan cerca de propiedades privadas o pastos.
Errores típicos al visitar Collado Hermoso
- Pensar que es un “pueblo monumental”: Collado Hermoso es pequeño y se ve rápido. El interés está más en el entorno y las rutas que en un casco antiguo lleno de monumentos.
- Subestimar las cuestas y el tiempo: los recorridos que “sobre el mapa” parecen cortos se alargan con el desnivel y las paradas. Calcula con margen y evita empezar rutas largas a última hora de la tarde, sobre todo en invierno.
- Contar con servicios que no existen: no hay gasolinera ni tiendas; algunos días laborables el ambiente es muy tranquilo y no encontrarás mucha oferta abierta. Mejor llegar con el depósito medio lleno y la compra hecha.
Cuándo visitar Collado Hermoso
La primavera (especialmente mayo y junio) es probablemente el momento más agradecido: prados verdes, agua en los arroyos y temperaturas suaves para caminar.
El verano es una buena escapada del calor de la meseta: los días son largos y las noches frescas, aunque en las horas centrales puede apretar el sol en las zonas más abiertas.
En otoño, los colores de los pinares mezclados con otras especies y la luz baja de la tarde hacen que los paseos por las pistas y senderos tengan otra atmósfera, más tranquila y con menos gente que en vacaciones escolares.
El invierno es para quien acepta el frío, el hielo y los días cortos: si toca año de nevadas, el pueblo gana en fotogenia, pero conviene venir con margen de tiempo y sin planes demasiado rígidos por si toca quedarse “a refugio” más de lo previsto.
Lo que no te cuentan de Collado Hermoso
Collado Hermoso es pequeño y se recorre andando en muy poco tiempo. Si solo vienes a “ver el pueblo” te quedarás corto; tiene más sentido como base tranquila para patear la sierra cercana o como parada dentro de una ruta por la zona.
Las fotos de días claros con la sierra de fondo pueden engañar un poco: no todos los días se ve así de nítido, y en invierno el viento y las nubes pueden hacer que el paisaje cambie de humor en cuestión de horas. Aquí manda la montaña, no Instagram.