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sobre Encinillas
Pueblo cercano a la capital en expansión; conserva su iglesia y ambiente rural
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Encinillas se encuentra en la comarca de Tierras de Segovia, en plena meseta castellana, a pocos kilómetros de la capital provincial. El paisaje aquí es el que cabe esperar en esta parte de Castilla: campos de cereal amplios, parcelas abiertas y manchas de encina que rompen la uniformidad de la llanura. El municipio ronda los trescientos y pico habitantes y conserva un ritmo muy ligado al calendario agrícola, algo que todavía se percibe con claridad en el día a día del pueblo.
Un núcleo pequeño y una iglesia con raíces antiguas
El casco urbano es sencillo y compacto. Calles cortas, algunas bastante estrechas, enlazan casas levantadas con piedra y adobe, materiales habituales en esta zona de Segovia. Muchas viviendas mantienen elementos funcionales propios de la arquitectura rural: muros gruesos que ayudan a soportar los inviernos fríos de la meseta, chimeneas altas y corrales interiores.
En la plaza se levanta la iglesia de San Juan Bautista. El edificio actual ha pasado por reformas a lo largo del tiempo, pero conserva rasgos que apuntan a un origen románico o, al menos, a una construcción muy temprana dentro del románico rural segoviano. No es un templo grande, pero su torre marca el perfil del pueblo y sigue siendo el punto de referencia del casco urbano.
El paisaje de la campiña segoviana
Alrededor de Encinillas se extiende un paisaje agrícola muy característico de la provincia: cereal, barbechos y pequeñas dehesas con encina. En los bordes de los caminos aparecen quejigos, jaras y tomillos, vegetación resistente a los veranos secos y a los inviernos duros de la meseta.
Las aves se dejan ver con facilidad en este tipo de terreno abierto. Sobre los rastrojos suelen aparecer milanos o cernícalos buscando presas, y las cigüeñas ocupan con frecuencia los tejados y las torres de las iglesias durante la primavera. No es un espacio protegido ni un parque natural, pero el entorno mantiene todavía bastante actividad agrícola y ganadera, lo que favorece este tipo de fauna.
Pasear por el pueblo
Encinillas se recorre rápido. En menos de una hora se puede caminar por prácticamente todo el núcleo. Aun así, merece la pena fijarse en algunos detalles que cuentan cómo se ha vivido aquí durante décadas: portones grandes pensados para carros o tractores, montones de leña preparados para el invierno, remolques aparcados junto a las casas o antiguos establos que ya no se usan pero siguen en pie.
Son pequeños indicios de una economía que durante mucho tiempo giró alrededor del campo y de la ganadería.
Caminos y vías pecuarias
Desde el propio pueblo salen caminos agrícolas que conectan con localidades cercanas y con antiguas vías pecuarias de la zona. Cerca pasa el Cordel de Segovia, uno de esos corredores ganaderos que durante siglos sirvieron para mover rebaños entre comarcas.
Hoy estos trazados funcionan sobre todo como rutas tranquilas para caminar o recorrer en bicicleta entre campos de cultivo. En primavera y otoño, cuando hay más movimiento de aves, resultan especialmente interesantes para quien disfruta observando el paisaje sin prisa.
Algunas notas prácticas
Encinillas es un pueblo pequeño y los servicios son limitados, algo habitual en esta parte de la provincia. Muchos visitantes llegan desde Segovia capital, que está a poca distancia y concentra la mayor parte de la oferta cultural y gastronómica de la zona.
Si te interesa la arquitectura popular de la campiña segoviana, merece la pena caminar despacio por las calles y mirar con atención las construcciones más antiguas. En ellas se ve bien cómo se ha adaptado la vivienda tradicional al clima duro de la meseta.